Jueves 22 de marzo de 2001


En sintonía con Dios
Un triunfo bien merecido para los salvadoreños
Por el padre Eugenio Hoyos
E-mail:
FatherHoyos@utinet.net

El TPS o protección temporal para unos 150,000 salvadoreños que hayan llegado a los Estados Unidos país hasta el 13 de febrero de 2001 es un acto de justicia que se cumple en nuestra lucha por la defensa de los inmigrantes.

Una felicitación sincera al Presidente Francisco Flores, al cuerpo diplomático, a las organizaciones comunitarias y al apoyo recibido por los miles de hispanos que firmaron la petición en la iglesia de San Antonio en Falls Church, Virginia, y en otras iglesias, al Presidente Bush para que este sueño fuera una realidad.

Esto les permitirá continuar trabajando en ese país y enviar sus remesas monetarias para ayudar a los esfuerzos de reconstrucción de El Salvador. Los salvadoreños tienen 18 meses para que los salvadoreños indocumentados trabajen legalmente en el país pero no deben olvidar que esta no es la solución definitiva a la situación migratoria. Hay que continuar luchando y demostrando al Congreso, al Departamento de Estado, al INS y al mismo Presidente que es necesaria la amnistía.

Como lo hemos dicho repetidamente, este TPS nos abre una nueva puerta y una esperanza a nuestros hermanos de Colombia que urgentemente necesitan un tratamiento igual por las consecuencias de la guerra e inseguridad que vivimos actualmente; otros países que necesitan este alivio son México, Bolivia, Guatemala, Perú, etc.

En definitiva, para el programa político del Presidente Bush hablar directamente de una amnistía general para todos los indocumentados sería muy difícil, comprometedor, pero no imposible. Considero que de gota en gota llenaremos el tintero. Esperamos que los salvadoreños aprovechen esta gran oportunidad y estén atentos a los requisitos que hay que cumplir, sin dejar pasar mucho tiempo, pues este derecho hay que ejercerlo ahora, no mañana.

Esta debe ser una gran oportunidad para dar gracias a Dios porque nos abre nuevos caminos cargados de esperanza. También debe ser el momento para unirnos más y para ser más solidarios y apoyarnos entre todas naciones.

En un mundo marcado por la globalizacion cada vez es más frecuente poseer doble nacionalidad sin afectar por ello la devoción debida a la tierra que nos vió nacer.

Los latinos nos distinguimos en los Estados Unidos no sólo por nuestros rasgos faciales, sino también por su resistencia a dejar el idioma más hablado en la gran nación del Norte, después del inglés. En dos o tres generaciones se producirá un fenómeno sin precedentes y es que en lugar de que los casi 45 millones de hispanos que viven en Estados Unidos, se integren con los naturales anglosajones mas bien que se fusionen con sus similares de otras nacionalidades.

Estaremos entonces a las puertas de ver el inicio de lo que Vasconcelos denominó la raza cósmica. Los hispanos tenemos en común los elementos que determinan una civilización, la misma raza, como quiera que somos los mil cachorros del león español como dijera el poeta nicaragüense Rubén Dario, la misma lengua del manco de Lepanto, Cervantes, y el mismo Cristo Jesús en nuestra fe.

Difícil será por lo tanto encontrar otra comunidad más cohesionada que esta. Este nuevo triunfo de los salvadoreños es de todos. Con la fe puesta en Dios, después de tantos temblores y terremotos, busquemos que la paz de un nuevo día llegue a nuestras naciones.


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