Jueves 10 de mayo de 2001


La Nota del Día
 

Como decíamos ayer
El Día de la Madre es el Día del Niño

Se honra a las madres y a los niños procurando el bienestar, el trabajo, la superación de odios y fanatismos, y la tranquilidad en la cual descansa todo porvenir positivo

Nuestro fundador, don Napoleón Viera Altamirano, afirmaba que el Día de la Madre era también el Día del Niño y que todo el esfuerzo se debía hacer para despertar en los hombres no sólo los sentimientos de amor hacia esos dos miembros de la familia, sino también de protegerlos y cuidarlos.

Honrar a la madre es algo más que el agasajo del momento o el cariño que se le demuestra. También se le honra, tal vez en forma más significativa, con la buena conducta personal y cívica de cada hijo, y la dedicación y el cariño que aporte en el presente o en los años venideros a su propia familia y a la madre de sus hijos. Cada quien debe pensar no sólo en su propia madre, sino también en las mujeres de su familia que lo sean y en las madres compañeras de estudio o de trabajo.

Es doloroso reconocer que en un gran número de hombres es necesario despertar cierta clase de sentimientos, para que la vida dentro de la familia se desenvuelva de manera civilizada. El hombre contemporáneo se está convirtiendo en nómada, y emigra con frecuencia hacia sitios donde hay mejores perspectivas de trabajo o de vida. En el proceso, muchos abandonan a sus madres, perdiendo un basamento de cariño y cohesión familiar que puede enajenarlos consigo mismos. En esta fecha la persona no sólo busca y recuerda a su madre, sino que, a la vez, regresa afectivamente al hogar en el cual transcurrió su niñez, y a los cariños y costumbres que le hacen miembro de un grupo o de una nación.

La verdadera forma de honrar a las madres

Se honra a las madres y a los niños procurando el bienestar, el trabajo, la superación de odios y fanatismos, y la tranquilidad en la cual descansa todo porvenir positivo.

Debe señalarse, a este respecto, que una buena parte de las medidas de "interés social" que se promulgan en nuestra América, paradójicamente causan un grave daño a la mujer y, por tanto, a muchísimas madres. El desempleo, por regla general, cobra la mayor parte de sus víctimas precisamente entre las mujeres, las que se ven obligadas a desempeñarse en trabajos marginales. Los salarios mínimos castigan a las personas de productividad inferior a los mismos y éstas son, en su mayoría, mujeres y madres. La pobreza resultante del populismo afecta siempre en mayor medida a los ancianos, a los minusválidos y a los niños y sus madres.

La vendedora ambulante, la costurera, la doméstica, reflejan el empleo marginal que surge o se mantiene cuando el crecimiento de las fábricas y las empresas es raquítico o negativo. La mejor forma de honrar a las madres es promoviendo la prosperidad económica.

En esta fecha de un significado tan hermoso, EL DIARIO DE HOY quiere hacer llegar su mensaje de concordia y amor a todas las madres salvadoreñas, tanto a las que tienen la dicha de compartir la ocasión con sus hijos, o aquellas que sufren la ausencia de los mismos. Extendemos nuestras simpatías a todos los que con tristeza, profunda nostalgia y dolor recuerdan a sus madres desaparecidas o ausentes, deseando que encuentren el consuelo buscado.

(Mayo 9 de 1980).


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