Lunes 9 de abril de 2001


Tras la huella de las escuelas de adobe

El adobe no va morir. A pesar de las críticas a este material por su vulnerabilidad en los últimos desastres, para los historiadores presenta tantas ventajas que hace improbable su desaparición

Susana Joma
El Diario de Hoy

La decisión del Ministerio de Educación (MINED) de acabar con las escuelas de adobe, luego de los terremotos, despertó críticas de historiadores y arqueólogos que calificaron de "radical" una medida que puede poner en peligro la ancestral cultura de construcción con adobe.

Para el arqueólogo Gregorio Bello Suazo y el historiador Carlos Cañas Dinarte, tal y como el MINED lanzó la idea del "fin del adobe", se da pie a que la gente asuma un rechazo por este ancestral sistema de construcción.

Suazo realizó un estudio arqueológico sobre estas construcciones en 14 municipios afectados por los terremotos.

En el mismo, destaca los errores en la construcción con este material y que a la postre son un factor de riesgo para los moradores. Desde soportes u horcones podridos hasta fallas en la elaboración de los materiales de las paredes, o la combinación de construcciones de adobe y concreto hacen de la casa o de la escuela un espacio vulnerable.

Lo que sí es urgente es la capacitación de los constructores populares (albañiles) en las nuevas tecnologías, para disponer de un adobe más resistente a la humedad, a los insectos y a los sismos.

Capacitación

"Lo que habría que abordarse, sin ser tajante en las decisiones, es capacitar a la gente, porque se seguirá construyendo y en los pueblos ya se está construyendo con adobe", sentencia.

Los "defensores de la cultura" no están contra el uso de otras tecnologías para construir escuelas, pero subrayan que no se puede desprestigiar el uso del adobe, material de las viviendas de humildes campesinos y hasta de las residencias de grandes personalidades en los últimos siglos.

En la actualidad, existen 307 centros escolares de adobe en el país, concentrados en los departamentos de La Unión, San Miguel, Usulután, San Salvador, Chalatenango y Cabañas.

El proyecto no ha tomado forma dentro del paquete de reconstrucción post desastre, pues según el representante del Ministerio de Educación Angel Dubón, aún estudian las posibles fuentes de financiamiento y la viabilidad de ejecutarlo en su totalidad, considerando que algunas edificaciones escolares que fueron elaboradas con ese material sí resistieron.

Dubón asegura que hay varias vías para sustituirlas: el uso de fondos reorientados y los provenientes de donaciones.

Siempre adobe

Antes de la llegada de los españoles, los edificios que se construían eran de tierra, salvo contadas excepciones, como Quelepa, donde se usaba la piedra en combinación con la tierra.

A finales del Siglo XIX y principios del XX, los gobiernos de la época promovieron, en San Salvador y muy contados pueblos, un nuevo modelo de construcción, de madera y lámina traída de Bélgica. De este modo, el arquitecto Augusto Baratta construyó varias escuelas de Ilopango, Ciudad Delgado, Puerto de La Libertad, Nahuizalco, San Salvador y Chinameca.

Hoy sólo queda un vestigio en Nahuizalco, el cual sigue sin ser restaurado.

La revolución de la lámina, sin embargo, no destronó al adobe, un material muy accesible y de bajo costo que era el preferido de la población.

Cañas Dinarte explica que estas edificaciones de adobe, en un momento dado, fueron compradas o alquiladas a veinte pesos (moneda de la época) por las autoridades de educación para instalar escuelas.

Algunas de las que se cayeron durante los terremotos de enero y febrero tenían más de cien años. A pesar de que habían resultado dañadas con otros sismos, no se les dio el mantenimiento oporturno. Al final, las filtraciones de agua terminaron el trabajo.

Antecedentes

En la década de los 50, el gobierno comenzó la construcción de las llamadas Escuelas tipo Revolución (porque fue luego de la revolución del 14 de diciembre de 1948) en las que se utilizó cemento, ladrillo y hierro.

Es hasta la Reforma Educativa de 1978 cuando aparecen las modernas estructuras escolares con canchas de baloncesto y fútbol en las ciudades más importantes. En el área rural, no obstante, las escuelas y el adobe siguen de la mano.

El adobe presenta innumerables ventajas. Su precio es más bajo y tiene un menor impacto ambiental, pues la elaboración necesita de menor energía (principalmente, leña) que el ladrillo de obra.

El adobe, tal y como lo señala, Bello Suazo, es parte de la idiosincracia del país en la medida que la gente conoce esta materia y vive en armonía con ella.

Además, nadie duda de su preferencia en las zonas cálidas por la frescura que provee.

Incluso en las situaciones de desatre, por las forma de desplome, los habitantes tienen la oportunidad de retirarse. Así, terminar con la cultura de adobe, que dadas las condiciones de pobreza es muy improbable, se traduciría en una alteración en la relación tierra-hombre.


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