Miércoles 18 de abril de 2001


Ministerio Espiga
Dios y los derechos de autor
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

Nos ha tocado vivir una época en la que el hombre reclama su autonomía, sus derechos humanos, su libertad, y es común oír expresiones como estas: "No me digan nada", "nadie tiene que decirme lo que debo hacer". Las mismas canciones modernas reflejan el sentir de nuestros contemporáneos:

 

"Me vale lo que piense la gente de mí...

A mí me vale, vale, me vale todo..."

(Canta Maná)

Y con esta forma de pensar el hombre se acerca a la naturaleza y en lugar de respetar humildemente sus leyes trata de manipularlas, alterarlas, dominarlas... sin detenerse a pensar en las consecuencias que traerá el estar rompiendo el orden natural de las cosas.

En una palabra el hombre ya no siente "Criatura"; ahora él es "El Creador".

La familia se ha convertido en un campo de ensayo, en un laboratorio más, en lo que el hombre pone en práctica sus teorías, tales como el divorcio, el aborto, la eutanasia, la clonación, el amor libre, el matrimonio homosexual, los matrimonios abiertos (donde un grupo establecido puede intercambiar su pareja) y espero que no se le ocurra legalizar las relaciones sexuales entre seres humanos y animales...

En esta cultura del placer; en esta civilización utilitarista como nos dice el Papa Juan Pablo II: La persona se encuentra en peligro y a su vez está en peligro la familia.

Lo que estamos viviendo es semejante a lo que nos narra el libro del Éxodo:

"Extendió pues Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas el todo el país de Egipto, no se veían unos a otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días, mientras que todos los israelitas tenían luz en sus moradas". (Éxodo 10, 22-23)

En el mismo país hay dos tipos de familias, las egipcias y las israelitas. ¿Cuál es la diferencia?

Muy sencilla, unas están en tinieblas y las otras tienen luz.

¿De qué lado queremos estar? ¿Vamos a construir nuestra vida familiar sin tomar en cuenta la luz de Dios? ¿Vamos a decidir por nosotros mismos qué hacer con el matrimonio y la familia?

Con cuanta sabiduría los obispos de América Latina nos dicen: "El matrimonio y la familia en el proyecto original de Dios son instituciones de origen divino y no producto de la voluntad humana..." (Santo Domingo 211)

Lo menos que podemos hacer es reconocer con humildad los "Derechos de autor" de Dios. Cuanto se habla de los derechos humanos, de los "Derechos Divinos" y reconocer que el matrimonio y la familia por ser instituciones de origen Divino, tienen leyes y principios establecidos por su Creador.

Desconocer esas leyes o ignorar los principios, peor aún a pesar de conocerlos no respetarlos, tiene consecuencias tan desastrosas como las que estamos viviendo.


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