Domingo 13 de mayo de 2001




























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Evangelio para domingo

San Juan 13, 31-35

Un mandamiento nuevo

Cuando Judas salió, Jesús dijo: "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia gloria y lo glorificará muy pronto. Hijos míos, Yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde Yo voy, ustedes no pueden venir.

Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros. Ustedes deben amarse unos a otros como Yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros".

Jesús, Maestro del amor

"Ahora ha sido glorificado..."

El Evangelio de Juan sitúa este pasaje en la última tarde de Jesús con los suyos. Al despedirse les deja un resumen de su enseñanza. Ya no estará a la mano para ser consultado ante los desafíos que se les presenten... ¡Pero seguirá con ellos si viven de acuerdo con el "mandamiento nuevo" que les confía!

"Les doy un mandamiento nuevo..."

Nuevo, no porque sea la primera vez que lo expresa, sino porque el amor es creación permanente, innovación de todos los días, búsqueda continua de maneras para salir de uno mismo y hacer del otro el centro de sus vidas...

El precepto del amor fraterno es el testamento de Jesús a sus discípulos, será siempre su distintivo en adelante; porque, además de ser su "contraseña", será también su mejor vínculo de unidad.

"Como Yo los he amado"

Lo único indispensable para seguir adelante es vivir el espíritu de Jesús traducido en obras como las vivió Él: un amor que no es simple palabra vacía ni fantasía irreal (virtual), tampoco un proteccionismo despersonalizante, ni posesión egoísta...

La precisión de Jesús "como Yo los he amado" mantiene a los suyos en la realidad, al margen de toda falsa interpretación.

"Y nosotros..."

"En esto conocerán que son discípulos míos: si se aman los unos a los otros". ¡Se reconocerá a Jesús si amamos como Él!

-Sin que nadie quede excluido de nuestro amor, por medio de la solidaridad encausada hacia los insignificantes y oprimidos, teniendo presente ante todo el Reino de Dios, denunciando con claridad a los responsables de las injusticias y maltratos hacia los pobres.

-Sin doble lenguaje.

-Sin temor a que los poderosos se disgusten.

-Sin buscar honores ni comodidades.

-Sin silencios cómplices...

Es importante recordar todo esto para hacer del amor concreto de Jesús el fundamento de nuestro hablar y de nuestro compromiso ante los desafíos que la dura realidad de nuestro país nos está lanzando hoy a todos los que nos profesamos sus discípulos...

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb





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