Miércoles 18 de abril de 2001


La Unión
Miseria tortura infancia unionense

El riesgo social es pan para miles de niños. En La Unión, la policía cree que solo un 40% de los menores puede ser rescatado. El resto sufre la miseria y el abandono en silencio

Evelyn Granados
El Diario de Hoy

Bajo llave. La casa estaba cerrada. El equipo de Bomberos regional oriente se vio obligado a entrar por el tejado. Abajo, cuatro niños los aguardaban. La vivienda no se incendiaba. Las autoridades tenían la misión de rescatar a los menores del abandono en que los tenía su madre.

La realidad de los pequeños fue conocida por las autoridades mediante varias denuncias que hicieron vecinos. A diario, la División de Familia de la Policía Nacional Civil (PNC) en La Unión registra de 12 a 15 casos de niños maltratados o abandonados.

Esa vez, los pequeños estaban solos, desnutridos. Los denunciantes argumentaron que la madre los dejaba bajo llave y se iba. Entrada la tarde, regresaba. La lógica hacía pensar que los cuatro hermanitos se las ingeniaban para jugar y olvidarse del hambre.

Ese día, los bomberos rompieron la rutina. César Augusto Manzano, de la División de Familia, recuerda que, al llegar, el niño de seis años calentaba agua para darles a sus hermanitos, diciéndoles que era sopita. "Ellos no se mostraron asustados, al contrario, parecían agradecidos... eso no es hacer un mal, es nuestro trabajo", enfatizó el agente.

Los hermanitos, de ocho, seis, tres y año y medio, son hijos de una mujer que se gana la vida vendiendo bolsas de mango picado en el mercado de La Unión.

Se marchaba y dejaba los niños encerrados, por la falta de cooperación de sus familiares y el miedo a que alguien les hiciera daño.

La angustia

Cuando la madre regresó a casa el día del rescate, no encontró a sus hijos. Asustada, preguntó a los vecinos, quienes le informaron lo ocurrido.

La angustiada madre llegó hasta la policía y pudo ver cómo los niños eran trasladados hacia un hogar sustituto, por orden del Juzgado de Familia. Ella trató de impedirlo, pero fue inútil. Los agentes no la dejaron.

Al siguiente día, la mujer llegó hasta el tribunal y solicitó audiencia con la juez a cargo, Lic. Maritza Santos. La madre suplicó a la operadora de justicia le devolvieran a sus hijos. Ella contó que no tenía nadie con quien dejarlos, pero se comprometió a buscar ayuda y no dejar solos a los pequeños. Asimismo, se asignó un equipo multidisciplinario para verificar que la madre cumpliera lo prometido.

Las autoridades comprobaron que los menores no eran abusados ni maltratados. Su calvario es producto de la miseria en la que habitan. Los niños regresaron con su madre. Los cuatro lloraron de felicidad al verla. Querían estar con ella.

La decisión del juzgado no fue compartida por los policías de Familia. "Hicimos lo correcto y lo mejor de nosotros, lo demás queda bajo responsabilidad del juzgado", acotó Manzano.

Lo cumplió

Dos semanas han transcurrido desde aquel día y, hasta la fecha todo se está cumpliendo de forma gradual. Casos como éstos, a diario se conocen en la policía. Ellos, junto al Juzgado de Familia, han creado un programa especial para menores en riesgo social, el cual les permite enfrentar la falta de un Instituto Salvadoreño de Protección al Menor en ese departamento. Los hogares sustitutos albergan a esos pequeños.

El ISPM tiene presencia solo en San Miguel y en varios municipios donde funcionan los Centros de Bienestar Infantil (CBI). Los niños rescatados en La Unión no son recibidos, en su mayoría, por falta de espacio. En la actualidad, el ISPM funciona en un local temporal, debido a que el terremoto de enero destruyó la infraestructura.


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