Jueves 10 de mayo de 2001


Tomando la palabra
Hermanos separados arrasan catolicismo en El Salvador
Manuel J. Aguilar Trujillo

Preocupado por el incontenible incremento en El Salvador de las diversas denominaciones cristianas no católicas, lo mismo que en todo el hemisferio iberoamericano, escribimos el 16 de diciembre de 1982, en El Diario de Hoy, un artículo que titulamos "Protestantes arrasan con catolicismo en el Istmo". De ese entonces para acá, el arrastre que esas denominaciones llamadas genéricamente "protestantes", han realizado en el Istmo, es cosa de poca monta, si vemos cómo se han extendido a todo lo ancho y largo de este hemisferio.

Hoy vuelvo a las andadas, provocado por interesante reportaje publicado en este diario, en donde se explica o trata de explicar, este fenómeno que se inicia y cobra gran fuerza, desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial a la fecha.

En dicho reportaje, se entrevistaron a dos de los más conspicuos representantes de las mayoritarias, siendo por los hermanos separados, un pastor, quien gracias a su dinamismo y forma pintoresca con que predica las Sagradas Escrituras, se ha convertido en su mayor representante congregando en su templo, que por su capacidad más parece un estadio, a millares de feligreses, casi todo ellos extraídos de las filas del catolicismo.

Por la tan zarandeada Iglesia Católica, que yo llamo Apostólica y Romana, para diferenciarla de la Católica y Apostólica nacida, protestante, en Inglaterra a mediados del siglo XIX (ver Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Espasa Calpe Tomo 12, página 561), un representante o vocero de la línea izquierdista del catolicismo, los cuales, a su manera, explican del por qué de la gran expansión que han tenido los hermanos separados en Iberoamérica.

En lo que ambos estuvieron de acuerdo, es en achacar a la Iglesia Católica (y Romana), gran parte de la culpa de esa expansión, cuando a ellos dos debiera constar, que la culpa no la tiene la Iglesia Católica Apostólica (y Romana), sino muchos de los hombres (papas obispos, monjes, religiosos y religiosas) que, debiendo propagar los Evangelios y la doctrina católica, se han dedicado con entusiasmo digno de mejor causa, a hacer política y difundir a todo lo ancho y largo del país filosofías ajenas al catolicismo y por lo tanto dañinas a él, tal como la tan traída y llevada Teología de la Liberación, y en menor cuantía la poco conocida Teología Política, traídas a estas tierras por político sacerdotes extranjeros, lo que ha provocado la fuga en masa de católicos disgustados con esos políticos sacerdotes y religiosas y dentro de la misma Iglesia Católica salvadoreña un sismo que amenaza su unidad. Aunque esto parezca paradójico, es la gran masa campesina y obrera, la que ha apostatado del catolicismo, grupos a los que los "liberacionistas" pretendían proteger de la por ellos odiada oligarquía y la derecha, y lo paradójico, repito, es, que esa oligarquía, esa derecha tan odiadas, llenan todos los domingos y días de guardar los templos católicos de El Salvador. Yo, sin ser en forma alguna oligarca, soy uno de ellos.

En cuanto a la afirmación que nos hace el Obispo que fue entrevistado y que con frecuencia aparece en programas de televisión, en donde apenas disimula gran simpatía que tiene a una de los dos grandes alas en que se ha dividido el espectro político de El Salvador, afirma enfáticamente de que en la década del 80 al 90, ser católico era peligroso, insinuando de que aquí hubo persecución religiosa, en contra del catolicismo, lo cual es completamente falso aunque ponga ejemplos de católicos asesinados. Estos lo fueron por sus actividades políticas en una sociedad altamente politizada, tal como fueron asesinados por la otra cara de la moneda, Ernesto Regalado Dueñas, Mauricio Borgonovo, Ricardo Poma Delgado, Antonio Rodríguez Porth, Francisco Peccorini Letona y muchos, muchísimos más y a nadie que esté en su sano juicio se le ocurre, a pesar de que todos ellos eran católicos, que al igual que los "gringos" de la Zona Rosa y los salvadoreños allí masacrados, lo fueron, porque unos eran protestantes y los demás católicos. A los primeros los asesinaron por sus creencias y actividades políticas y a los otros, sencillamente para provocar terror.

Dejémonos de actitudes de exagerar o de tergiversar la verdad para condenar a los unos y justificar a los otros en entrevistas periodísticas o televisivas, a las que tan aficionado es nuestro polémico Obispo.

Que el Divino Salvador del Mundo se digne salvar a su tocayo El Salvador de tanto redentor equivocado.


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