Jueves 10 de mayo de 2001


En su día
Loor a la madre salvadoreña
Evangelina del Pilar de Sol*

En estos tiempos de desaliento y desasosiego en que vive El Salvador, a la madre salvadoreña debe admirársele por el patriotismo mostrado en su lucha cotidiana, en un país actualmente acéfalo de leyes que proporcionen una auténtica protección a sus hijos.

Esa madre, a quien muchas veces podríamos llamar heroica, es el timón en el que recae generalmente la tarea de mantener el rumbo de una barca que se denomina familia, pilar de la sociedad en el que deben fundamentarse los cimientos de esta patria, presentemente azotada por mares de violencia, crimen, impunidad, inseguridad, desorden y falta total de un verdadero estado de derecho.

Así, en el "Día de la Madre" amerita decir: Loor a la angustiada madre que ve partir a su hijo por la mañana y no sabe si regresará. A la madre desconsolada ante la impune violación y asesinato de su hijita o hijito, a causa de las "leyes" que por los acuerdos de "paz" favorecen al criminal y no a las víctimas, especialmente más vulnerables, como los niños. A la madre que llora a su hijo secuestrado, porque los secuestradores seguirán en el negocio, mientras sepan que aunque caigan en manos de la "ley", serán liberados por jueces incapaces, o tal vez corruptos que pueden ser comprados, los que por ridículos tecnicismos que son un insulto a la inteligencia de la ciudadanía como el de una cédula falsa, los declaran inocentes y les dan libertad, como si tales jueces no supieran que cualquiera puede "comprarse" tantas cédulas como se le antoje, porque la corrupción es el pan de cada día a todos los niveles en las oficinas de quienes nos gobiernan, en especial en las de muchas alcaldías.

A la madre que angustiada, por la falta de aplicación de las "leyes", ve a su joven hijo perderse irremediablemente en los casinos, víctima de los vicios del juego y las drogas, porque los alcaldes que prometieran cerrarlos, por excusas avaladas también por tecnicismos, siguen allí "tan campantes como Johnny Walker", sin que nadie mueva un dedo al respecto. A la madre que ve con desaliento cómo le corrompen la mente a sus hijos menores con programas equivocados, impulsados por organismos internacionales y apoyados por entidades gubernamentales que están siendo forzadas a ejecutarlos, como el mal llamado programa de salud sexual y reproductiva, que no tiene nada ni de saludable ni de reproductivo, porque todo lo propuesto va en contra de la reproducción y de la salud especialmente de la mujer y lo que se promueve es convertir a los menores en entes egoístas e inmorales, prisioneros del sexo y del placer desenfrenado, dedicados exclusivamente a satisfacer sus instintos como si fueran animalitos.

A la heroica madre soltera que fue engañada en nombre del amor y fuera abandonada a su suerte cuando se embarazó, pero que con valentía y estoicismo, sabiendo que el derecho de ella termina cuando empieza el del otro ser, su hijo, decide dar a luz, dándole a su pequeño el máximo derecho que tiene el ser humano, la vida, rechazando el aborto, el que también está siendo avalado ilegalmente por el gobierno por medio -entre otros- de abortivos llamados "anticonceptivos de emergencia". A la madre heroica que sin ayuda de su pareja, sea porque enviudó o porque la dejó por otra, luchó sola por sus hijos logrando sacarlos adelante. A la madre cuya familia consta de todos los hijos que Dios quiso mandarle, como es el caso de la Sra. Francisca de Ramírez Caravantes, de San Juan Opico, quien con su esposo don Jesús, siendo familia de no grandes recursos, tuvo 22 hijos todos hombres y mujeres de bien, entre ellos un sacerdote y una monja.

A la maestra que no concibió, y que aunque no fuera madre biológica, puede considerársele como tal por dedicarse a la enseñanza del niño al que entregó su vida entera. A la que igualmente, con maternal guía, se dedica a encauzar los rumbos de las personas hacia una vida cristiana y recta.

Hace algunos días un apreciable pastor evangélico, columnista de este periódico, René Mejía Vides, publica una oración de un ministro norteamericano, que refleja bastante nuestra situación actual. Reproduciré algunas partes, para quien no lo haya leído, pues invita a la reflexión en estos cruciales momentos que vivimos.

"Hemos abusado del poder y lo llamamos política. Hemos rechazado disciplinar a nuestros niños y lo llamamos propia estima. Hemos endosado la perversión y lo llamamos estilo de vida alterno. Hemos tolerado el aborto y le llamamos libre opción. Hemos fomentado la haraganería y le llamamos bienestar social. Hemos envenenado los aires con cosas profanas y pornografía y le llamamos libertad de expresión".

No obstante, a pesar del oscuro panorama salvadoreño, las madres salvadoreñas recordarán que las mujeres unidas lograrán levantar la opinión del pueblo, salvando la patria en tiempos de la guerra. Es ahora el momento de reagruparse, para salvar nuevamente a la patria con renovadas fuerzas en una cruzada a favor de la paz, de la familia y del trabajo.

El 13 de mayo, fiesta en honor de la más perfecta madre, la Virgen María Madre de Dios, es imperativo volver hacia ella los ojos pidiéndole protección ante esta decisiva cruzada.


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