Sábado 28 de abril de 2001




























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Evangelio para domingo

San Juan 21, 1-19

Sígueme

Después de esto, nuevamente se apareció Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Se hizo presente como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael, de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Contestaron: "Vamos también nosotros contigo".

Salieron pues y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era Él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo de comer?". Le contestaron: "Nada". Entonces Jesús les dijo: "Echen la red a la derecha y encontrarán pesca". Echaron la red y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces.

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: "Es el Señor".

Apenas Pedro oyó decir ue era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca. De hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces.

Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red.

Entonces Jesús les dijo: "Vengan a desayunar". Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.

Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?". Contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Le preguntó por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Pedro volvió a contestar: "Sí, Señor, Tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Cuida de mis ovejas".

Insistió Jesús por tercera vez: "Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero". Entonces Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras".

Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: "Sígueme".

Jesús vive en la fe de sus discípulos

"...Se manifestó Jesús otra vez"

El Evangelio de Juan, en sus relatos de resurrección, hace ver que el Señor no es reconocido en el primer contacto, su resurrección no aparece como algo obvio para sus discípulos. Pero Él está ahí, su cuerpo lleva las huellas de la muerte a la que fue sometido, se hace presente para revelar que la vida vence a la muerte. Por eso los invita a comer, compartir una comida expresa vida y fraternidad.

Los profesionales de la pesca fracasaron en una noche de trabajo. En la madrugada se hizo presente Jesús y con su presencia cambió todo: Lo importante es que los encontró unidos, dejaron de lado su autosuficiencia, reconocen su propia debilidad y al escuchar a Jesús renace su fe.

"¿Me amas más que a éstos?"

Hay un camino de fe: el amor. Ante la insistencia de un cuestionamiento que transporta a una realidad pasada, las negaciones, Pedro se tambalea; pero es Jesús mismo quien lo fortalece dándole un encargo que es fundado en el amor. "Apacienta mis ovejas...". ¡Esa es la misión: Evangelizar!

"¡Sígueme!"

Este imperativo es un mandato de Jesús a Pedro y a todo el que después de él quiere ser su discípulo: Seguirlo no es otra cosa que tomar el mismo camino suyo, es incondicionalidad, es fidelidad...

"Y nosotros..."

Es tarea espiritual de todos los que nos profesamos discípulos o seguidores de Jesús, descubrir su presencia resucitada, aunque invisible, porque ella puede inspirar nuevos métodos de trabajo y llenar de alegría fecunda nuestra vida. Basta ejecutar nuestros trabajos en su nombre, a ejemplo de los discípulos del relato de hoy.

Sí es indispensable la fe, fe absoluta en la persona de Jesús que se perfecciona cuando se vuelve seguimiento.

"Las relaciones de Jesús con la humanidad empiezan siempre con un 'sígueme'. No existe programa ni camino previo; no hay un ideal perfilado ni norma escrita a la que adaptarse. Los pescadores se convertirán en 'pescados'. Y nadie puede llamarse a sí mismo pretendiendo reemplazar esa llamada con otras iniciativas propias. La única pregunta es y seguirá siendo: "¿me amas?".

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb





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