Lunes 2 de abril de 2001


Katya Miranda: la deuda pendiente del sistema penal

Una familia sedienta de justicia, fiscales derrotados y el silencio de las autoridades es lo que queda después de dos años de la muerte de la niña Katya Natalia Miranda, asesinada el Sábado de Gloria de 1999 en la playa Los Blancos, La Paz

María T. Pérez
El Diario de Hoy

El asesinato de la niña Katya Natalia Miranda, ocurrido el 4 de abril de 1999, se ha convertido, como muchos casos, en una deuda pendiente del sistema penal de El Salvador.

El próximo miércoles se cumplirán dos años del horrendo asesinato y, a pesar de que la Fiscalía General de la República tomó como un punto de honor resolver el caso, lo cierto es que hasta hoy, después de la liberación de los Miranda y sus mozos, no se sabe cuál es el rumbo de las investigaciones.

Carlos y Edwin Miranda, abuelo y padre de Katya, de manera respectiva, así como dos mozos del primero, fueron detenidos en enero de 2000. El primero, por violación y homicidio; el segundo, por abandono, y los mozos, por encubrimiento.

Los cuatro, después de seis meses de prisión, fueron liberados provisionalmente de los cargos, ya que la Fiscalía no logró comprobarles ningún grado de culpabilidad hasta la etapa de instrucción.

La Fiscalía prefiere no hablar sobre el caso. Uno de los fiscales que investigó la muerte de la niña, Oscar Castro, dijo que no tenía autorización para referirse al caso.

Asimismo, en un intento por conocer cuál ha sido el rumbo de las investigaciones desde la liberación de los Miranda y los mozos, se llameo por teléfono al Fiscal General, Belisario Artiga, pero tampoco respondió al igual que su secretario general y vocero oficial, Mario Alberto Salamanca.

La Fiscalía no pudo probar que el abuelo de Katya, Carlos, había cometido el asesinato.

Tampoco pudo probar que el padre de la niña, Edwin, había abandonado a su hija el día de la tragedia en la playa.

El silencio de los mozos fue el peor enemigo de la Fiscalía, que buscaba procesarlos por encubrimiento del crimen.

Dolor y olvido

La turbulencia criminal que azota al país no ha dejado espacio para que el caso sea, como en el principio, un punto importante en la agenda de las autoridades.

No se sabe si los liberados aún son considerados los principales sospechoso de la tragedia que marcó a la familia Miranda Jiménez.

La niña Katya se ha convertido en el símbolo de la tragedia y al mismo tiempo del olvido en que muchos casos quedan cuando las autoridades fracasan ante el sistema judicial del país.

La madre de Katya, quien parecía ser la única interesada en conseguir justicia, emigró para vivir lejos su dolor. En tanto, los Miranda tratan de recobrar el tiempo perdido y llevar una vida normal (ver nota aparte).


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