La
Unión
Miseria tortura
infancia unionense
El riesgo social es pan para miles de
niños. En La Unión, la
policía cree que solo un 40% de los
menores puede ser rescatado. El resto sufre la
miseria y el abandono en silencio
- Evelyn
Granados
- El Diario
de Hoy
Bajo
llave. La casa estaba cerrada. El equipo de
Bomberos regional oriente se vio obligado a
entrar por el tejado. Abajo, cuatro niños
los aguardaban. La vivienda no se incendiaba.
Las autoridades tenían la misión
de rescatar a los menores del abandono en que
los tenía su madre.
La realidad de los pequeños fue
conocida por las autoridades mediante varias
denuncias que hicieron vecinos. A diario, la
División de Familia de la Policía
Nacional Civil (PNC) en La Unión registra
de 12 a 15 casos de niños maltratados o
abandonados.
Esa vez, los pequeños estaban solos,
desnutridos. Los denunciantes argumentaron que
la madre los dejaba bajo llave y se iba. Entrada
la tarde, regresaba. La lógica
hacía pensar que los cuatro hermanitos se
las ingeniaban para jugar y olvidarse del
hambre.
Ese día, los bomberos rompieron la
rutina. César Augusto Manzano, de la
División de Familia, recuerda que, al
llegar, el niño de seis años
calentaba agua para darles a sus hermanitos,
diciéndoles que era sopita. "Ellos no se
mostraron asustados, al contrario,
parecían agradecidos... eso no es hacer
un mal, es nuestro trabajo", enfatizó el
agente.
Los hermanitos, de ocho, seis, tres y
año y medio, son hijos de una mujer que
se gana la vida vendiendo bolsas de mango picado
en el mercado de La Unión.
Se marchaba y dejaba los niños
encerrados, por la falta de cooperación
de sus familiares y el miedo a que alguien les
hiciera daño.
La angustia
Cuando la madre regresó a casa el
día del rescate, no encontró a sus
hijos. Asustada, preguntó a los vecinos,
quienes le informaron lo ocurrido.
La angustiada madre llegó hasta la
policía y pudo ver cómo los
niños eran trasladados hacia un hogar
sustituto, por orden del Juzgado de Familia.
Ella trató de impedirlo, pero fue
inútil. Los agentes no la dejaron.
Al siguiente día, la mujer
llegó hasta el tribunal y solicitó
audiencia con la juez a cargo, Lic. Maritza
Santos. La madre suplicó a la operadora
de justicia le devolvieran a sus hijos. Ella
contó que no tenía nadie con quien
dejarlos, pero se comprometió a buscar
ayuda y no dejar solos a los pequeños.
Asimismo, se asignó un equipo
multidisciplinario para verificar que la madre
cumpliera lo prometido.
Las autoridades comprobaron que los menores
no eran abusados ni maltratados. Su calvario es
producto de la miseria en la que habitan. Los
niños regresaron con su madre. Los cuatro
lloraron de felicidad al verla. Querían
estar con ella.
La decisión del juzgado no fue
compartida por los policías de Familia.
"Hicimos lo correcto y lo mejor de nosotros, lo
demás queda bajo responsabilidad del
juzgado", acotó Manzano.
Lo cumplió
Dos semanas han transcurrido desde aquel
día y, hasta la fecha todo se está
cumpliendo de forma gradual. Casos como
éstos, a diario se conocen en la
policía. Ellos, junto al Juzgado de
Familia, han creado un programa especial para
menores en riesgo social, el cual les permite
enfrentar la falta de un Instituto
Salvadoreño de Protección al Menor
en ese departamento. Los hogares sustitutos
albergan a esos pequeños.
El ISPM tiene presencia solo en San Miguel y
en varios municipios donde funcionan los Centros
de Bienestar Infantil (CBI). Los niños
rescatados en La Unión no son recibidos,
en su mayoría, por falta de espacio. En
la actualidad, el ISPM funciona en un local
temporal, debido a que el terremoto de enero
destruyó la infraestructura.