Palabras
Morir un poco al decir
adiós
Carlos
Balaguer
Recuerdo la primera vez que tú y yo
nos separamos. Fueron seis días de una
lejana vacación. Entonces supiste que me
amabas cuando rubio era el sol, azul el
ruiseñor, dulce el beso y amarillas las
palabras. Era la primera vez que
jugábamos a "yo seré un planeta y
tú el otro", sin saber que los planetas
no se pueden alcanzar el uno al otro, sino
solamente enviarse su luz y sus promesas.
Entonces quise ser lo que tanto deseabas,
pero yo tenía cojo el corazón o,
por lo menos, mi corazón no era la
estrella que anhelabas.
"Sóplame en la oreja y te
seguiré a cualquier parte", dice una
antigua superstición rumana.
Tú soplaste mi oreja y, por eso, desde
entonces te sigo en el tiempo a cualquier parte;
aunque no lo sepas, allí estoy yo
detrás de ti. Tal vez sientas acaso una
brisa que te sigue en la arboleda, tú
dirás, ¿Qué es este viento
enamorado que me sigue? Y no sabrás que
este viento soy yo, naciendo en los ramajes,
creciendo en la montaña para llegar a ti,
sumiso y tibio...
El corazón deja de brillar en el cielo
la estrella que más amó deja de
palpitar. Cuando hay hechizo ambos viven y dejan
de vivir al unísono.
Y tú soplaste mi oreja, sin saber que
yo no era, tal vez, aquel que esperó tu
corazón. Pero el hechizo y el juego de
planetas ya estaban hechos. Ya no
podíamos deshacer el juego y regresar en
el tiempo.
Día a Día
Es obvio que el mercado no es culpable de los
terremotos, de la falta de previsión
frente a los desastres, o de las medidas que
poco o nada hacen para reactivar la
economía. Por resistencia política
es que no se procedió con la
modernización del Estado y se dejó
pasar mucho tiempo antes de enmendar las leyes
penales. Recuérdese que la no
aprobación de los presupuestos
públicos fue uno de los detonantes del
notorio descenso en la actividad
económica del país.
Para el mercado es gravísima la
terrible inseguridad que se ha apoderado del
país, al distorsionar los mecanismos con
que la gente compra, intercambia, produce y
mueve. ¡Sólo hay que considerar el
costo que representa para las empresas, sostener
sus aparatos de seguridad! A esto hay que sumar
los perniciosos efectos de la delincuencia, que
van desde botar precios a causa del contrabando,
hasta las pérdidas por robos de
mercadería, de vehículos y de
furgones.