- Tema para
meditar
- La corrupción
actual de la libertad
- Luis
Fernández Cuervo*
Las buenas ideas son semilla fecunda de donde
puede nacer todo un floreciente y
fructífero huerto. Las ideas malas, en
cambio, son más mortales que las balas y
de más largo alcance. Ahora vivimos todos
inmersos en una idea equivocada de libertad,
confundiéndola con independencia,
exigiéndole derechos sin querer saber de
deberes, una libertad irresponsable y
prostituida que nos llega de muy lejos, desde el
Siglo de las Luces, ese siglo XVIII, que se
premiaba a sí mismo llamándose
Ilustración, en donde el concepto de
libertad comenzó a separarse primero de
la moral, después de Dios y poco
más tarde, con la Revolución
Francesa se tornaría criminal contra los
propios que la habían adorado y
hará decir a una dama noble, camino de la
guillotina, "¡Libertad, libertad,
¡cuántos crímenes se cometen
en tu nombre!".
La moderna idea de libertad no es propiamente
una mentira, una falsedad, sino algo mucho peor,
algo como lo que decía Chesterton con
paradójico humor de las herejías:
"Son verdades que se han vuelto locas".
Esta libertad nuestra que se ha vuelto loca
es aquella misma niña bonita y sensata
que nació en la Grecia de Pericles, de
Sócrates, de Platón y de
Aristóteles. Pericles, al hablar de las
libertades cívicas, en ningún
momento la divorció de la justicia ni de
la ley ni de la solidaridad ciudadana. En su
eulogio pronunciado en el invierno del
año 431 antes de Cristo, dirá:
"Somos libres y tolerantes en nuestras vidas
privadas pero en lo que atañe a los
asuntos públicos, nos ceñimos a la
ley. Esto se debe a que la ley exige el
más profundo de nuestros respetos"...
"obedecemos las leyes mismas, sobre todo
aquellas que son para la protección de
los oprimidos y aquellas leyes no escritas de
las que se sabe que causa vergüenza
violarlas"...
"No decimos que un hombre al que no le
interese la política sea un hombre que se
concentra en lo que tiene que hacer, decimos que
es un hombre que no tiene nada qué hacer
aquí". Platón tampoco desliga la
libertad de sus lógicas vinculaciones con
la verdad, la virtud, la ley, la bondad Dios.
"Haciéndose justo, el hombre se asimila a
Dios" -dirá en sus famosos
Diálogos- "ya que en Dios reside la ley
eterna por lo que todo se gobierna".
Sócrates pudiendo elegir la libertad de
escaparse de la injusta condena a muerte,
prefiere elegir una muerte digna, honorable,
antes que una libertad corrupta, inconsecuente
con la virtud moral que siempre había
predicado. Aristóteles también
dejará claro en su Ética que la
finalidad de la libertad inteligente, no
está en elegir el poder, el placer o el
dinero, sino en la sabiduría de ser
virtuoso, de saber elegir el bien y la
verdad.
Aquella niña griega creció, se
robusteció y se embellezó
más con la llegada del cristianismo, que
no tendrá que rechazarla sino darle una
mayor precisión y hondura moral y
religiosa ("la Verdad os hará libres", se
lee en el Evangelio) y así, con San
Agustín dirá que la mejor
libertad, el acto más propio y
verdaderamente humano es la aceptación
libre de la voluntad de Dios".
Ya en lo mejor de la Edad Media, esa cumbre
de la Filosofía y la Teología de
todos los tiempos que será Tomás
de Aquino, dirá en su "Suma
Teológica" que el hombre es imagen y
semejanza de Dios, porque al estar dotado de
libre albedrío y dominio sobre sus
acciones puede dirigirse por sí mismo a
su propia perfección.
¿Qué entiende ahora por libertad
la mayoría de la gente, tanto en los
países desarrollados como entre nosotros?
Ahora aquella bella joven es una vieja cien
veces prostituida a quien el licor de la
Ilustración y sus libertinajes la han
vuelto loca. Ahora por libertad la
mayoría entiende que es hacer lo que a
uno le venga en gana, desligándolo de
obligaciones morales, de normas religiosas, de
amor a la verdad y al prójimo. Pero esto
no ocurre sólo en gente de poca cultura,
sino también en muchos de los
científicos, los médicos, los
artistas, los políticos, los dirigentes
internacionales, los centros de difusión
de ideas; para esos muchos, todo vale; no
importan los principios éticos, todo vale
si es eficaz en producir fama, dinero o
poder.
Cornelio Fabro diagnosticará muy bien
esa corrupción de la libertad cuando
escribió que: "faltándole un
fundamento trascendente, la libertad se ha
constituido en objeto y fin de sí misma;
se ha convertido en una libertad vacía,
en una libertad de la libertad, ley de sí
misma porque es libertad sin más ley que
la explosión de los instintos o la
tiranía de la razón absoluta que
se revela después como capricho del
tirano".
Juan Pablo II señalará en su
"Evangelium Vitae" que cuando "la libertad
reniega de sí misma, se autodestruye y se
dispone a la eliminación del otro cuando
no respeta su vínculo constitutivo con la
verdad".
Pero muchos de los Poncio Pilato que pululan
a nuestro alrededor, encogiéndose de
hombros, contestarían a eso diciendo:
-¿Y qué es la verdad?