ASI
premia hoy al empresario Oscar
Panameño
Torogoz,
una empresa que vuela alto
El premio ASI, entregado cada año,
desde 1959 será adjudicada hoy a Oscar
Panameño, dueño de la empresa
Torogoz. De esa forma, la industria reconoce su
aporte social y económico al
país
- Lourdes
Méndez
- El Diario
de Hoy
Torogoz,
la empresa fundada hace 23 años por Oscar
Panameño, vuela hoy tan alto como el
pájaro del cual tomó su
nombre.
Misterioso y persistente, el empresario
Panameño recibe hoy el reconocimiento del
sector industrial por su destacada labor en la
creación de piezas de bronce.
Con el premio ASI 2000, la Asociación
Salvadoreña de Industriales (ASI),
destacará hoy el aporte social y
económico del empresario Panameño,
cuyo esfuerzo innovador también se
refleja en la exportación de sus obras a
Centroamérica, Puerto Rico y Chile.
Torogoz, una empresa que diseña y
produce copas, trofeos, preseas, medallas,
pines, gafetes, placas, esculturas y otros
trabajos en poliuretano, empezó a
trabajar en diciembre de 1977, con un capital de
50 mil colones.
"Era lo único que tenía, y con
ello compré, a un cubano, un taller donde
se metalizaban zapatitos y ciertas figuritas
para niñas", recordó
Panameño.
Asegura acuñar su éxito
empresarial en el principio filosófico de
que "en la vida somos lo que pensamos", y trae a
la memoria que desde el primer año de
funcionamiento, "la empresa ha ido creciendo.
Siempre he sido muy ambicioso, trabajador y me
gusta pensar en grande".
Esa es otra clave donde descansa el
surgimiento del nuevo concepto, que se impuso
en el otrora taller del cubano conocido como
Moldes Electrolíticos.
El equipo
Panameño, casado en dos ocasiones y
padre de cinco hijos, cree que, si bien se
convirtió en empresario por su propio
esfuerzo &emdash;porque no heredó la
empresa o el capital para iniciarla&emdash;, lo
más importante de Torogoz es el aporte de
sus hijos.
Para el destacado industrial, cada hijo es un
pilar estratégico en el crecimiento de la
empresa familiar. "Así hemos llegado a
ser grandes e innovadores".
Uno es químico; otro, ingeniero
industrial; otra, administradora de empresas;
otra, creativa, y otro, mercadólogo.
"Cada uno tiene su responsabilidad, porque en el
negocio encuentran su forma de vida", dijo
Panameño.
La ASI reconoce esta noche la trayectoria de
Panameño, quien pasó de trabajar
como boletero en el ferrocarril a ser uno de los
empresarios de mayor prestigio en el
país.
Identificado popularmente con los trofeos,
copas y preseas, muy demandadas en el campo
deportivo, Panameño ahora explora un
nuevo y exclusivo mercado: la creación de
monumentos.
Oscar
Panameño inició trabajando como
boletero en los ferrocarriles. Permaneció
por 19 años en la empresa Freund S.A.,
laboró en la distribuidora H. de Sola y
en la Corte Suprema de Justicia. Tras estudiar
en la noche, se graduó como Tenedor de
Li-bros del Instituto Orantes, en San Salvador.
Sin embargo, fue allá en 1948, hace
53 años, cuando Panameño
conoció a su exótica mascota, el
talapo o torogoz, que ahora le permite reflejar
la imagen de sus innovadores productos. Esa es
la otra cara que dió vida a la industria
Torogoz.
Esta avecilla, que atrapó los
sentimientos de Panameño desde cuando
trabajaba en la estación
ferroviaría "Calle Real", entre Milingo y
Apopa, representa el eterno amor de
Panameño hacia la naturaleza.
" Cuando lo conocí en 1948, me
pareció una linda ave y ahora tengo
incontables pinturas, pero nunca pensé
que algún día iba a tener una
empresa que la bautizaría así. Es
mi mascota, y me enamoré mucho de su
presencia", recuerdó
nostálgico.
A la memoria trajo el momento en el que
discutían con su familia, el nombre con
el que identificarían a la empresa. "Mi
familia me preguntó porque le
podría así e inmediatamente les
expliqué que es un pájaro divino,
sin darme cuenta de que en el 2000 la
declarararían ave nacional", dijo.
"Es mi mascota y pocas personas saben que
existe. Es bello y lo cuido cómo no se
puede imaginar".
Esa es la otra historia del surgimiento de
Torogoz, de la mano de un tenaz empresario que
dice no olvidar la mística y principios
que su abuela le inculcó y que
tomó como propios.
Panameño, un empresario
tenaz
Oscar Panameño inició
trabajando como boletero en los ferrocarriles.
Permaneció por 19 años en la
empresa Freund S.A., laboró en la
distribuidora H. de Sola y en la Corte Suprema
de Justicia. Tras estudiar en la noche, se
graduó como Tenedor de Li-bros del
Instituto Orantes, en San Salvador.
Sin embargo, fue allá en 1948, hace
53 años, cuando Panameño
conoció a su exótica mascota, el
talapo o torogoz, que ahora le permite reflejar
la imagen de sus innovadores productos. Esa es
la otra cara que dió vida a la industria
Torogoz.
Esta avecilla, que atrapó los
sentimientos de Panameño desde cuando
trabajaba en la estación
ferroviaría "Calle Real", entre Milingo y
Apopa, representa el eterno amor de
Panameño hacia la naturaleza.
" Cuando lo conocí en 1948, me
pareció una linda ave y ahora tengo
incontables pinturas, pero nunca pensé
que algún día iba a tener una
empresa que la bautizaría así. Es
mi mascota, y me enamoré mucho de su
presencia", recuerdó
nostálgico.
A la memoria trajo el momento en el que
discutían con su familia, el nombre con
el que identificarían a la empresa. "Mi
familia me preguntó porque le
podría así e inmediatamente les
expliqué que es un pájaro divino,
sin darme cuenta de que en el 2000 la
declarararían ave nacional", dijo.
"Es mi mascota y pocas personas saben que
existe. Es bello y lo cuido cómo no se
puede imaginar".
Esa es la otra historia del surgimiento de
Torogoz, de la mano de un tenaz empresario que
dice no olvidar la mística y principios
que su abuela le inculcó y que
tomó como propios.