Domingo 13 de mayo de 2001


Ministerio Espiga
Demos amor a nuestros hijos
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

""Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla". (Os 11, 4).

Los niños pueden vivir sin pan, pero no sin amor. Lo más importante que podemos hacer por nuestros hijos, es manifestarles amor. Debemos dejarles muy claro: Que son valiosos, que son bienvenidos y que no estorban.

Vivimos ante una generación "suicida". Cada día aumenta el número de niños y adolescentes que se quitan la vida. Unos están hundidos en la depresión y anorexia (rechazo al alimento por falta de deseos de vivir); otros han escogido el camino del alcohol, cigarrillo y drogas, para mitigar la soledad, evadir su responsabilidad e ir muriendo poco a poco.

Los "instintos suicidas" de la joven generación se ponen de manifiesto en el tipo de "juegos" y variadas formas para disponer de la vida propia.

Desafortunadamente muchos adolescentes y jóvenes no se quedan en simples "juegos peligrosos". Su pasión por el peligro los lleva a cometer actos delictivos tales como robos, violaciones, asesinatos,... etc. no sólo con el objetivo de obtener dinero, sino por el placer que para ellos entraña el hacer cosas peligrosas.

En busca de mayores emociones, se unen en grupos, maras o pandillas para realizar orgías, (búsqueda del placer desenfrenado); secuestros, enfrentamientos, etc., que por hacerlas en grupo les permiten enfrenta situaciones cada vez más arriesgadas.

¿Cuál es la causa de todo esto?

Por supuesto que el pecado, pero el pecado más grande es el abandono en que está creciendo nuestros hijos.

Los jóvenes han perdido "el sentido de pertenencia". Se perdió el "orgullo del apellido". Por desgracia muchos, más bien se avergüenzan de sus padres. Por eso se unen a pandillas en donde al menos alguien los espera y los toma en cuenta.

¿Qué podemos hacer?

En muchos casos, perdirles perdón por no haber dedicado el tiempo que debíamos estar con ellos. Y no se trata sólo de dedicar tiempo, sino de pensar ¿qué hacemos en el tiempo que estamos con ellos?

Por experiencia personal me doy cuenta del poco tiempo del que los padres disponemos para estar con nuestros hijos; tratamos de aprovecharlo para revisar tareas, supervisar si están cumpliendo con sus responsabilidades, exhortarlos al aprovechamiento del tiempo, etc.

Y se nos pasa el día sin abrazarlos. Se van a dormir sin haberles dicho: "Estoy orgulloso de ti". Sin darles una caricia o beso o un "te quiero".

El mejor ejemplo de Padre que debemos seguir es el de Nuestro Señor, que por malos que seamos, El siempre nos ama y nos lo demuestra.


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