Tras la huella de
las escuelas de adobe
El adobe no va morir. A pesar de las
críticas a este material por su
vulnerabilidad en los últimos desastres,
para los historiadores presenta tantas ventajas
que hace improbable su
desaparición
- Susana
Joma
- El Diario
de Hoy
La
decisión del Ministerio de
Educación (MINED) de acabar con las
escuelas de adobe, luego de los terremotos,
despertó críticas de historiadores
y arqueólogos que calificaron de
"radical" una medida que puede poner en peligro
la ancestral cultura de construcción con
adobe.
Para el arqueólogo Gregorio Bello
Suazo y el historiador Carlos Cañas
Dinarte, tal y como el MINED lanzó la
idea del "fin del adobe", se da pie a que la
gente asuma un rechazo por este ancestral
sistema de construcción.
Suazo realizó un estudio
arqueológico sobre estas construcciones
en 14 municipios afectados por los
terremotos.
En el mismo, destaca los errores en la
construcción con este material y que a la
postre son un factor de riesgo para los
moradores. Desde soportes u horcones podridos
hasta fallas en la elaboración de los
materiales de las paredes, o la
combinación de construcciones de adobe y
concreto hacen de la casa o de la escuela un
espacio vulnerable.
Lo que sí es urgente es la
capacitación de los constructores
populares (albañiles) en las nuevas
tecnologías, para disponer de un adobe
más resistente a la humedad, a los
insectos y a los sismos.
Capacitación
"Lo que habría que abordarse, sin ser
tajante en las decisiones, es capacitar a la
gente, porque se seguirá construyendo y
en los pueblos ya se está construyendo
con adobe", sentencia.
Los "defensores de la cultura" no
están contra el uso de otras
tecnologías para construir escuelas, pero
subrayan que no se puede desprestigiar el uso
del adobe, material de las viviendas de humildes
campesinos y hasta de las residencias de grandes
personalidades en los últimos siglos.
En la actualidad, existen 307 centros
escolares de adobe en el país,
concentrados en los departamentos de La
Unión, San Miguel, Usulután, San
Salvador, Chalatenango y Cabañas.
El proyecto no ha tomado forma dentro del
paquete de reconstrucción post desastre,
pues según el representante del
Ministerio de Educación Angel
Dubón, aún estudian las posibles
fuentes de financiamiento y la viabilidad de
ejecutarlo en su totalidad, considerando que
algunas edificaciones escolares que fueron
elaboradas con ese material sí
resistieron.
Dubón asegura que hay varias
vías para sustituirlas: el uso de fondos
reorientados y los provenientes de
donaciones.
Siempre adobe
Antes de la llegada de los españoles,
los edificios que se construían eran de
tierra, salvo contadas excepciones, como
Quelepa, donde se usaba la piedra en
combinación con la tierra.
A finales del Siglo XIX y principios del XX,
los gobiernos de la época promovieron, en
San Salvador y muy contados pueblos, un nuevo
modelo de construcción, de madera y
lámina traída de Bélgica.
De este modo, el arquitecto Augusto Baratta
construyó varias escuelas de Ilopango,
Ciudad Delgado, Puerto de La Libertad,
Nahuizalco, San Salvador y Chinameca.
Hoy sólo queda un vestigio en
Nahuizalco, el cual sigue sin ser
restaurado.
La revolución de la lámina, sin
embargo, no destronó al adobe, un
material muy accesible y de bajo costo que era
el preferido de la población.
Cañas Dinarte explica que estas
edificaciones de adobe, en un momento dado,
fueron compradas o alquiladas a veinte pesos
(moneda de la época) por las autoridades
de educación para instalar escuelas.
Algunas de las que se cayeron durante los
terremotos de enero y febrero tenían
más de cien años. A pesar de que
habían resultado dañadas con otros
sismos, no se les dio el mantenimiento
oporturno. Al final, las filtraciones de agua
terminaron el trabajo.
Antecedentes
En la década de los 50, el gobierno
comenzó la construcción de las
llamadas Escuelas tipo Revolución (porque
fue luego de la revolución del 14 de
diciembre de 1948) en las que se utilizó
cemento, ladrillo y hierro.
Es hasta la Reforma Educativa de 1978 cuando
aparecen las modernas estructuras escolares con
canchas de baloncesto y fútbol en las
ciudades más importantes. En el
área rural, no obstante, las escuelas y
el adobe siguen de la mano.
El adobe presenta innumerables ventajas. Su
precio es más bajo y tiene un menor
impacto ambiental, pues la elaboración
necesita de menor energía
(principalmente, leña) que el ladrillo de
obra.
El adobe, tal y como lo señala, Bello
Suazo, es parte de la idiosincracia del
país en la medida que la gente conoce
esta materia y vive en armonía con
ella.
Además, nadie duda de su preferencia
en las zonas cálidas por la frescura que
provee.
Incluso en las situaciones de desatre, por
las forma de desplome, los habitantes tienen la
oportunidad de retirarse. Así, terminar
con la cultura de adobe, que dadas las
condiciones de pobreza es muy improbable, se
traduciría en una alteración en la
relación tierra-hombre.