Viernes 18 de mayo de 2001


Orientaciones familiares
Educación sexual en la infancia II
Por Pastor Mario Vega
E-mail: rrsantaana@ejje.com

La semana anterior recalcamos el valor que la educación sexual tiene en la infancia como un medio eficaz para prevenir el abuso de menores. Muchos de los abusos sexuales se producen en niños y niñas en edades cortas cuya ingonorancia en materias sexuales es explotada por el abusador.

Con una orientación sexual los niños pueden tener las herramientas que les permitan denunciar cualquier intento de abuso a la vez que les proporcionan las pautas a seguir ante este tipo de situaciones.

También señalamos que mas que de la escuela es responsabilidad de los padres el ofrecer a sus hijos tal educación. Pero ¿Qué puede hacer un padre de familia para educar a su hijo sexualmente?

En primer lugar, los padres deben informar a sus hijos. Parte de esa información pasa por el hecho que los niños conozcan los nombres propios de los órganos sexuales. En lugar de utilizar nombres extraños, maliciosos o confusos es mejor llamar las cosas por su nombre para que los niños sepan expresarse adecuadamente con sus padres y entender de qué se está hablando. De la misma manera que a un infante se le enseña el nombre de la nariz, los ojos, la boca; también se le debe enseñar el nombre del pene, los testículos, la vulva, la vagina. Al expresar de manera natural y clara el nombre de estos órganos el niño podrá referirse a ellos de manera suelta y precisa.

En segundo lugar, se le debe enseñar a los niños que sus cuerpos les pertenecen y que nadie debe tocarlos o molestarlos. Se les puede ilustrar esta verdad enseñándoles que sus cuerpos son las casas donde ellos viven. Se les debe explicar que esta casa es sólo de ellos. Que se debe cuidar y mantener limpia. Que nadie debe tocar sus casas y mucho menos tratar de entrar a ellas.

Por nombre propio se les debe mencionar las partes de su cuerpo que no deben ser tocadas bajo ninguna razón por nadie. Ni siquiera por familiares o amigos.

Finalmente, se les debe infundir la confianza que ellos serán escuchados y creídos cuando alguien haya tratado de tocarles o de entrar en sus cuerpos. De esa manera ellos sabrán que si cuentan una experiencia de este tipo serán atendidos y protegidos.

En lugar de pensar que serán castigados o que se preferirá creerle a la otra persona antes que a ellos.

Esto último no solamente debe decirse de labios, debe hacerse una realidad. En caso que un niño mencione que alguien ha tratado de abusarlo debe ser tomado en serio.

No importa que el acusado sea un pariente o un amigo. Es necesario creer al niño. Ellos deben ser protegidos. Los padres tienen una enorme cuota de responsabilidad en ello.


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