Un remanso de
paz
Una casa color morado sirve de refugio a
las personas que llegan desesperadas, porque ya
no soportan los maltratos que en sus hogares les
propinan sus "seres queridos".
- Flor
Lazo
- El Diario
de Hoy
Las
instalaciones de la CEMUJER están
pintadas de ese color, quizá porque la
violencia física, golpes, moretones y
contusiones también se dan en todas las
tonalidades del púrpura.
Pero lejos de la decoración,
aquí se respira paz y seguridad. Los
profesionales que ahí laboran saben de la
desesperación y la baja autoestima con la
que llegan las víctimas.
Es por eso que el apoyo que brindan en "la
Casa Morada de la Mujer" es de tipo integral.
Aquí hay sicólogas, asesoras
legales, consejeras y, lo más importante,
la comprensión de una mano amiga.
Más que un caso
El caso de María X pudiera ser una
estadística más, como el de
cualquier persona víctima de violencia
intrafamiliar.
Ella llegó un día a CEMUJER,
cuando se rompió la cuerda de su
resistencia al maltrato. Con valentía se
enfrentó a su agresor y, gracias al apoyo
sicológico y a la asesoría legal
que ahí le brindaron, pudo iniciar una
nueva vida, sin miedos golpes o complejos.
Esta ama de casa soportó durante
años la violencia de parte del marido,
quien éste le amarraba las extremidades a
la cabecera de la cama, luego flagelaba su
espalda con un cable.
Para rematar la grotesca escena, la
violentaba sexualmente, mientras un machete
prendía de su cabeza.
Las heridas que presentaba su espalda a causa
de los latigazos sanaron; las sicológicas
aún están siendo tratadas.
Esta mujer ya recorrió la mitad del
camino: denunciar al agresor y sentir que
aún vale como mujer, para levantar su
autoestima.