- Orientaciones
familiares
- Educación
sexual en la infancia II
- Por
Pastor Mario Vega
- E-mail: rrsantaana@ejje.com
La
semana anterior recalcamos el valor que la
educación sexual tiene en la infancia
como un medio eficaz para prevenir el abuso de
menores. Muchos de los abusos sexuales se
producen en niños y niñas en
edades cortas cuya ingonorancia en materias
sexuales es explotada por el abusador.
Con una orientación sexual los
niños pueden tener las herramientas que
les permitan denunciar cualquier intento de
abuso a la vez que les proporcionan las pautas a
seguir ante este tipo de situaciones.
También señalamos que mas que
de la escuela es responsabilidad de los padres
el ofrecer a sus hijos tal educación.
Pero ¿Qué puede hacer un padre de
familia para educar a su hijo sexualmente?
En primer lugar, los padres deben informar a
sus hijos. Parte de esa información pasa
por el hecho que los niños conozcan los
nombres propios de los órganos sexuales.
En lugar de utilizar nombres extraños,
maliciosos o confusos es mejor llamar las cosas
por su nombre para que los niños sepan
expresarse adecuadamente con sus padres y
entender de qué se está hablando.
De la misma manera que a un infante se le
enseña el nombre de la nariz, los ojos,
la boca; también se le debe
enseñar el nombre del pene, los
testículos, la vulva, la vagina. Al
expresar de manera natural y clara el nombre de
estos órganos el niño podrá
referirse a ellos de manera suelta y
precisa.
En segundo lugar, se le debe enseñar a
los niños que sus cuerpos les pertenecen
y que nadie debe tocarlos o molestarlos. Se les
puede ilustrar esta verdad
enseñándoles que sus cuerpos son
las casas donde ellos viven. Se les debe
explicar que esta casa es sólo de ellos.
Que se debe cuidar y mantener limpia. Que nadie
debe tocar sus casas y mucho menos tratar de
entrar a ellas.
Por nombre propio se les debe mencionar las
partes de su cuerpo que no deben ser tocadas
bajo ninguna razón por nadie. Ni siquiera
por familiares o amigos.
Finalmente, se les debe infundir la confianza
que ellos serán escuchados y
creídos cuando alguien haya tratado de
tocarles o de entrar en sus cuerpos. De esa
manera ellos sabrán que si cuentan una
experiencia de este tipo serán atendidos
y protegidos.
En lugar de pensar que serán
castigados o que se preferirá creerle a
la otra persona antes que a ellos.
Esto último no solamente debe decirse
de labios, debe hacerse una realidad. En caso
que un niño mencione que alguien ha
tratado de abusarlo debe ser tomado en
serio.
No importa que el acusado sea un pariente o
un amigo. Es necesario creer al niño.
Ellos deben ser protegidos. Los padres tienen
una enorme cuota de responsabilidad en ello.