La
Nota del Día
Preparando
desórdenes
Es de esperar que los trabajadores
salvadoreños no caigan en la trampa de la
subversión y la lucha de clases
Para mañana martes, día del
trabajo, grupos violentos de izquierda programan
desmanes y desorden, como preámbulo a
nuevas campañas desestabilizadoras del
país. Desde hace semanas se vienen
conociendo los planes de la izquierda de iniciar
una nueva fase en la vida política
nacional, centrada en generar
confrontación, alentar conflictos
sindicales y formular denuncias.
La idea es que cuanto peor esté el
país y se entorpezcan los esfuerzos para
reconstruir, tanto mejores serán las
oportunidades de la izquierda de alcanzar al
poder. Y nada desalienta más la
inversión y el trabajo, que los
desórdenes urbanos y azuzamiento a la
lucha de clases.
Historicamente el primero de mayo, instituido
por Carlos Marx como "día del trabajo" en
honor de su amigo Heinrich Heine, ha sido una
fecha idónea para descarrilar la vida
social de los conglomerados. El gran desfile del
primero de mayo en Moscú fue, a lo largo
de los sesenta y tantos años que
duró el imperio soviético, la
ocasión de mostrar su poderío
militar y lanzar refritos de consignas a los
partidos clientes en el mundo.
Hasta el momento la izquierda criolla ha
fallado en sus intentos de volver a la
agitación de la Década de los
Setenta en El Salvador, cuando los sindicatos
bajo su control (la FUSS) protagonizaron
enfrentamientos y huelgas. En una época,
cada fin de semana al inicio y casi a diario al
final, se montaban manifestaciones, con las que
buena parte del centro capitalino quedaba
paralizado. Y de manifestaciones
"pacíficas" pronto pasaron a
provocaciones callejeras, daño a
vehículos y comercios e
intimadación a transeuntes. En su fase
final, previo al ataque sobre el país,
los manifestantes iban armados y encapuchados,
esforzándose por fabricar
mártires, papel que correspondió a
pobres estudiantes y jóvenes obreros
ideologicamente drogados.
Jugándose su futuro y
el de sus hijos
El paso del tiempo ha borrado de la memoria
de muchos, entonces niños, las diarias
confrontaciones, que hicieron del centro de la
capital un sitio peligroso y poco propicio para
tener tiendas y negocios. Huyendo del relajo es
que oficinas, almacenes, centros de
distribución y tiendas se movieron a la
periferia. Más tarde, las tomas de
empresas y fábricas causaron bancarrotas
y cierres, dejando en la calle a decenas de
miles de personas, que en una gran
proporción emigraron al exterior.
Una medida de lo que puede sobrevenir el
martes, la dió la manifestación de
hace unas semanas, cuando indivíduos de
rostro cubierto bloquearon varias calles de San
Salvador, escudándose con niños y
mujeres. Similares provocaciones se han montado
desde mediados de enero sobre la carretera
troncal del norte y en otros pueblos, usando el
pretexto de "exigir ayuda para la
reconstrucción".
Pero nada perjudicaría más los
intereses de los trabajadores y de la
ciudadanía, que volver a las
tácticas de la violencia y la
desestabilización. Lo uno -el desorden y
las confrontaciones- puede anular el esfuerzo de
poner en pie la economía e ir adelantando
en la reconstrucción de lo destruido por
los terremotos. Más grave todavía
es que puede venirse abajo la promesa del TLC
con el bloque económico de
Norteamérica, y sus potenciales cientos
de miles de nuevos puestos de trabajo.
Es de esperar que los trabajadores
salvadoreños no caigan en la trampa de la
subversión y la lucha de clases. En juego
están sus empleos, sus posibilidades de
superación y el futuro de sus hijos.