Lunes 30 de abril de 2001


Aquí nadie roba
Ironía de titular. Lo sé.

Lo cierto es que la historia es de nunca acabar, sigue dando vueltas y más vueltas en nuestra depredada sociedad.

Por Carlos Hermann Bruch

El Estado paga los "errorcitos" de sus funcionarios que, cuando niños, nunca les enseñaron a no tomar prestado por tiempo indefinido lo que es de otros.

Siempre hay excusas cuando, después de una gestión se descubren anomalías. Pero entonces es muy tarde. Seguramente, a esas alturas, el o los involucrados gozan ya de los frutos de sus vivezas.

Nadie, y me refiero a los encargados oficiales de fiscalizar los bienes de los ciudadanos, es capaz de atrapar a quienes se adueñan de lo ajeno. Que por cierto, suelen quedarse con botines de cifras con muchos ceros.

Poner tras las rejas a quienes se han valido de su puesto público para engrosar sus cuentas privadas, es, aun, una utopía.

Lo poco que se ha visto son los casos FINSEPRO y Crediclub. Y para colmo, con el tiempo terminaron siendo el resultado de una lucha de poderes entre algunos ensañados miembros del partido de gobierno y otros disidentes. Pero no los afamados casos de fraude.

Si hacemos memoria, de los casos de obvias malversaciones de los intereses públicos, que se le tiran en la cara al gobierno, con el tiempo todos terminan por desvanecerse, quedan en el limbo.

En ese limbo se asfixia un pueblo entero, puesto que aquí no ha nacido aún el funcionario con los pantalones necesarios para ordenar la casa.

Es una burla que cada vez que un medio de información destapa -con las suficientes pruebas- las asquerocidades de los que ostentan el poder para masturbarse con él; saltan las excusas, las triquiñuelas legales (abogaditos faltos de ética, compra de jueces) y políticas que se encargan de desvanecer la verdad.

Ahí están los casos FEDEFUT, Madres Demandantes, San Luis Talpa, COQUIN, Seguro Social, franquicia del BMW, FOMIEXPORT, el más reciente, del BFA y muchos más que, de seguirlos nombrando, convertirían esta columna en varios tomos de una colección.

Lo irónico, lo triste, lo preocupante, lo desgarrador, lo que carcome el alma; es que la eterna actitud de los que saben de estos casos, pero que su mal entendida solidaridad (¡cobardía!) no les permite actuar, sigue siendo la actitud de quienes se llenan la boca en las campañas electoreras con frasesitas como: "Nosotros combatiremos la corrupción". Mentira.

E-mail: carloshermann@elsalvador.com


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