La
Nota del Día
Sin aprovechar desgracia
ajena
La cura definitiva a la pobreza rural,
ahora muy agravada por los terremotos, es
suprimir las limitaciones al tamaño de
las propiedades...
reocupa a todos los buenos
salvadoreños la deprimida
situación del sector agrícola,
más ahora que pasamos por una calamidad
general y urge recuperar los empleos perdidos
tras el terremoto. Es lastimoso, sin embargo,
que la única solución que se
adelanta consiste en "abrir nuevas líneas
de crédito", lo que sólo posterga
un ajuste de cuentas, sin corregir lo medular
del asunto.
Un estimable colaborador de EL DIARIO DE HOY
piensa que se podría desarrollar la
ganadería en el país, aprovechando
la coyuntura negativa por la que pasa Europa con
el problema de las vacas locas y la aftosa. Pero
desarrollar hatos ganaderos toma tiempo, es muy
costoso, no parece viable en una nación a
merced de ladrones y cuatreros, y nada nos
garantiza que nos mantendremos libres de esas
plagas por mucho tiempo. Además, los
brotes de aftosa han comenzado a disminuir en
Inglaterra, gracias a la campaña de
aislamiento y exterminio emprendida por las
autoridades.
De hecho, ni siquiera estamos cultivando el
café a gran escala con métodos
ecológicamente amigables, lo que nos
daría una ventaja competitiva frente a
otros productores. Tampoco se están
promoviendo marcas de café después
de que la Junta de Gobierno las robara y luego
las enterrara en 1980. Se podría decir
que mucho podríamos adelantar con lo que
ya tenemos, pero se requiere una gran dosis de
inteligencia y de esfuerzo para adaptarse.
La enfermedad del agro es, primordialmente,
la consecuencia de los robos de tierras a mano
armada en 1980. Con las limitaciones impuestas a
los tamaños de las propiedades, los
demenciales índices de delincuencia en
las zonas rurales y considerando que nadie se
siente jurídicamente seguro de lo que
hace y tiene: hasta que San Juan no baje el dedo
continuaremos pobres.
¿Cómo hacer para que el Santo nos
socorra? Es obvio que las reformas a los
códigos Penal y Procesal Penal es un paso
muy importante, como aún más
importante es la depuración y
capacitación de jueces y la
modernización del sistema de justicia. En
tal sentido el agro padece la atolondrada
supresión de la Guardia Nacional, que se
pudo haber depurado a fondo y dejado como un
cuerpo de protección rural. La venganza
de los insurrectos y las complicidades de los
"amigos del Secretario General" dejaron nuestra
campiña a merced de las bandas armadas
que hoy en día la asuelan.
La cura está en
superar "las reformas"
Pero obviamente la cura definitiva a la
pobreza rural, ahora muy agravada por los
terremotos, es suprimir las limitaciones al
tamaño de las propiedades, que impiden el
establecimiento y operación de
agroindustrias, tanto de origen local como
foráneo. La ventaja comparativa con que
contamos, el clima tropical propicio para la
siembra de frutas y plantas de estas zonas,
así como el relativamente bajo precio de
la mano de obra, se malogra al no poder
emprender explotaciones con economías de
escala.
La incipiente agroindustria que
existió entonces, como la de copra y
aceite de coco, fue arrasada por la gran
demencia, asombrando el estado de
postración en que se encuentra en la
actualidad la isla del Espíritu Santo,
que fue maravillosa. Y a lo largo y ancho del
territorio, la historia es la misma: los
jornaleros a los que se entregaron las tierras
no han hecho otra cosa que destruirlas y
deforestarlas, al punto que hoy generan apenas
una mínima fracción del empleo que
tenían antes.