Para ser famoso
Ser una celebridad en El Salvador toma
poco: saque un título universitario de
los que se venden a granel, hágase
diputado y deshaga lo que se le cruce enfrente,
conviertase en juez (pronto disponible el
título por internet) o sea parte del
gobierno y juegue con la dignidad de los
súbditos, cabezas gachas.
Carlos
H.Bruch
En
cualquiera de las opciones antes mencionadas,
tome en cuenta que el camino se le hará
mucho más fácil si usted fue de
los que participó en la guerra de manera
directa (o indirecta, da lo mismo) o si ostenta
algún cargo en ONG, medio de
comunicación, empresa privada o cualquier
partido político. Si a ese antecedente le
suma haber sido negociador de la paz (¡vaya
negociación!), y ahora se pasea como un
verdadero "yuppie" post guerra, o ex
enmontañado letrado; listo, tiene el
éxito asegurado.
Ya no digamos los que manosean hasta el
cansancio los fondos del Estado o se aprovechan
de su puesto de funcionario de altos vuelos,
esos pueden obtener el título de
superestrellas del jet set nacional. Descuide,
jamás será destituido, para eso
falta coraje. A lo sumo enfrentará
momentos incómodos fabricados por
algún periodistucho fanfarrón. Eso
se soluciona llevandolo a los juzgados,
ahí si que funcionan. Sobre todo si el
juez es algún colega de la logia...
Si además agrega la infaltable
dósis de prepotencia y alma de Pancho
Villa, lo ha logrado. Usted tiene un puesto en
el "Hall de la Fama".
Fácil no es, deberá pasar por
el inherente barrido de piso del poder, que
requiere de maestría en sobarle la leva a
los momios ya consagrados.
Existen variables para conseguir los "quince
minutos de fama", como decía un artista.
Si fue militar e hizo barbaridad y media, pero
ahora anda con la biblia bajo el brazo, o es
diputado, o reside en Miami; tranquilo, puede
volver a obtener un sitial de honor. Total,
aquí todo se olvida rápido.
Hay variables que no debe dejar de
considerar. Por ejemplo, si no cuenta con la
basta experiencia antes descrita, intente que el
Presidente lea su Curriculum Vitae y tal vez le
de el huesito de Viceministro de Transporte, o
de Seguridad. (Anda un pinche columnista
diciendo que esa plaza pronto quedará
vacante).
Lástima que me haya visto obligado a
recurrir a la ironía para describir la
decadencia en que vivimos.
Ojalá los salvadoreños,
sobretodo los gobernantes, destacáramos
por nuestros logros positivos.
¿Algún día?
carloshermann@elsalvador.com