En
sintonía con Dios
Un triunfo bien
merecido para los salvadoreños
Por el padre
Eugenio Hoyos
E-mail: FatherHoyos@utinet.net
El
TPS o protección temporal para unos
150,000 salvadoreños que hayan llegado a
los Estados Unidos país hasta el 13 de
febrero de 2001 es un acto de justicia que se
cumple en nuestra lucha por la defensa de los
inmigrantes.
Una felicitación sincera al Presidente
Francisco Flores, al cuerpo diplomático,
a las organizaciones comunitarias y al apoyo
recibido por los miles de hispanos que firmaron
la petición en la iglesia de San Antonio
en Falls Church, Virginia, y en otras iglesias,
al Presidente Bush para que este sueño
fuera una realidad.
Esto les permitirá continuar
trabajando en ese país y enviar sus
remesas monetarias para ayudar a los esfuerzos
de reconstrucción de El Salvador. Los
salvadoreños tienen 18 meses para que los
salvadoreños indocumentados trabajen
legalmente en el país pero no deben
olvidar que esta no es la solución
definitiva a la situación migratoria. Hay
que continuar luchando y demostrando al
Congreso, al Departamento de Estado, al INS y al
mismo Presidente que es necesaria la
amnistía.
Como lo hemos dicho repetidamente, este TPS
nos abre una nueva puerta y una esperanza a
nuestros hermanos de Colombia que urgentemente
necesitan un tratamiento igual por las
consecuencias de la guerra e inseguridad que
vivimos actualmente; otros países que
necesitan este alivio son México,
Bolivia, Guatemala, Perú, etc.
En definitiva, para el programa
político del Presidente Bush hablar
directamente de una amnistía general para
todos los indocumentados sería muy
difícil, comprometedor, pero no
imposible. Considero que de gota en gota
llenaremos el tintero. Esperamos que los
salvadoreños aprovechen esta gran
oportunidad y estén atentos a los
requisitos que hay que cumplir, sin dejar pasar
mucho tiempo, pues este derecho hay que
ejercerlo ahora, no mañana.
Esta debe ser una gran oportunidad para dar
gracias a Dios porque nos abre nuevos caminos
cargados de esperanza. También debe ser
el momento para unirnos más y para ser
más solidarios y apoyarnos entre todas
naciones.
En un mundo marcado por la globalizacion cada
vez es más frecuente poseer doble
nacionalidad sin afectar por ello la
devoción debida a la tierra que nos
vió nacer.
Los latinos nos distinguimos en los Estados
Unidos no sólo por nuestros rasgos
faciales, sino también por su resistencia
a dejar el idioma más hablado en la gran
nación del Norte, después del
inglés. En dos o tres generaciones se
producirá un fenómeno sin
precedentes y es que en lugar de que los casi 45
millones de hispanos que viven en Estados
Unidos, se integren con los naturales
anglosajones mas bien que se fusionen con sus
similares de otras nacionalidades.
Estaremos entonces a las puertas de ver el
inicio de lo que Vasconcelos denominó la
raza cósmica. Los hispanos tenemos en
común los elementos que determinan una
civilización, la misma raza, como quiera
que somos los mil cachorros del león
español como dijera el poeta
nicaragüense Rubén Dario, la misma
lengua del manco de Lepanto, Cervantes, y el
mismo Cristo Jesús en nuestra fe.
Difícil será por lo tanto
encontrar otra comunidad más cohesionada
que esta. Este nuevo triunfo de los
salvadoreños es de todos. Con la fe
puesta en Dios, después de tantos
temblores y terremotos, busquemos que la paz de
un nuevo día llegue a nuestras
naciones.