Jueves 12 de abril de 2001




























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Evangelio para domingo 15
San Juan 20, 1-9
¡Resucitó!

El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busco de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se tumbara vio los lienzos tumbados, pero no entró.

Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados. El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la escritura: ¡Él "debía" resucitar de entre los muertos!

Comentario

¡El Resucitado cumple la escritura!

"El primer día de la semana..."

... Tenía que ser un día como ese, día que le da nacimiento a una nueva jornada semanal con un nuevo acontecimiento que provoca sorpresa y perplejidad: la resurrección de Jesús.

La narración de hoy, aunque no hable expresamente de resurrección todavía, prepara al lector a contemplar ese misterio que se revelará pronto.

"Vio y creyó..."

El Evangelio de Juan da un tono de "realismo" a la resurrección, a la vez que sitúa a los apóstoles y discípulos de Jesús como "testigos" de lo sucedido.

Tres personajes inician la labor de "testigos del resucitado" desde lo que representan ante la comunidad:

-Pedro: la institución.

-Juan: lo carismático.

-María Magdalena: signo del afecto humano.

"Según la escritura..."

Lo verdaderamente importante del relato, y por qué no, el mismo vértice de la fe, está en creer en la Palabra y su cumplimiento. ¡Fue lo que en realidad hizo Jesús, el Hijo de Dios!

"Y nosotros..."

La grandeza del misterio de la resurrección del Señor está precisamente en que Él no desmintió la Sagrada Escritura, sino que la cumplió hasta el último detalle. Por eso nosotros podemos estar seguros de alcanzar la salvación si nos esforzamos por creer y vivir lo que "la Palabra de Dios" nos dice.

¡Eso es vivir ya como resucitados!

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb





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