Miércoles 18 de abril de 2001


¿Adónde van?

Adónde van las palabras que no se quedaron/adónde van las miradas que un día partieron/acaso flotan eternas como prisioneras de un ventarrón/o se acurrucan entre las rendijas buscando calor./Acaso ruedan entre los cristales/cual gotas de lluvia que quieren pasar/acaso nunca vuelven a ser algo?/acaso se van y adónde van, adónde van?" (Silvio Rodríguez).

Por Janet Cienfuegos O.

¿Hay acaso un cementerio para las palabras?¿Cómo se desechan?... Un te amo se queda grabado, un adiós no sé adónde va...

"En qué estarán convertidos mis viejos zapatos/adónde fueron a dar tantas hojas de un árbol/por dónde están las angustias/que desde tus ojos rodaron por mi/adónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril".

De los zapatos ha quedado el recuerdo descansando en mis pies, de las hojas ha quedado el árbol, que sigue parado a pesar de que yo me he ido cada vez; las angustias no se quisieron ir, siguen alli marcadas, latentes, "las he perdonado, olvidarlas jamás".

Las palabras sucias no siempre se pronunciaron, pero se pensaron y eso es igual...

"Adónde van ahora mismo estos cuerpos que pueden nunca dejar de alumbrar/acaso nunca vuelven a ser algo?/acaso se van y adónde van, adónde van?/Adonde va lo común/lo de todos los días/el descalzarse en la puerta/la mano amiga/ adónde va la sorpresa/casi cotidiana del atardecer/adónde va el mantel de la mesa/el café de ayer./Adónde van los pequeños/terribles encantos que tiene el hogar/acaso nunca vuelven a ser algo?/acaso se van y adónde van, adónde van".

Los cuerpos se quedan atados, a la tierra, al recuerdo; prefiero quedarme con eso que se llama común, de todos los días, el aburrimiento, el viento en la cara, la respiración... Los pies que desnudos contactan la tierra, la tierra que suelta, corre de aquí para alla.

La mano amiga es savia que endulza el recuerdo, es el saber que no se está solo, es reconocer que hay almas que en ésta y alguna otra vida se vuelven a ver.

Disfruto del sol cuando me enseña el fuego, en las horas tibias del atardecer, su imagen tan bella me queda guardada, clemente me espera hasta volverlo a ver.

Adónde se queda el olor del mar después de que, extasiada, aspiro su sal?... Me llena y se va conmigo, al igual que el sol, dándome la espera hasta frente a él mirarme otra vez.

Son cosas sencillas las que valen más, las complicadas no las quiero: mentiras y cosas que en lugar de irse, de alejarse al sitio que nadie conoce, marchitan el alma y vuelven por más.


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