- Descorriendo
el velo
- Verdades y mentiras de
la historia de América
- Luis
Fernández Cuervo*
Cuando en estas fechas se actualizan los
sucesos más relevantes de la fe
católica, es bueno reflexionar
también sobre el papel que en el pasado
de América le cupo a la Iglesia
Católica, papel muchas veces oscurecido,
minimizado o tergiversado por obsoletos
prejuicios volterianos o por el interesado
falseamiento ideológico que de él
hace la interpretación marxista.
Si "la historia es maestra de la vida", como
dicen, habría que reconocer, con
tristeza, que aquí la gran mayoría
de los salvadoreños se mueven por sus
vidas sin haber recibido una enseñanza
adecuada de tan sabia e insigne maestra. Sobre
lo que fue y es El Salvador, se mueven en la
más completa ignorancia o, lo que es
peor, en una serie de mitos y prejuicios
nocivos. A estos últimos, si se les
pregunta por sus antepasados, hablan de los
mayas; imaginan una especie de paraíso
indio que fue violentamente destrozado por el
genocidio, la rapiña y la forzada
imposición de la religión y la
cultura de los españoles. Y lo curioso es
que los que mantienen esas ideas suelen ser
gente de apellidos españoles y que, por
su aspecto físico tienen poco o nada de
sangre india. No faltan algunos pocos que les
hubiera gustado que la conquista de
Cuscatlán la hubieran hecho los ingleses
o cualquier otro país que no fuera
España, imaginando que así ellos
no estarían ahora en el subdesarrollo,
sin darse cuenta que lo que pasaría en
ese supuesto es que el país sería
otro muy distinto &emdash;mejor o peor&emdash;,
pero que ellos sencillamente no
existirían.
La realidad histórica es muy
diferente. Los mayas ya se habían
aniquilado entre ellos antes de que llegaran los
españoles. Y lo que de maya pudieran
tener algunos salvadoreños es menos
importante que lo que tengan los italianos de
etruscos o los españoles de iberos. Y
además un italiano no se siente etrusco,
ni un español ibero, porque saben que
hubo, después de esos primeros
pobladores, cosas más importantes y
decisivas en la conformación del modo de
ser de sus paisanos.
Antes de los españoles, la
población indígena no pasaba
aquí de tener una cultura sedentaria, ni
mejor ni peor que tantas otras como hubo en
Europa más de 5 millones antes. El
heroico Atlacatl es dudoso que haya existido. Y
El Salvador, guste o no guste, lo cierto es que
nace a la historia con los españoles y
gracias a ellos entró a pertenecer a la
mejor de las culturas: la cultura
cristiano-occidental. Eso sí, con
caracteres propios que le dieron no sólo
el mestizaje racial sino, mucho más
importante, el aporte que la fusión
cultural hispano-india daría a la cultura
del barroco, distinto y equiparable en belleza
con el barroco europeo. Muchos de los pintores,
escultores y constructores del barroco americano
fueron indígenas Y ello se debe muy en
primer lugar a la Iglesia Católica que se
preocupó con un ingente y sacrificado
esfuerzo en enseñar su religión y
sus artes respetando la personalidad y los
gustos de los indios. Muy distinto fue en
Norteamérica, cuando las misiones de los
frailes españoles desaparecieron.
¿Dónde está la cultura
mestiza en los Estados Unidos? No existe ni
existió nunca. Allí la
religión ni convirtió a los indios
ni favoreció el mestizaje ni se opuso al
exterminio.
Cuando se piensa y se escribe que los
españoles impusieron a la fuerza su
religión, lo único que se
demuestra con ello es una supina ignorancia o
una decidida mala conciencia de lo que es esa
religión. Si hay una cosa que no se puede
imponer a la fuerza, es una religión y
mucho menos una tan especial y exigente como el
cristianismo católico. Los
norteamericanos, cuando conquistaron las islas
filipinas, trataron de cambiar dos cosas: el
idioma español, por el inglés, y
la religión católica por su
cristianismo protestante. Tuvieron éxito
con el idioma, no así con la
religión. Y es que la conversión
de cualquier pueblo al catolicismo supone
factores imponderables y algunos francamente
misteriosos. Los historiadores con prejuicio
anticatólico se saltan un hecho
histórico importantísimo en la
conversión de nuestra América al
catolicismo y es la aparición milagrosa
de la Virgen al indio Juan Diego, que supuso un
factor decisivo en la propagación del
catolicismo. Ese hecho, milagroso pero
histórico, está testificado por la
persistencia actual de la imagen de la Virgen de
Guadalupe en la tilma de Juan Diego, que, por el
material de que está hecha, debía
haberse destruido ya hace muchos años y
más aún cuando sufrió el
estallido de la bomba que un revolucionario
fanático le puso a pocos
centímetros del marco.
Los abusos y delitos que la conquista militar
española hizo en América,
además de ser muy inferiores a los que
hicieron los europeos en la América del
Norte y los ingleses y holandeses en Asia, pasan
a ser cosa secundaria cuando se comprueba el
titánico esfuerzo que la Corona
española y su Iglesia Católica
hicieron para incorporar a los países
conquistados a la vanguardia de la cultura de
esa época. Vayan algunos ejemplos. A
pocos años de la conquista por
Hernán Cortés, México
tenía más universidades y otros
centros de cultura que varios países
europeos. Muchos idiomas indígenas, que
eran sólo de tradición oral, sin
escritura, gracias a los religiosos que se
esforzaron por aprenderlo, pasaron a tener
realidad de escritura, ortografía,
gramática y literatura escrita. Y el
precedente más importante del Derecho
Internacional y de los Derechos Humanos lo hizo,
con su "Derecho de Gentes" en favor de los
indios, el fraile dominico español
Francisco de Vitoria.