Lunes 9 de abril de 2001


La Nota del Día
 

No son socialistas los escandinavos

A los buenos y sinceros planificadores y dirigistas, les pediríamos indicarnos dónde es que han funcionado con éxito esos experimentos de conducción humana 

En el mundo entero el mercado, entendido como sistema económico, goza de esplendorosa salud, y ha ido derribando las sagradas fortalezas del dirigismo y el socialismo. Son muy raros los países con controles de precios, o que limitan los movimientos de capitales, o que consideran a los impuestos un sistema para desvalijar súbditos.

Ya pasamos aquí por regimentaciones, confiscaciones, crecimiento desmesurado del aparato estatal y por una asfixiante interferencia de burócratas en lo que la gente hace y dispone. Nunca fuimos más pobres, como cuando el señor Estado se ocupaba de volvernos prósperos y de procurar la "justicia social". Al día de hoy no hemos logrado recuperar los niveles de ingreso individual que tuvimos en 1978.

No debemos los salvadoreños dejar que se nos dé gato por liebre con el cuento de que los países escandinavos -Suecia, Noruega, Dinamarca- son "socialistas". De socialistas no tienen nada, ya que son las leyes de la oferta y la demanda las que determinan los precios, asignan recursos y hacen triunfar o fracasar empresas.

Lo que tienen los escandinavos de "socialistas" se lo deben al mercado. Pues es gracias a la riqueza que genera la actividad económica sin tapujos, que pueden los gobiernos de los tres países repartir una gran parte de lo que unos producen, para darla a los que primordialmente consumen. El benefactorismo, que es muy distinto del socialismo, es posible, sobre todo, gracias a lo exitoso de la economía.

¿Triunfó el socialismo en la S. Montes?

Por el contrario, véase la devastación causada a los países por los entes planificadores, los mercados intervenidos, las regulaciones y los altos impuestos. La utopía socialista, representada por la Unión Soviética y China popular, se derrumbó de un día a otro. Y durante casi todo el Siglo XX fueron justamente los supuestos beneficiados por el sistema, los obreros, campesinos y estudiantes, los que se alzaron a combatir el socialismo. Así fue con las sangrientas insurrecciones en Alemania Oriental a inicios de los cincuenta; la húngara, en 1956; la de los checos a mediados de los sesenta y con los obreros polacos, en los ochenta. Y cuando tocó derrumbar esos paraísos del proletariado, fueron los proletarios los que marchaban a la cabeza de los movimientos de liberación.

Dijo Erhard, el estadista que desmanteló el benefactorismo alemán levantado por Bismarck e Hitler, que el ser humano echa abajo los planes y las proyecciones elaboradas por "ingenieros sociales". Las más avanzadas computadoras pueden saber más de mi persona que yo mismo, señaló, pero ninguna es capaz de predecir lo que haré mañana. Y al no poder predecir, la planificación se derrumba o se impone a balazo limpio.

Por extensión, los planificadores son culpables del pecado de la arrogancia, al suponer que ellos están en mejor posición para decirle a la gente lo que tiene que hacer, que lo que la gente misma disponga. Si el vecino nos dice que en adelante va a dirigir nuestras vidas, lo tomamos por loco, pero si afirma estar en la capacidad de dirigir las vidas de toda la gente, entonces es un político de izquierda.

A los buenos y sinceros planificadores y dirigistas, les pediríamos indicarnos dónde es que han funcionado con éxito esos experimentos de conducción humana. Aquí ya los tuvimos, cuando Osorio, con Duarte y en la comunidad Segundo Montes.


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