Tomando
la palabra
Hermanos separados arrasan
catolicismo en El Salvador
Manuel
J. Aguilar Trujillo
Preocupado
por el incontenible incremento en El Salvador de
las diversas denominaciones cristianas no
católicas, lo mismo que en todo el
hemisferio iberoamericano, escribimos el 16 de
diciembre de 1982, en El Diario de Hoy, un
artículo que titulamos "Protestantes
arrasan con catolicismo en el Istmo". De ese
entonces para acá, el arrastre que esas
denominaciones llamadas genéricamente
"protestantes", han realizado en el Istmo, es
cosa de poca monta, si vemos cómo se han
extendido a todo lo ancho y largo de este
hemisferio.
Hoy vuelvo a las andadas, provocado por
interesante reportaje publicado en este diario,
en donde se explica o trata de explicar, este
fenómeno que se inicia y cobra gran
fuerza, desde la terminación de la
Segunda Guerra Mundial a la fecha.
En dicho reportaje, se entrevistaron a dos de
los más conspicuos representantes de las
mayoritarias, siendo por los hermanos separados,
un pastor, quien gracias a su dinamismo y forma
pintoresca con que predica las Sagradas
Escrituras, se ha convertido en su mayor
representante congregando en su templo, que por
su capacidad más parece un estadio, a
millares de feligreses, casi todo ellos
extraídos de las filas del
catolicismo.
Por la tan zarandeada Iglesia
Católica, que yo llamo Apostólica
y Romana, para diferenciarla de la
Católica y Apostólica nacida,
protestante, en Inglaterra a mediados del siglo
XIX (ver Enciclopedia Universal Ilustrada
Europeo Americana. Espasa Calpe Tomo 12,
página 561), un representante o vocero de
la línea izquierdista del catolicismo,
los cuales, a su manera, explican del por
qué de la gran expansión que han
tenido los hermanos separados en
Iberoamérica.
En lo que ambos estuvieron de acuerdo, es en
achacar a la Iglesia Católica (y Romana),
gran parte de la culpa de esa expansión,
cuando a ellos dos debiera constar, que la culpa
no la tiene la Iglesia Católica
Apostólica (y Romana), sino muchos de los
hombres (papas obispos, monjes, religiosos y
religiosas) que, debiendo propagar los
Evangelios y la doctrina católica, se han
dedicado con entusiasmo digno de mejor causa, a
hacer política y difundir a todo lo ancho
y largo del país filosofías ajenas
al catolicismo y por lo tanto dañinas a
él, tal como la tan traída y
llevada Teología de la Liberación,
y en menor cuantía la poco conocida
Teología Política, traídas
a estas tierras por político sacerdotes
extranjeros, lo que ha provocado la fuga en masa
de católicos disgustados con esos
políticos sacerdotes y religiosas y
dentro de la misma Iglesia Católica
salvadoreña un sismo que amenaza su
unidad. Aunque esto parezca paradójico,
es la gran masa campesina y obrera, la que ha
apostatado del catolicismo, grupos a los que los
"liberacionistas" pretendían proteger de
la por ellos odiada oligarquía y la
derecha, y lo paradójico, repito, es, que
esa oligarquía, esa derecha tan odiadas,
llenan todos los domingos y días de
guardar los templos católicos de El
Salvador. Yo, sin ser en forma alguna oligarca,
soy uno de ellos.
En cuanto a la afirmación que nos hace
el Obispo que fue entrevistado y que con
frecuencia aparece en programas de
televisión, en donde apenas disimula gran
simpatía que tiene a una de los dos
grandes alas en que se ha dividido el espectro
político de El Salvador, afirma
enfáticamente de que en la década
del 80 al 90, ser católico era peligroso,
insinuando de que aquí hubo
persecución religiosa, en contra del
catolicismo, lo cual es completamente falso
aunque ponga ejemplos de católicos
asesinados. Estos lo fueron por sus actividades
políticas en una sociedad altamente
politizada, tal como fueron asesinados por la
otra cara de la moneda, Ernesto Regalado
Dueñas, Mauricio Borgonovo, Ricardo Poma
Delgado, Antonio Rodríguez Porth,
Francisco Peccorini Letona y muchos,
muchísimos más y a nadie que
esté en su sano juicio se le ocurre, a
pesar de que todos ellos eran católicos,
que al igual que los "gringos" de la Zona Rosa y
los salvadoreños allí masacrados,
lo fueron, porque unos eran protestantes y los
demás católicos. A los primeros
los asesinaron por sus creencias y actividades
políticas y a los otros, sencillamente
para provocar terror.
Dejémonos de actitudes de exagerar o
de tergiversar la verdad para condenar a los
unos y justificar a los otros en entrevistas
periodísticas o televisivas, a las que
tan aficionado es nuestro polémico
Obispo.
Que el Divino Salvador del Mundo se digne
salvar a su tocayo El Salvador de tanto redentor
equivocado.