Lunes 9 de abril de 2001


Descorriendo el velo
Verdades y mentiras de la historia de América
Luis Fernández Cuervo*

Cuando en estas fechas se actualizan los sucesos más relevantes de la fe católica, es bueno reflexionar también sobre el papel que en el pasado de América le cupo a la Iglesia Católica, papel muchas veces oscurecido, minimizado o tergiversado por obsoletos prejuicios volterianos o por el interesado falseamiento ideológico que de él hace la interpretación marxista.

Si "la historia es maestra de la vida", como dicen, habría que reconocer, con tristeza, que aquí la gran mayoría de los salvadoreños se mueven por sus vidas sin haber recibido una enseñanza adecuada de tan sabia e insigne maestra. Sobre lo que fue y es El Salvador, se mueven en la más completa ignorancia o, lo que es peor, en una serie de mitos y prejuicios nocivos. A estos últimos, si se les pregunta por sus antepasados, hablan de los mayas; imaginan una especie de paraíso indio que fue violentamente destrozado por el genocidio, la rapiña y la forzada imposición de la religión y la cultura de los españoles. Y lo curioso es que los que mantienen esas ideas suelen ser gente de apellidos españoles y que, por su aspecto físico tienen poco o nada de sangre india. No faltan algunos pocos que les hubiera gustado que la conquista de Cuscatlán la hubieran hecho los ingleses o cualquier otro país que no fuera España, imaginando que así ellos no estarían ahora en el subdesarrollo, sin darse cuenta que lo que pasaría en ese supuesto es que el país sería otro muy distinto &emdash;mejor o peor&emdash;, pero que ellos sencillamente no existirían.

La realidad histórica es muy diferente. Los mayas ya se habían aniquilado entre ellos antes de que llegaran los españoles. Y lo que de maya pudieran tener algunos salvadoreños es menos importante que lo que tengan los italianos de etruscos o los españoles de iberos. Y además un italiano no se siente etrusco, ni un español ibero, porque saben que hubo, después de esos primeros pobladores, cosas más importantes y decisivas en la conformación del modo de ser de sus paisanos.

Antes de los españoles, la población indígena no pasaba aquí de tener una cultura sedentaria, ni mejor ni peor que tantas otras como hubo en Europa más de 5 millones antes. El heroico Atlacatl es dudoso que haya existido. Y El Salvador, guste o no guste, lo cierto es que nace a la historia con los españoles y gracias a ellos entró a pertenecer a la mejor de las culturas: la cultura cristiano-occidental. Eso sí, con caracteres propios que le dieron no sólo el mestizaje racial sino, mucho más importante, el aporte que la fusión cultural hispano-india daría a la cultura del barroco, distinto y equiparable en belleza con el barroco europeo. Muchos de los pintores, escultores y constructores del barroco americano fueron indígenas Y ello se debe muy en primer lugar a la Iglesia Católica que se preocupó con un ingente y sacrificado esfuerzo en enseñar su religión y sus artes respetando la personalidad y los gustos de los indios. Muy distinto fue en Norteamérica, cuando las misiones de los frailes españoles desaparecieron. ¿Dónde está la cultura mestiza en los Estados Unidos? No existe ni existió nunca. Allí la religión ni convirtió a los indios ni favoreció el mestizaje ni se opuso al exterminio.

Cuando se piensa y se escribe que los españoles impusieron a la fuerza su religión, lo único que se demuestra con ello es una supina ignorancia o una decidida mala conciencia de lo que es esa religión. Si hay una cosa que no se puede imponer a la fuerza, es una religión y mucho menos una tan especial y exigente como el cristianismo católico. Los norteamericanos, cuando conquistaron las islas filipinas, trataron de cambiar dos cosas: el idioma español, por el inglés, y la religión católica por su cristianismo protestante. Tuvieron éxito con el idioma, no así con la religión. Y es que la conversión de cualquier pueblo al catolicismo supone factores imponderables y algunos francamente misteriosos. Los historiadores con prejuicio anticatólico se saltan un hecho histórico importantísimo en la conversión de nuestra América al catolicismo y es la aparición milagrosa de la Virgen al indio Juan Diego, que supuso un factor decisivo en la propagación del catolicismo. Ese hecho, milagroso pero histórico, está testificado por la persistencia actual de la imagen de la Virgen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego, que, por el material de que está hecha, debía haberse destruido ya hace muchos años y más aún cuando sufrió el estallido de la bomba que un revolucionario fanático le puso a pocos centímetros del marco.

Los abusos y delitos que la conquista militar española hizo en América, además de ser muy inferiores a los que hicieron los europeos en la América del Norte y los ingleses y holandeses en Asia, pasan a ser cosa secundaria cuando se comprueba el titánico esfuerzo que la Corona española y su Iglesia Católica hicieron para incorporar a los países conquistados a la vanguardia de la cultura de esa época. Vayan algunos ejemplos. A pocos años de la conquista por Hernán Cortés, México tenía más universidades y otros centros de cultura que varios países europeos. Muchos idiomas indígenas, que eran sólo de tradición oral, sin escritura, gracias a los religiosos que se esforzaron por aprenderlo, pasaron a tener realidad de escritura, ortografía, gramática y literatura escrita. Y el precedente más importante del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos lo hizo, con su "Derecho de Gentes" en favor de los indios, el fraile dominico español Francisco de Vitoria.


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