El
precio internacional del grano cae a $58
El café vive su
viacrucis
La coyuntura internacional del café
no podía ser más grave. El precio
está en un nivel mínimo y los
compradores manipulan el mercado. Los
países productores aún no
encuentran la salida
- Antonio
Trujillo
- El Diario
de Hoy
Una
cifra enmarca la Semana Santa de la caficultura:
el 58.
Es la cifra que corresponde a la actual
cotización internacional del café
y que se constituye en una alerta roja para todo
el sector y para quienes guían sus
pasos.
Al cierre de negociaciones del pasado viernes
en el mercado de Nueva York, el precio del grano
se ubicó en $58.10 por quintal, el
más bajo en lo corrido del
año.
Los costos de producción para los
caficultores salvadoreños se ubican en un
promedio de $57 por quintal. Una simple mirada
al actual precio internacional revela la
tragedia que viven quienes basan su actividad
económica en el grano. Simplemente es
irrentable.
Pero las cosas son aún peores si se
recuerda que los $58 no ingresan directamente a
los productores. Ellos reciben, tras la cadena
de descuentos propias de este negocio,
aproximadamente $30. por quintal.
Que la coyuntura de precios internacionales
es de ruina para sus productores es algo que ya
nadie duda. Y si en algo sirviera de consuelo
para los caficultores salvadoreños, es
preciso añadir que la misma
situación viven los productores de los
otros países donde el grano ocupa un
lugar de importancia en la economía.
Los que mandan
Pensar en que el café cayera a $58 era
imposible hace tan solo tres años, cuando
la cotización alcanzó los $300, en
un mercado caracterizado por la
disminución de la oferta.
La caída del precio es el triunfo de
los países compradores sobre los
productores y una triste evidencia de que estos
últimos han mostrado una total
incapacidad para diagramar una mínima
estrategia conjunta que les asegure a sus
caficultores un ingreso digno.
En la realidad del precio internacional
cafetero confluyen esos dos factores: la
presión de los compradores y los errores
de los productores.
En el primer caso, la táctica a la que
acuden las grandes firmas tostadoras
norteamericanas y europeas, que forman el
cerrado grupo de los mayores demandantes del
grano, es la más antigua y simple: jugar
con la oferta y la demanda.
Cuando se enteran de que el abastecimiento
del mercado puede verse afectado por problemas
de cosecha o de otra índole en un
país cafetero, envían a sus
corredores a ofrecer mejores precios con lo cual
buscan asegurar sus necesidades futuras. En esos
casos, su actitud presiona hacia arriba el
precio.
Pero cuando están seguros de que la
oferta se va a sostener y de que incluso, su
tendencia es la de aumentar, acuden tranquilos
al mercado neoyorquino a proponer negocios con
menores precios. La actitud de un gran comprador
se riega como un virus en cuestión de
minutos y el resultado es que el precio baja y
baja.
Puesto que la cotización depende del
abastecimiento mundial del grano, los corredores
del mercado son las personas mejor informadas
sobre lo que ocurre en las naciones productoras.
Ellos, antes que nadie, se enteran si las
lluvias en el oriente del Brasil van a arreciar,
si en Colombia hay problemas en los puertos, si
una huelga paraliza los despachos mexicanos, si
la cosecha vietnamita es de mala calidad, si los
caficultores de Nicaragua protestan, o si la
recoleción marcha normal en El Salvador.
Nada se les escapa.
Los derrotados
En el otro lado del terreno de juego, los
países productores miran impotentes
cómo sus intentos de mejorar las
condiciones del mercado siguen marcados por la
frustración. La historia de sus desdichas
arrancó en 1989, cuando el Pacto de
Cuotas se derrumbó. Fue el mecanismo que
reguló el mercado durante muchos
años y que los países compradores
forzaron a abandonar cuando comprendieron que de
mantenerlo, no les permitiría controlar
los precios.
En el seno de la Organización
Internacional del Café se hicieron por lo
menos cinco intentos, en los primeros
años de la década de los 90, para
revivir el Pacto de Cuotas. Todos
fracasaron.
Se hizo evidente desde entonces, que el
mercado, libre ya de las cuotas, sería
conducido por los compradores al vaivén
de la oferta internacional.
Bajo esas condiciones era muy difícil
que los productores se pusieran de acuerdo. La
necesidad de Brasil de sacar al mercado su
enorme producción chocaba con los deseos
de sus "socios" de frenar la oferta global. No
era facil tampoco, acordar una estrategia con
Colombia, que pugnaba por defender su tajada de
la demanda confiando en la calidad de su
café.