Domingo 13 de mayo de 2001


No es un derecho
Ser madre es un privilegio
Teresa Guevara de López*

En su artículo publicado el Día de la Madre, Evangelina de Sol invita a reflexionar cuán heroica es la mujer salvadoreña cuando es madre, que se crece a sí misma ante la adversidad, y qué poco apoyo encuentra para formar una familia, en quienes naturalmente debieran ser sus pilares: su marido y las leyes. Irónicamente, ellos se convierten en sus mayores enemigos al dejarla totalmente desprotegida y favorecer circunstancias que la hagan más vulnerable.

Dentro de las corrientes feministas radicales se habla del derecho a la maternidad como una consecuencia del uso indiscriminado de la sexualidad, sin hablar de deberes, ni considerar que la maternidad es un privilegio, un signo de confianza de Dios, que ha querido que "procreara" al participar con El en la obra de la creación. Pero junto a un hombre responsable que forme con ella un hogar estable, una familia que sea el ámbito adecuado para recibir, educar y mantener a los hijos, hasta que sean capaces de abandonarlo, porque ya saben volar con alas propias y enfrentar solos, las adversidades que la vida les depare.

Es lamentable que en la cultura machista imperante se tenga una idea errónea del hombre, al poner al macho como modelo, que se jacta de su capacidad reproductiva, como la única manera para sentirse hombre, para demostrar su superioridad y así destacar. Cuando la realidad es que macho es aquel al que le faltó educación y formación para llegar a convertirse en hombre consciente y responsable. No ha entendido, porque no se lo han enseñado, que para hacer uso de su cuerpo tiene primero que poseerlo, que dominarlo por medio del señorío de sí mismo, el cual se logra a través de las virtudes como fortaleza, perseverancia, justicia y prudencia. Así podrá libremente elegir, amar, entregarse y engendrar una criatura a quien él va a conocer, a reconocer, a mantener y a cuidar. Sólo entonces merecerá el título de padre. Y es más triste aún que la mujer sea criada con muy poco sentido de su propio valer, cuando por ignorancia, las madres no exigen a sus hijas estudiar y formarse para así ganarse la vida de una manera digna.

Se considera normal que las niñas, a los 12 y 13 años, cuando debían estar dedicadas al juego y al estudio, tengan compañeros de vida, admitidos en su misma casa, y se conviertan en madres, como un destino inexorable. A los varones, sin embargo, se les da un trato diferente: que no haga oficios de la casa, que desde muy temprana edad, para que sea más hombre, haga uso indiscriminado del sexo, sin pensar que así se asemeja más al macho (lo que no requiere esfuerzo) y se aleja más del ideal del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, para ser compañero de una mujer, para amarse, apoyarse y comprenderse y entre los dos constituir esas familias que tanto necesita nuestra Patria, porque en ella crecerán hijos, que mañana serán hombres y mujeres de bien.

Pero todo esto seguirá siendo un sueño imposible mientras no existan leyes que fortalezcan esta institución, que es la célula de la sociedad. Que exijan al macho que engendró, que ayude económicamente a la madre que abandonó: triste situación que se da en todos los niveles, ya que la lista de padres irresponsables que no pagan sus cuotas, está engrosada por funcionarios públicos, profesionales y hasta maestros y tantos otros que no se avergüenzan de haber dejado abandonados, muchos hijos ilegítimos.

En la vecina Costa Rica no se puede obtener pasaporte, ni salir del país, si no se cuenta con una solvencia de las cuotas alimentarias, y legislaciones de otros países más avanzados, contemplan sanciones mucho más severas para este tipo de delitos. En la revista Newsweek, Jonathan Alther y Pat Ningert decían que la sociedad norteamericana saldría ganando si la gente recuperara la capacidad personal de avergonzarse de sus actos y citaban el libro "Fatherless America" (América sin padres) en que su autor David Blankenhorn afirmaba "que una mayor capacidad para avergonzarse de tener hijos ilegítimos y de divorciarse y abandonar sus hogares, haría más en favor de los niños que cualquier deducción de impuestos o cualquier programa de gobierno. Porque más que estigmatizar sólo a las madres solteras, lo importante es comprender que cuando se le quita importancia a la función del padre o contribuimos a la ruptura de la familia, se está extendiendo un mensaje dañino y pernicioso".

Rindamos en este mes un homenaje de admiración y respeto a la mujer salvadoreña, que es madre heroica y elevemos una plegaria a la Virgen María para que desde su alta condición de Madre de Dios, extienda su protección e interceda ante su Divino Hijo por todas las madres, para que entendamos que ser madre es un privilegio, al que debemos hacernos acreedoras luchando por encarnar el elogio que hace el Libro de los Proverbios de la mujer fuerte: esposa fiel, hacendosa, fuerte, sabia y prudente porque sabe abrirse a los demás para aliviar con su bálsamo de comprensión y dulzura el rostro de aquellos que están a su cargo, y que el cielo llama bienaventurados.


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