El
"menos peor" de los sistemas
La magia, la
democracia y el amor
Joaquín
Villalobos*
Oxford,
Inglaterra. ¿Cómo puede la
democracia traducirse en desarrollo? En tanto la
democracia no reparte comida, sino que
distribuye el poder y pone las reglas de la
competencia política, es razonable dudar
si puede sacar de la pobreza a los
salvadoreños. La excesiva carga
ideológica, una visión demasiado
estrecha del tiempo y las heridas de la guerra y
de los reacomodos de la posguerra, bloquean
juicios promedio suficientemente objetivos,
serios y serenos.
Algunos análisis tienen sobredosis
emocional, excesiva prisa o se basan más
en mitos que en información real y
conocimientos. La guerra nos dejó
más combatientes y activistas que
pensadores. Se juzga a quien opina y no la
opinión, no se ven los procesos, sino los
hechos inmediatos. Se escribe, comenta o critica
de acuerdo con desconfianzas del pasado o los
fracasos individuales ante un país
transformado. En la izquierda y en la derecha
hay quienes no ven al país, sino su
agenda de resentimientos personales.
En un artículo anterior, quien escribe
se atrevió a decir que El Salvador
tenía mejores posibilidades de progreso
que Cuba. Allí no se repartió el
poder, sino la comida y, aparentemente, se
redujo la pobreza. En nuestro país,
algunos en la derecha tienen nostalgia de cuando
gobernaban sin oposición y otros en la
izquierda están frustrados porque la
lucha revolucionaria no acabó con la
pobreza, y sin explicar en qué consisten,
proponen "cambios estructurales" que
permitirían alcanzar la felicidad
permanente o "socialismo"f. Esta creencia es la
diferencia fundamental entre la
revolución democrática negociada
salvadoreña y la revolución
cubana.
Cualquier sociedad es heterogénea en
todos los aspectos de su vida &emdash;social,
política, cultural y
económica&emdash;. Las dictaduras crean
homogeneidad temporal, uniendo y dividiendo por
la fuerza. Los países comunistas, que
supuestamente eran el reino de la
dialéctica marxista, no tenían la
contradicción como principio rector de su
sistema. Esta fue la diferencia esencial con la
izquierda socialdemócrata que siempre
aceptó el mercado y la democracia. Cuba
ha entrado irreversiblemente a la
economía de mercado, aunque mantenga
todavía una fuerte intervención
del Estado. Los dirigentes cubanos simpatizan
con los grandes capitalistas, siempre que
éstos no sean cubanos.
Aceptar el mercado supone que el desarrollo,
al mismo tiempo que empuja a la
concentración de la riqueza, necesita
distribuir los productos, de allí emergen
intereses y clases distintas. Patrones y
trabajadores, productores y consumidores,
guardan al mismo tiempo una relación
complementaria y opuesta. El debate sobre
cómo resolver o aprovechar este conflicto
a favor del progreso, crea una sociedad con
visiones diferentes sobre la naturaleza del
hombre y la concepción del bien, y de
ello derivan las corrientes políticas.
Nadie se puede escapar del mercado, ni de las
contradicciones que éste crea, por lo
tanto jamás pensaremos todos igual y
cualquier mayoría será temporal.
La solución entonces no es resolver la
pobreza por decreto, sino organizar una sociedad
justa y una cooperación duradera entre
individuos y grupos que tienen convicciones y
creencias distintas. Este es el camino
más corto, seguro y científico al
desarrollo.
Es verdad que la pobreza ha hecho emigrar a
millones de salvadoreños a los Estados
Unidos, pero no existe un solo compatriota que
por sus ideas políticas no pueda vivir en
el país. Los salvadoreños que
viven en los Estados Unidos son para nosotros
una ventaja, los cubanos que viven en Miami son
para Cuba una amenaza. La democracia no se
consolida si no resuelve la pobreza, como
ocurrió en casos donde regresaron
dictaduras, pero es peor si al atraso se suma la
falta de libertades políticas. Las
revoluciones ocurrieron fundamentalmente por la
falta de democracia y no por la pobreza. La
caída del Muro de Berlín es otro
ejemplo.
Los izquierdistas del mundo no perdonaron los
70 años al PRI de México, a pesar
de que éste ayudó a la izquierda.
Igualmente rebuscan, sin encontrar, violaciones
a los derechos humanos en El Salvador. Sin
embargo, la supuesta inexistencia de pobres en
Cuba, los hace perdonar 40 años sin
libertades y la corrupción que provoca la
doble moral del sistema. Prefieren una
solución social temporal impuesta, a una
duradera dialécticamente construida;
subvaloran las libertades políticas y no
ven la relación de éstas con el
progreso. Por ello el FMLN se opone a todo y
pareciera querer gobernar desde la
oposición.
En Cuba las críticas son consideradas
ofensas o ingratitudes, nosotros estamos
aprendiendo que hasta los más duros
críticos son importantes. La real
política se rige por lo posible y los
grupos de presión se encargan de recordar
los puntos del medioambiente, las
minorías, el género, la cultura o
las libertades que responden a lo necesario.
Imaginemos un "Marcos" cubano en La Habana,
movido por la causa de la palabra. Jamás
puede considerarse la crítica como
inútil, aunque se deben contrarrestar con
argumentos los efectos negativos de su ejercicio
extremista, sobre todo si propone la violencia
como método, ya sea en El Salvador o
Cuba. Por algo, la libertad de expresión
es la más importante de todas las
libertades, de ella depende que se conozcan las
demandas sociales y el máximo despliegue
del talento creativo en todas sus
manifestaciones.
La derecha salvadoreña se ha
modernizado como consecuencia del avance
electoral de la izquierda y pronto
ocurrirá lo mismo con la izquierda; la
corrupción se ha reducido por la
fiscalización de la prensa y los grupos
de presión obligaron a considerar temas
ambientales. No destruir totalmente el modelo
anterior es la lección de El Salvador,
que aplicada ahora a Cuba sería no
destruir todo lo bueno hecho por la
revolución, y este es el camino que
felizmente está siguiendo México.
Avanzar por la lucha de contrarios y no por el
silencio de uno de estos, como ocurría en
las revoluciones populares o en las dictaduras
militares. La sociedad aprende así a ser
cada vez más solidaria con los pobres,
sin afectar las libertades que se necesitan para
generar riqueza. Si las grandes huelgas de
finales de los 60's hubieran culminado en
negociaciones y compromisos serios y en 1972 se
hubiera dejado gobernar a la oposición,
nos habríamos ahorrado una guerra y
seríamos ahora un país mejor.
La democracia resuelve la pobreza a partir de
soluciones que surgen de la competencia de
intereses opuestos, obligando a consensos
básicos, manifiestos en avances
institucionales y cambios de calidad. Sabiendo
que la sociedad no será jamás
homogénea y que sus conflictos
persistirán siempre, no se puede resolver
la pobreza imponiendo verdades propias, por muy
justas que parezcan. La idea de un
paraíso permanente es una idea religiosa,
lo terrenal es que nunca se terminan los
problemas, ni las amenazas, por eso la
democracia se reconoce ella misma como
imperfecta, pero capaz de hacer cada vez mejor a
una sociedad. En conclusión: si la
pobreza no se puede resolver por magia, la
democracia resulta ser el "menos peor" de los
sistemas para hacer del amor un valor
común entre los hombres.