Lunes 30 de abril de 2001


La Nota del Día
 

Preparando desórdenes

Es de esperar que los trabajadores salvadoreños no caigan en la trampa de la subversión y la lucha de clases

Para mañana martes, día del trabajo, grupos violentos de izquierda programan desmanes y desorden, como preámbulo a nuevas campañas desestabilizadoras del país. Desde hace semanas se vienen conociendo los planes de la izquierda de iniciar una nueva fase en la vida política nacional, centrada en generar confrontación, alentar conflictos sindicales y formular denuncias.

La idea es que cuanto peor esté el país y se entorpezcan los esfuerzos para reconstruir, tanto mejores serán las oportunidades de la izquierda de alcanzar al poder. Y nada desalienta más la inversión y el trabajo, que los desórdenes urbanos y azuzamiento a la lucha de clases.

Historicamente el primero de mayo, instituido por Carlos Marx como "día del trabajo" en honor de su amigo Heinrich Heine, ha sido una fecha idónea para descarrilar la vida social de los conglomerados. El gran desfile del primero de mayo en Moscú fue, a lo largo de los sesenta y tantos años que duró el imperio soviético, la ocasión de mostrar su poderío militar y lanzar refritos de consignas a los partidos clientes en el mundo.

Hasta el momento la izquierda criolla ha fallado en sus intentos de volver a la agitación de la Década de los Setenta en El Salvador, cuando los sindicatos bajo su control (la FUSS) protagonizaron enfrentamientos y huelgas. En una época, cada fin de semana al inicio y casi a diario al final, se montaban manifestaciones, con las que buena parte del centro capitalino quedaba paralizado. Y de manifestaciones "pacíficas" pronto pasaron a provocaciones callejeras, daño a vehículos y comercios e intimadación a transeuntes. En su fase final, previo al ataque sobre el país, los manifestantes iban armados y encapuchados, esforzándose por fabricar mártires, papel que correspondió a pobres estudiantes y jóvenes obreros ideologicamente drogados.

Jugándose su futuro y el de sus hijos

El paso del tiempo ha borrado de la memoria de muchos, entonces niños, las diarias confrontaciones, que hicieron del centro de la capital un sitio peligroso y poco propicio para tener tiendas y negocios. Huyendo del relajo es que oficinas, almacenes, centros de distribución y tiendas se movieron a la periferia. Más tarde, las tomas de empresas y fábricas causaron bancarrotas y cierres, dejando en la calle a decenas de miles de personas, que en una gran proporción emigraron al exterior.

Una medida de lo que puede sobrevenir el martes, la dió la manifestación de hace unas semanas, cuando indivíduos de rostro cubierto bloquearon varias calles de San Salvador, escudándose con niños y mujeres. Similares provocaciones se han montado desde mediados de enero sobre la carretera troncal del norte y en otros pueblos, usando el pretexto de "exigir ayuda para la reconstrucción".

Pero nada perjudicaría más los intereses de los trabajadores y de la ciudadanía, que volver a las tácticas de la violencia y la desestabilización. Lo uno -el desorden y las confrontaciones- puede anular el esfuerzo de poner en pie la economía e ir adelantando en la reconstrucción de lo destruido por los terremotos. Más grave todavía es que puede venirse abajo la promesa del TLC con el bloque económico de Norteamérica, y sus potenciales cientos de miles de nuevos puestos de trabajo.

Es de esperar que los trabajadores salvadoreños no caigan en la trampa de la subversión y la lucha de clases. En juego están sus empleos, sus posibilidades de superación y el futuro de sus hijos.


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