- En el
Día del Trabajo
- La
santificación del trabajo
ordinario
- Josemaría
Escrivá de Balaguer*
Describiendo el espíritu del Opus Dei,
al que he dedicado mi vida, he dicho que se
apoya, como en su quicio, en el trabajo
ordinario, en el trabajo profesional ejercido en
medio del mundo. La vocación divina nos
da una misión, nos invita a participar en
la tarea única de la Iglesia, para ser
así testimonio de Cristo ante nuestros
iguales los hombres y llevar todas las cosas
hacia Dios.
La vocación enciende una luz que nos
hace reconocer el sentido de nuestra existencia.
Es convencerse, con el resplandor de la fe, del
porqué de nuestra realidad terrena.
Nuestra vida, la presente, la pasada y la que
vendrá, cobra un relieve nuevo, una
profundidad que antes no sospechábamos.
Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora
su verdadero sitio: entendemos adónde
quiere conducirnos el Señor, y nos
sentimos como arrollados por ese encargo que se
nos confía.
Dios nos saca de las tinieblas de nuestra
ignorancia, de nuestro caminar incierto entre
las incidencias de la historia, y nos llama con
voz fuerte, como un día lo hizo con Pedro
y con Andrés: Venite post me, el faciam
vos fieri piscatores hominum, seguidme y yo os
haré pescadores de hombres, cualquiera
que sea el puesto que en el mundo ocupemos.
El que vive de fe puede encontrar la
dificultad y la lucha, el dolor y hasta la
amargura, pero nunca el desánimo ni la
angustia porque sabe que su vida sirve, sabe
para qué ha venido a esta tierra. Ego sum
lux mundi &emdash;exclamo Cristo&emdash;; qui
sequitur me non ambulat in tenebris, sed habebit
lumen vitae. Yo soy la luz del mundo; el que me
sigue no camina a oscuras, sino que
poseerá la luz de la vida.
Para merecer esa luz de Dios hace falta amar,
tener la humildad de reconocer nuestra necesidad
de ser salvados, y decir con Pedro:
Señor, ¿a quién iremos?
Tú guardas palabras de vida eterna. Y
nosotros hemos creído y conocido que
tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Si
actuamos de verdad así, si dejamos entrar
en nuestro corazón la llamada de Dios,
podremos repetir también con verdad que
no caminamos en tinieblas, pues por encima de
nuestras miserias y de nuestros defectos
personales, brilla la luz de Dios, como el sol
brilla sobe la tempestad.
La fe y la vocación de cristianos
afectan a toda nuestra existencia, y no
sólo a una parte. Las relaciones con Dios
son necesariamente relaciones de entrega, y
asumen un sentido de totalidad. La actitud del
hombre de fe es mirar la vida, con todas sus
dimensiones, desde una perspectiva nueva: la que
nos da Dios. Vosotros, que celebráis hoy
conmigo esta fiesta de San José, sois
todos hombres dedicados al trabajo en diversas
profesiones humanas, formáis diversos
hogares, pertenecéis a tan distintas
naciones, razas y lenguas. Os habéis
educado en aulas de centros docentes o en
talleres y oficinas, habéis ejercido
durante años vuestra profesión,
habéis entablado relaciones profesionales
y personales con vuestros compañeros,
habéis participado en la solución
de los problemas colectivos de vuestras empresas
y de vuestra sociedad.
Pues bien: os recuerdo, una vez más,
que todo eso no es ajeno a los planes divinos.
Vuestra vocación humana es parte, y parte
importante, de vuestra vocación divina.
Esta es la razón por la cual os
tenéis que santificar, contribuyendo al
mismo tiempo a la santificación de los
demás, de vuestros iguales, precisamente
santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente:
esa profesión u oficio que llena vuestros
días, que da fisonomía peculiar a
vuestra personalidad humana, que es vuestra
manera de estar en el mundo; ese hogar, esa
familia vuestra, y esa nación, en la que
habéis nacido y a la que
amáis.
El trabajo acompaña inevitablemente la
vida del hombre sobre la tierra. Con él
aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio:
manifestaciones del dolor y de la lucha que
forman parte de nuestra existencia humana
actual, y que son signos de la realidad del
pecado y de la necesidad de la redención.
Pero el trabajo en sí mismo no es una
pena, ni una maldición o un castigo:
quienes hablan así no han leído
bien la Escritura Santa.
* Fundador del Opus Dei.