La
Nota del Día
No son socialistas los
escandinavos
A los buenos y sinceros planificadores y
dirigistas, les pediríamos indicarnos
dónde es que han funcionado con
éxito esos experimentos de
conducción humana
En el mundo entero el mercado, entendido como
sistema económico, goza de esplendorosa
salud, y ha ido derribando las sagradas
fortalezas del dirigismo y el socialismo. Son
muy raros los países con controles de
precios, o que limitan los movimientos de
capitales, o que consideran a los impuestos un
sistema para desvalijar súbditos.
Ya pasamos aquí por regimentaciones,
confiscaciones, crecimiento desmesurado del
aparato estatal y por una asfixiante
interferencia de burócratas en lo que la
gente hace y dispone. Nunca fuimos más
pobres, como cuando el señor Estado se
ocupaba de volvernos prósperos y de
procurar la "justicia social". Al día de
hoy no hemos logrado recuperar los niveles de
ingreso individual que tuvimos en 1978.
No debemos los salvadoreños dejar que
se nos dé gato por liebre con el cuento
de que los países escandinavos -Suecia,
Noruega, Dinamarca- son "socialistas". De
socialistas no tienen nada, ya que son las leyes
de la oferta y la demanda las que determinan los
precios, asignan recursos y hacen triunfar o
fracasar empresas.
Lo que tienen los escandinavos de
"socialistas" se lo deben al mercado. Pues es
gracias a la riqueza que genera la actividad
económica sin tapujos, que pueden los
gobiernos de los tres países repartir una
gran parte de lo que unos producen, para darla a
los que primordialmente consumen. El
benefactorismo, que es muy distinto del
socialismo, es posible, sobre todo, gracias a lo
exitoso de la economía.
¿Triunfó el
socialismo en la S. Montes?
Por el contrario, véase la
devastación causada a los países
por los entes planificadores, los mercados
intervenidos, las regulaciones y los altos
impuestos. La utopía socialista,
representada por la Unión
Soviética y China popular, se
derrumbó de un día a otro. Y
durante casi todo el Siglo XX fueron justamente
los supuestos beneficiados por el sistema, los
obreros, campesinos y estudiantes, los que se
alzaron a combatir el socialismo. Así fue
con las sangrientas insurrecciones en Alemania
Oriental a inicios de los cincuenta; la
húngara, en 1956; la de los checos a
mediados de los sesenta y con los obreros
polacos, en los ochenta. Y cuando tocó
derrumbar esos paraísos del proletariado,
fueron los proletarios los que marchaban a la
cabeza de los movimientos de
liberación.
Dijo Erhard, el estadista que
desmanteló el benefactorismo
alemán levantado por Bismarck e Hitler,
que el ser humano echa abajo los planes y las
proyecciones elaboradas por "ingenieros
sociales". Las más avanzadas computadoras
pueden saber más de mi persona que yo
mismo, señaló, pero ninguna es
capaz de predecir lo que haré
mañana. Y al no poder predecir, la
planificación se derrumba o se impone a
balazo limpio.
Por extensión, los planificadores son
culpables del pecado de la arrogancia, al
suponer que ellos están en mejor
posición para decirle a la gente lo que
tiene que hacer, que lo que la gente misma
disponga. Si el vecino nos dice que en adelante
va a dirigir nuestras vidas, lo tomamos por
loco, pero si afirma estar en la capacidad de
dirigir las vidas de toda la gente, entonces es
un político de izquierda.
A los buenos y sinceros planificadores y
dirigistas, les pediríamos indicarnos
dónde es que han funcionado con
éxito esos experimentos de
conducción humana. Aquí ya los
tuvimos, cuando Osorio, con Duarte y en la
comunidad Segundo Montes.