Lunes 9 de abril de 2001


El precio internacional del grano cae a $58
El café vive su viacrucis

La coyuntura internacional del café no podía ser más grave. El precio está en un nivel mínimo y los compradores manipulan el mercado. Los países productores aún no encuentran la salida

Antonio Trujillo
El Diario de Hoy

Una cifra enmarca la Semana Santa de la caficultura: el 58.

Es la cifra que corresponde a la actual cotización internacional del café y que se constituye en una alerta roja para todo el sector y para quienes guían sus pasos.

Al cierre de negociaciones del pasado viernes en el mercado de Nueva York, el precio del grano se ubicó en $58.10 por quintal, el más bajo en lo corrido del año.

Los costos de producción para los caficultores salvadoreños se ubican en un promedio de $57 por quintal. Una simple mirada al actual precio internacional revela la tragedia que viven quienes basan su actividad económica en el grano. Simplemente es irrentable.

Pero las cosas son aún peores si se recuerda que los $58 no ingresan directamente a los productores. Ellos reciben, tras la cadena de descuentos propias de este negocio, aproximadamente $30. por quintal.

Que la coyuntura de precios internacionales es de ruina para sus productores es algo que ya nadie duda. Y si en algo sirviera de consuelo para los caficultores salvadoreños, es preciso añadir que la misma situación viven los productores de los otros países donde el grano ocupa un lugar de importancia en la economía.

Los que mandan

Pensar en que el café cayera a $58 era imposible hace tan solo tres años, cuando la cotización alcanzó los $300, en un mercado caracterizado por la disminución de la oferta.

La caída del precio es el triunfo de los países compradores sobre los productores y una triste evidencia de que estos últimos han mostrado una total incapacidad para diagramar una mínima estrategia conjunta que les asegure a sus caficultores un ingreso digno.

En la realidad del precio internacional cafetero confluyen esos dos factores: la presión de los compradores y los errores de los productores.

En el primer caso, la táctica a la que acuden las grandes firmas tostadoras norteamericanas y europeas, que forman el cerrado grupo de los mayores demandantes del grano, es la más antigua y simple: jugar con la oferta y la demanda.

Cuando se enteran de que el abastecimiento del mercado puede verse afectado por problemas de cosecha o de otra índole en un país cafetero, envían a sus corredores a ofrecer mejores precios con lo cual buscan asegurar sus necesidades futuras. En esos casos, su actitud presiona hacia arriba el precio.

Pero cuando están seguros de que la oferta se va a sostener y de que incluso, su tendencia es la de aumentar, acuden tranquilos al mercado neoyorquino a proponer negocios con menores precios. La actitud de un gran comprador se riega como un virus en cuestión de minutos y el resultado es que el precio baja y baja.

Puesto que la cotización depende del abastecimiento mundial del grano, los corredores del mercado son las personas mejor informadas sobre lo que ocurre en las naciones productoras. Ellos, antes que nadie, se enteran si las lluvias en el oriente del Brasil van a arreciar, si en Colombia hay problemas en los puertos, si una huelga paraliza los despachos mexicanos, si la cosecha vietnamita es de mala calidad, si los caficultores de Nicaragua protestan, o si la recoleción marcha normal en El Salvador. Nada se les escapa.

Los derrotados

En el otro lado del terreno de juego, los países productores miran impotentes cómo sus intentos de mejorar las condiciones del mercado siguen marcados por la frustración. La historia de sus desdichas arrancó en 1989, cuando el Pacto de Cuotas se derrumbó. Fue el mecanismo que reguló el mercado durante muchos años y que los países compradores forzaron a abandonar cuando comprendieron que de mantenerlo, no les permitiría controlar los precios.

En el seno de la Organización Internacional del Café se hicieron por lo menos cinco intentos, en los primeros años de la década de los 90, para revivir el Pacto de Cuotas. Todos fracasaron.

Se hizo evidente desde entonces, que el mercado, libre ya de las cuotas, sería conducido por los compradores al vaivén de la oferta internacional.

Bajo esas condiciones era muy difícil que los productores se pusieran de acuerdo. La necesidad de Brasil de sacar al mercado su enorme producción chocaba con los deseos de sus "socios" de frenar la oferta global. No era facil tampoco, acordar una estrategia con Colombia, que pugnaba por defender su tajada de la demanda confiando en la calidad de su café.


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