¿Adónde
van?
Adónde van las palabras que no se
quedaron/adónde van las miradas que un
día partieron/acaso flotan eternas como
prisioneras de un ventarrón/o se
acurrucan entre las rendijas buscando
calor./Acaso ruedan entre los cristales/cual
gotas de lluvia que quieren pasar/acaso nunca
vuelven a ser algo?/acaso se van y adónde
van, adónde van?" (Silvio
Rodríguez).
Por Janet
Cienfuegos O.
¿Hay
acaso un cementerio para las
palabras?¿Cómo se desechan?... Un te
amo se queda grabado, un adiós no
sé adónde va...
"En qué estarán convertidos mis
viejos zapatos/adónde fueron a dar tantas
hojas de un árbol/por dónde
están las angustias/que desde tus ojos
rodaron por mi/adónde fueron mis palabras
sucias de sangre de abril".
De los zapatos ha quedado el recuerdo
descansando en mis pies, de las hojas ha quedado
el árbol, que sigue parado a pesar de que
yo me he ido cada vez; las angustias no se
quisieron ir, siguen alli marcadas, latentes,
"las he perdonado, olvidarlas jamás".
Las palabras sucias no siempre se
pronunciaron, pero se pensaron y eso es
igual...
"Adónde van ahora mismo estos cuerpos
que pueden nunca dejar de alumbrar/acaso nunca
vuelven a ser algo?/acaso se van y adónde
van, adónde van?/Adonde va lo
común/lo de todos los días/el
descalzarse en la puerta/la mano amiga/
adónde va la sorpresa/casi cotidiana del
atardecer/adónde va el mantel de la
mesa/el café de ayer./Adónde van
los pequeños/terribles encantos que tiene
el hogar/acaso nunca vuelven a ser algo?/acaso
se van y adónde van, adónde
van".
Los cuerpos se quedan atados, a la tierra, al
recuerdo; prefiero quedarme con eso que se llama
común, de todos los días, el
aburrimiento, el viento en la cara, la
respiración... Los pies que desnudos
contactan la tierra, la tierra que suelta, corre
de aquí para alla.
La mano amiga es savia que endulza el
recuerdo, es el saber que no se está
solo, es reconocer que hay almas que en
ésta y alguna otra vida se vuelven a
ver.
Disfruto del sol cuando me enseña el
fuego, en las horas tibias del atardecer, su
imagen tan bella me queda guardada, clemente me
espera hasta volverlo a ver.
Adónde se queda el olor del mar
después de que, extasiada, aspiro su
sal?... Me llena y se va conmigo, al igual que
el sol, dándome la espera hasta frente a
él mirarme otra vez.
Son cosas sencillas las que valen más,
las complicadas no las quiero: mentiras y cosas
que en lugar de irse, de alejarse al sitio que
nadie conoce, marchitan el alma y vuelven por
más.