Katya Miranda: la
deuda pendiente del sistema penal
Una familia sedienta de justicia, fiscales
derrotados y el silencio de las autoridades es
lo que queda después de dos años
de la muerte de la niña Katya Natalia
Miranda, asesinada el Sábado de Gloria de
1999 en la playa Los Blancos, La Paz
- María
T. Pérez
- El Diario
de Hoy
El
asesinato de la niña Katya Natalia
Miranda, ocurrido el 4 de abril de 1999, se ha
convertido, como muchos casos, en una deuda
pendiente del sistema penal de El Salvador.
El próximo miércoles se
cumplirán dos años del horrendo
asesinato y, a pesar de que la Fiscalía
General de la República tomó como
un punto de honor resolver el caso, lo cierto es
que hasta hoy, después de la
liberación de los Miranda y sus mozos, no
se sabe cuál es el rumbo de las
investigaciones.
Carlos y Edwin Miranda, abuelo y padre de
Katya, de manera respectiva, así como dos
mozos del primero, fueron detenidos en enero de
2000. El primero, por violación y
homicidio; el segundo, por abandono, y los
mozos, por encubrimiento.
Los cuatro, después de seis meses de
prisión, fueron liberados
provisionalmente de los cargos, ya que la
Fiscalía no logró comprobarles
ningún grado de culpabilidad hasta la
etapa de instrucción.
La Fiscalía prefiere no hablar sobre
el caso. Uno de los fiscales que
investigó la muerte de la niña,
Oscar Castro, dijo que no tenía
autorización para referirse al caso.
Asimismo, en un intento por conocer
cuál ha sido el rumbo de las
investigaciones desde la liberación de
los Miranda y los mozos, se llameo por
teléfono al Fiscal General, Belisario
Artiga, pero tampoco respondió al igual
que su secretario general y vocero oficial,
Mario Alberto Salamanca.
La Fiscalía no pudo probar que el
abuelo de Katya, Carlos, había cometido
el asesinato.
Tampoco pudo probar que el padre de la
niña, Edwin, había abandonado a su
hija el día de la tragedia en la
playa.
El silencio de los mozos fue el peor enemigo
de la Fiscalía, que buscaba procesarlos
por encubrimiento del crimen.
Dolor y olvido
La turbulencia criminal que azota al
país no ha dejado espacio para que el
caso sea, como en el principio, un punto
importante en la agenda de las autoridades.
No se sabe si los liberados aún son
considerados los principales sospechoso de la
tragedia que marcó a la familia Miranda
Jiménez.
La niña Katya se ha convertido en el
símbolo de la tragedia y al mismo tiempo
del olvido en que muchos casos quedan cuando las
autoridades fracasan ante el sistema judicial
del país.
La madre de Katya, quien parecía ser
la única interesada en conseguir
justicia, emigró para vivir lejos su
dolor. En tanto, los Miranda tratan de recobrar
el tiempo perdido y llevar una vida normal (ver
nota aparte).