Miércoles 18 de abril de 2001


Palabras
Morir un poco al decir adiós
Carlos Balaguer

Recuerdo la primera vez que tú y yo nos separamos. Fueron seis días de una lejana vacación. Entonces supiste que me amabas cuando rubio era el sol, azul el ruiseñor, dulce el beso y amarillas las palabras. Era la primera vez que jugábamos a "yo seré un planeta y tú el otro", sin saber que los planetas no se pueden alcanzar el uno al otro, sino solamente enviarse su luz y sus promesas.

Entonces quise ser lo que tanto deseabas, pero yo tenía cojo el corazón o, por lo menos, mi corazón no era la estrella que anhelabas.

"Sóplame en la oreja y te seguiré a cualquier parte", dice una antigua superstición rumana.

Tú soplaste mi oreja y, por eso, desde entonces te sigo en el tiempo a cualquier parte; aunque no lo sepas, allí estoy yo detrás de ti. Tal vez sientas acaso una brisa que te sigue en la arboleda, tú dirás, ¿Qué es este viento enamorado que me sigue? Y no sabrás que este viento soy yo, naciendo en los ramajes, creciendo en la montaña para llegar a ti, sumiso y tibio...

El corazón deja de brillar en el cielo la estrella que más amó deja de palpitar. Cuando hay hechizo ambos viven y dejan de vivir al unísono.

Y tú soplaste mi oreja, sin saber que yo no era, tal vez, aquel que esperó tu corazón. Pero el hechizo y el juego de planetas ya estaban hechos. Ya no podíamos deshacer el juego y regresar en el tiempo.


Día a Día

Es obvio que el mercado no es culpable de los terremotos, de la falta de previsión frente a los desastres, o de las medidas que poco o nada hacen para reactivar la economía. Por resistencia política es que no se procedió con la modernización del Estado y se dejó pasar mucho tiempo antes de enmendar las leyes penales. Recuérdese que la no aprobación de los presupuestos públicos fue uno de los detonantes del notorio descenso en la actividad económica del país.

Para el mercado es gravísima la terrible inseguridad que se ha apoderado del país, al distorsionar los mecanismos con que la gente compra, intercambia, produce y mueve. ¡Sólo hay que considerar el costo que representa para las empresas, sostener sus aparatos de seguridad! A esto hay que sumar los perniciosos efectos de la delincuencia, que van desde botar precios a causa del contrabando, hasta las pérdidas por robos de mercadería, de vehículos y de furgones.


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