El trono
quedó vacío
El Bayer Múnich cobró viejas
cuentas y con un inapelable 2-1 en el
"Olímpico" despojó al Real Madrid
del cetro europeo.
Agencia
EFE
El
Real Madrid volvió a toparse con el
maleficio del Estadio "Olímpico" de
Múnich y no logró el objetivo de
remontar el 0-1 encajado en la ida, por lo que
se despidió en su intento de renovar el
título de la Liga de Campeones, que
dirimirán en Milán el Valencia y
el rocoso y eficaz Bayern.
El conjunto español encadenó su
sexto encuentro sin ganar en este feudo, y lo
hizo porque volvió a carecer de pegada y
porque su rival la tuvo a raudales, e hizo gala
además de su colectivo para administrar
con inteligencia el desarrollo de la
contienda.
Definitivamente Fernando Morientes se
quedó de salida en el banquillo y Guti
fue el encargado de ser la referencia más
adelantada del conjunto de Del Bosque, mientras
que Hitzfeld pudo contar con Scholl, la gran
duda en las jornadas previas al encuentro, y,
además, alineó al inglés de
origen canadiense Hargreaves como relevo al
sancionado Stefan Effenberg. El resto de los
'tocados', como se preveía, estuvieron en
el once.
De esta manera, 21 de los 22 titulares lo
fueron en la ida. Dos formaciones casi
idénticas a las del martes pasado, pero
con un Bayern mucho más voraz, ambicioso
y veloz a la contra.
Tromba local
La jugada inicial aturdió al cuadro
español. Scholl se plantó ante
Iker Casillas, quien tuvo que estirarse al
máximo para sacar el remate raso del
internacional germano.
Fue el aviso de un inicio pletórico
del Bayern y desdibujado del Real, porque
Casillas tuvo que abortar poco después un
disparo de Elber, el hombre de la eliminatoria,
sin duda, ya que además de marcar en la
ida, puso las cosas más claras a los ocho
minutos, cuando resolvió de cabeza un
tremendo barullo bajo los palos de la meta
madridista a la salida de un
'córner'.
El Madrid no es que perdiera la cabeza, es
que no estaba en el campo. Las imprecisiones y
los errores eran constantes ante un rival
crecido, instalado en su zona con comodidad, con
mucho trabajo en la presión y con una
moral por las nubes.
Un disparo fuera del inglés McManaman
poco antes del cuarto de hora fue el primer
esbozo de que los hombres de Del Bosque estaban
en el césped, y además de que no
estaban rendidos, ni mucho menos, porque aunque
el Bayern había logrado el objetivo
marcado por Ottmar Hitzfeld apareció
estelar la conexión Raúl-Figo que
transformó el luso en el 1-1 ('18).
Cambio de decoración
El empate cambió por momentos la
decoración. El Real Madrid se
serenó, pasó a tener el
balón, a dominar el centro del campo y a
combinar más y mejor, pero fue solo un
espejismo, porque este Bayern, que ansía
el torneo continental desde hace 25 años,
tiene la fe por bandera y la efectividad a gala,
tanto que Jens Jeremies aprovechó la
siguiente opción bávara, a los
'34, con un disparo desde fuera del área,
para establecer el 2-1.
Para el Madrid fue un volver a empezar
después de los momentos de
ilusión, en los que incluso
solicitó un penalti por agarrón a
Guti, acción que de haberla
señalado el colegiado podía haber
cambiado el rumbo y la eliminatoria.
Con 45 minutos por delante al cuadro de Del
Bosque no le quedaba otra solución que
volcarse al ataque si quería estar en
Milán, con el consiguiente peligro que
suponía el empeño. Pero
tenía que morir matando, o al menos en el
intento de obtener los dos goles que
necesitaba.
La segunda mitad fue ya más parecida
al encuentro del Bernabéu, con el Bayern
más pertrechado atrás y el Madrid
en busca de la heroicidad.
Raúl tardó ocho minutos en
poner en peligro la integridad de la meta
germana y aunque los alemanes no olvidaron nunca
sus mortales contras la presión blanca se
hizo tan insistente como ineficaz, igual que en
la ida.
Del Bosque recurrió a la zurda de
Savio para abrir más el campo por la
izquierda, dada la nula aportación
ofensiva de McManaman, y casi acto seguido a
Morientes en lugar de Karanka.
Fue la apuesta definitiva por encontrar
remedio a la situación, pero no
encontró el premio ansiado. El Bayern
controló con suficiencia y acabó
de manera autoritaria con el 'quiero y no puedo'
madridista.