En su
día
Loor a la madre
salvadoreña
Evangelina
del Pilar de Sol*
En estos tiempos de desaliento y desasosiego
en que vive El Salvador, a la madre
salvadoreña debe admirársele por
el patriotismo mostrado en su lucha cotidiana,
en un país actualmente acéfalo de
leyes que proporcionen una auténtica
protección a sus hijos.
Esa madre, a quien muchas veces
podríamos llamar heroica, es el
timón en el que recae generalmente la
tarea de mantener el rumbo de una barca que se
denomina familia, pilar de la sociedad en el que
deben fundamentarse los cimientos de esta
patria, presentemente azotada por mares de
violencia, crimen, impunidad, inseguridad,
desorden y falta total de un verdadero estado de
derecho.
Así, en el "Día de la Madre"
amerita decir: Loor a la angustiada madre que ve
partir a su hijo por la mañana y no sabe
si regresará. A la madre desconsolada
ante la impune violación y asesinato de
su hijita o hijito, a causa de las "leyes" que
por los acuerdos de "paz" favorecen al criminal
y no a las víctimas, especialmente
más vulnerables, como los niños. A
la madre que llora a su hijo secuestrado, porque
los secuestradores seguirán en el
negocio, mientras sepan que aunque caigan en
manos de la "ley", serán liberados por
jueces incapaces, o tal vez corruptos que pueden
ser comprados, los que por ridículos
tecnicismos que son un insulto a la inteligencia
de la ciudadanía como el de una
cédula falsa, los declaran inocentes y
les dan libertad, como si tales jueces no
supieran que cualquiera puede "comprarse" tantas
cédulas como se le antoje, porque la
corrupción es el pan de cada día a
todos los niveles en las oficinas de quienes nos
gobiernan, en especial en las de muchas
alcaldías.
A la madre que angustiada, por la falta de
aplicación de las "leyes", ve a su joven
hijo perderse irremediablemente en los casinos,
víctima de los vicios del juego y las
drogas, porque los alcaldes que prometieran
cerrarlos, por excusas avaladas también
por tecnicismos, siguen allí "tan
campantes como Johnny Walker", sin que nadie
mueva un dedo al respecto. A la madre que ve con
desaliento cómo le corrompen la mente a
sus hijos menores con programas equivocados,
impulsados por organismos internacionales y
apoyados por entidades gubernamentales que
están siendo forzadas a ejecutarlos, como
el mal llamado programa de salud sexual y
reproductiva, que no tiene nada ni de saludable
ni de reproductivo, porque todo lo propuesto va
en contra de la reproducción y de la
salud especialmente de la mujer y lo que se
promueve es convertir a los menores en entes
egoístas e inmorales, prisioneros del
sexo y del placer desenfrenado, dedicados
exclusivamente a satisfacer sus instintos como
si fueran animalitos.
A la heroica madre soltera que fue
engañada en nombre del amor y fuera
abandonada a su suerte cuando se
embarazó, pero que con valentía y
estoicismo, sabiendo que el derecho de ella
termina cuando empieza el del otro ser, su hijo,
decide dar a luz, dándole a su
pequeño el máximo derecho que
tiene el ser humano, la vida, rechazando el
aborto, el que también está siendo
avalado ilegalmente por el gobierno por medio
-entre otros- de abortivos llamados
"anticonceptivos de emergencia". A la madre
heroica que sin ayuda de su pareja, sea porque
enviudó o porque la dejó por otra,
luchó sola por sus hijos logrando
sacarlos adelante. A la madre cuya familia
consta de todos los hijos que Dios quiso
mandarle, como es el caso de la Sra. Francisca
de Ramírez Caravantes, de San Juan Opico,
quien con su esposo don Jesús, siendo
familia de no grandes recursos, tuvo 22 hijos
todos hombres y mujeres de bien, entre ellos un
sacerdote y una monja.
A la maestra que no concibió, y que
aunque no fuera madre biológica, puede
considerársele como tal por dedicarse a
la enseñanza del niño al que
entregó su vida entera. A la que
igualmente, con maternal guía, se dedica
a encauzar los rumbos de las personas hacia una
vida cristiana y recta.
Hace algunos días un apreciable pastor
evangélico, columnista de este
periódico, René Mejía
Vides, publica una oración de un ministro
norteamericano, que refleja bastante nuestra
situación actual. Reproduciré
algunas partes, para quien no lo haya
leído, pues invita a la reflexión
en estos cruciales momentos que vivimos.
"Hemos abusado del poder y lo llamamos
política. Hemos rechazado disciplinar a
nuestros niños y lo llamamos propia
estima. Hemos endosado la perversión y lo
llamamos estilo de vida alterno. Hemos tolerado
el aborto y le llamamos libre opción.
Hemos fomentado la haraganería y le
llamamos bienestar social. Hemos envenenado los
aires con cosas profanas y pornografía y
le llamamos libertad de expresión".
No obstante, a pesar del oscuro panorama
salvadoreño, las madres
salvadoreñas recordarán que las
mujeres unidas lograrán levantar la
opinión del pueblo, salvando la patria en
tiempos de la guerra. Es ahora el momento de
reagruparse, para salvar nuevamente a la patria
con renovadas fuerzas en una cruzada a favor de
la paz, de la familia y del trabajo.
El 13 de mayo, fiesta en honor de la
más perfecta madre, la Virgen
María Madre de Dios, es imperativo volver
hacia ella los ojos pidiéndole
protección ante esta decisiva
cruzada.