Jueves 22 de marzo de 2001


ASI premia hoy al empresario Oscar Panameño
Torogoz, una empresa que vuela alto

El premio ASI, entregado cada año, desde 1959 será adjudicada hoy a Oscar Panameño, dueño de la empresa Torogoz. De esa forma, la industria reconoce su aporte social y económico al país

Lourdes Méndez
El Diario de Hoy

Torogoz, la empresa fundada hace 23 años por Oscar Panameño, vuela hoy tan alto como el pájaro del cual tomó su nombre.

Misterioso y persistente, el empresario Panameño recibe hoy el reconocimiento del sector industrial por su destacada labor en la creación de piezas de bronce.

Con el premio ASI 2000, la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), destacará hoy el aporte social y económico del empresario Panameño, cuyo esfuerzo innovador también se refleja en la exportación de sus obras a Centroamérica, Puerto Rico y Chile.

Torogoz, una empresa que diseña y produce copas, trofeos, preseas, medallas, pines, gafetes, placas, esculturas y otros trabajos en poliuretano, empezó a trabajar en diciembre de 1977, con un capital de 50 mil colones.

"Era lo único que tenía, y con ello compré, a un cubano, un taller donde se metalizaban zapatitos y ciertas figuritas para niñas", recordó Panameño.

Asegura acuñar su éxito empresarial en el principio filosófico de que "en la vida somos lo que pensamos", y trae a la memoria que desde el primer año de funcionamiento, "la empresa ha ido creciendo. Siempre he sido muy ambicioso, trabajador y me gusta pensar en grande".

Esa es otra clave donde descansa el surgimiento del nuevo concepto, que se impuso en el otrora taller del cubano conocido como Moldes Electrolíticos.

El equipo

Panameño, casado en dos ocasiones y padre de cinco hijos, cree que, si bien se convirtió en empresario por su propio esfuerzo &emdash;porque no heredó la empresa o el capital para iniciarla&emdash;, lo más importante de Torogoz es el aporte de sus hijos.

Para el destacado industrial, cada hijo es un pilar estratégico en el crecimiento de la empresa familiar. "Así hemos llegado a ser grandes e innovadores".

Uno es químico; otro, ingeniero industrial; otra, administradora de empresas; otra, creativa, y otro, mercadólogo. "Cada uno tiene su responsabilidad, porque en el negocio encuentran su forma de vida", dijo Panameño.

La ASI reconoce esta noche la trayectoria de Panameño, quien pasó de trabajar como boletero en el ferrocarril a ser uno de los empresarios de mayor prestigio en el país.

Identificado popularmente con los trofeos, copas y preseas, muy demandadas en el campo deportivo, Panameño ahora explora un nuevo y exclusivo mercado: la creación de monumentos.

Oscar Panameño inició trabajando como boletero en los ferrocarriles. Permaneció por 19 años en la empresa Freund S.A., laboró en la distribuidora H. de Sola y en la Corte Suprema de Justicia. Tras estudiar en la noche, se graduó como Tenedor de Li-bros del Instituto Orantes, en San Salvador.

Sin embargo, fue allá en 1948, hace 53 años, cuando Panameño conoció a su exótica mascota, el talapo o torogoz, que ahora le permite reflejar la imagen de sus innovadores productos. Esa es la otra cara que dió vida a la industria Torogoz.

Esta avecilla, que atrapó los sentimientos de Panameño desde cuando trabajaba en la estación ferroviaría "Calle Real", entre Milingo y Apopa, representa el eterno amor de Panameño hacia la naturaleza.

" Cuando lo conocí en 1948, me pareció una linda ave y ahora tengo incontables pinturas, pero nunca pensé que algún día iba a tener una empresa que la bautizaría así. Es mi mascota, y me enamoré mucho de su presencia", recuerdó nostálgico.

A la memoria trajo el momento en el que discutían con su familia, el nombre con el que identificarían a la empresa. "Mi familia me preguntó porque le podría así e inmediatamente les expliqué que es un pájaro divino, sin darme cuenta de que en el 2000 la declarararían ave nacional", dijo.

"Es mi mascota y pocas personas saben que existe. Es bello y lo cuido cómo no se puede imaginar".

Esa es la otra historia del surgimiento de Torogoz, de la mano de un tenaz empresario que dice no olvidar la mística y principios que su abuela le inculcó y que tomó como propios.

Panameño, un empresario tenaz

Oscar Panameño inició trabajando como boletero en los ferrocarriles. Permaneció por 19 años en la empresa Freund S.A., laboró en la distribuidora H. de Sola y en la Corte Suprema de Justicia. Tras estudiar en la noche, se graduó como Tenedor de Li-bros del Instituto Orantes, en San Salvador.

Sin embargo, fue allá en 1948, hace 53 años, cuando Panameño conoció a su exótica mascota, el talapo o torogoz, que ahora le permite reflejar la imagen de sus innovadores productos. Esa es la otra cara que dió vida a la industria Torogoz.

Esta avecilla, que atrapó los sentimientos de Panameño desde cuando trabajaba en la estación ferroviaría "Calle Real", entre Milingo y Apopa, representa el eterno amor de Panameño hacia la naturaleza.

" Cuando lo conocí en 1948, me pareció una linda ave y ahora tengo incontables pinturas, pero nunca pensé que algún día iba a tener una empresa que la bautizaría así. Es mi mascota, y me enamoré mucho de su presencia", recuerdó nostálgico.

A la memoria trajo el momento en el que discutían con su familia, el nombre con el que identificarían a la empresa. "Mi familia me preguntó porque le podría así e inmediatamente les expliqué que es un pájaro divino, sin darme cuenta de que en el 2000 la declarararían ave nacional", dijo.

"Es mi mascota y pocas personas saben que existe. Es bello y lo cuido cómo no se puede imaginar".

Esa es la otra historia del surgimiento de Torogoz, de la mano de un tenaz empresario que dice no olvidar la mística y principios que su abuela le inculcó y que tomó como propios.


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