Evangelio para
domingo
San Juan 13, 31-35
Un mandamiento nuevo
Cuando Judas salió, Jesús dijo:
"Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios
es glorificado en Él. Por lo tanto, Dios
lo va a introducir en su propia gloria y lo
glorificará muy pronto. Hijos
míos, Yo estaré con ustedes por
muy poco tiempo. Me buscarán y como ya
dije a los judíos, ahora se lo digo a
ustedes: donde Yo voy, ustedes no pueden
venir.
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen
unos a otros. Ustedes deben amarse unos a otros
como Yo los he amado. En esto reconocerán
todos que son mis discípulos: en que se
aman unos a otros".
Jesús, Maestro del amor
"Ahora ha sido glorificado..."
El Evangelio de Juan sitúa este pasaje
en la última tarde de Jesús con
los suyos. Al despedirse les deja un resumen de
su enseñanza. Ya no estará a la
mano para ser consultado ante los
desafíos que se les presenten...
¡Pero seguirá con ellos si viven de
acuerdo con el "mandamiento nuevo" que les
confía!
"Les doy un mandamiento nuevo..."
Nuevo, no porque sea la primera vez que lo
expresa, sino porque el amor es creación
permanente, innovación de todos los
días, búsqueda continua de maneras
para salir de uno mismo y hacer del otro el
centro de sus vidas...
El precepto del amor fraterno es el
testamento de Jesús a sus
discípulos, será siempre su
distintivo en adelante; porque, además de
ser su "contraseña", será
también su mejor vínculo de
unidad.
"Como Yo los he amado"
Lo único indispensable para seguir
adelante es vivir el espíritu de
Jesús traducido en obras como las
vivió Él: un amor que no es simple
palabra vacía ni fantasía irreal
(virtual), tampoco un proteccionismo
despersonalizante, ni posesión
egoísta...
La precisión de Jesús "como Yo
los he amado" mantiene a los suyos en la
realidad, al margen de toda falsa
interpretación.
"Y nosotros..."
"En esto conocerán que son
discípulos míos: si se aman los
unos a los otros". ¡Se reconocerá a
Jesús si amamos como Él!
-Sin que nadie quede excluido de nuestro
amor, por medio de la solidaridad encausada
hacia los insignificantes y oprimidos, teniendo
presente ante todo el Reino de Dios, denunciando
con claridad a los responsables de las
injusticias y maltratos hacia los pobres.
-Sin doble lenguaje.
-Sin temor a que los poderosos se
disgusten.
-Sin buscar honores ni comodidades.
-Sin silencios cómplices...
Es importante recordar todo esto para hacer
del amor concreto de Jesús el fundamento
de nuestro hablar y de nuestro compromiso ante
los desafíos que la dura realidad de
nuestro país nos está lanzando hoy
a todos los que nos profesamos sus
discípulos...
P. Sixto Alfonso Flores, Sdb