Miércoles 18 de abril de 2001


La Nota del Día
 

Sin aprovechar desgracia ajena

La cura definitiva a la pobreza rural, ahora muy agravada por los terremotos, es suprimir las limitaciones al tamaño de las propiedades...

reocupa a todos los buenos salvadoreños la deprimida situación del sector agrícola, más ahora que pasamos por una calamidad general y urge recuperar los empleos perdidos tras el terremoto. Es lastimoso, sin embargo, que la única solución que se adelanta consiste en "abrir nuevas líneas de crédito", lo que sólo posterga un ajuste de cuentas, sin corregir lo medular del asunto.

Un estimable colaborador de EL DIARIO DE HOY piensa que se podría desarrollar la ganadería en el país, aprovechando la coyuntura negativa por la que pasa Europa con el problema de las vacas locas y la aftosa. Pero desarrollar hatos ganaderos toma tiempo, es muy costoso, no parece viable en una nación a merced de ladrones y cuatreros, y nada nos garantiza que nos mantendremos libres de esas plagas por mucho tiempo. Además, los brotes de aftosa han comenzado a disminuir en Inglaterra, gracias a la campaña de aislamiento y exterminio emprendida por las autoridades.

De hecho, ni siquiera estamos cultivando el café a gran escala con métodos ecológicamente amigables, lo que nos daría una ventaja competitiva frente a otros productores. Tampoco se están promoviendo marcas de café después de que la Junta de Gobierno las robara y luego las enterrara en 1980. Se podría decir que mucho podríamos adelantar con lo que ya tenemos, pero se requiere una gran dosis de inteligencia y de esfuerzo para adaptarse.

La enfermedad del agro es, primordialmente, la consecuencia de los robos de tierras a mano armada en 1980. Con las limitaciones impuestas a los tamaños de las propiedades, los demenciales índices de delincuencia en las zonas rurales y considerando que nadie se siente jurídicamente seguro de lo que hace y tiene: hasta que San Juan no baje el dedo continuaremos pobres.

¿Cómo hacer para que el Santo nos socorra? Es obvio que las reformas a los códigos Penal y Procesal Penal es un paso muy importante, como aún más importante es la depuración y capacitación de jueces y la modernización del sistema de justicia. En tal sentido el agro padece la atolondrada supresión de la Guardia Nacional, que se pudo haber depurado a fondo y dejado como un cuerpo de protección rural. La venganza de los insurrectos y las complicidades de los "amigos del Secretario General" dejaron nuestra campiña a merced de las bandas armadas que hoy en día la asuelan.

La cura está en superar "las reformas"

Pero obviamente la cura definitiva a la pobreza rural, ahora muy agravada por los terremotos, es suprimir las limitaciones al tamaño de las propiedades, que impiden el establecimiento y operación de agroindustrias, tanto de origen local como foráneo. La ventaja comparativa con que contamos, el clima tropical propicio para la siembra de frutas y plantas de estas zonas, así como el relativamente bajo precio de la mano de obra, se malogra al no poder emprender explotaciones con economías de escala.

La incipiente agroindustria que existió entonces, como la de copra y aceite de coco, fue arrasada por la gran demencia, asombrando el estado de postración en que se encuentra en la actualidad la isla del Espíritu Santo, que fue maravillosa. Y a lo largo y ancho del territorio, la historia es la misma: los jornaleros a los que se entregaron las tierras no han hecho otra cosa que destruirlas y deforestarlas, al punto que hoy generan apenas una mínima fracción del empleo que tenían antes.


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