Jueves 22 de marzo de 2001


Las fallas en nuestra justicia
¡Allí está la trampa!
Hermann W. Bruch*

Días atrás estuve de visita en el edificio de la Corte Suprema de Justicia, acompañando a una señora que lleva más de cinco años transitando por el tortuoso, triste y bochornoso laberinto de nuestro aparato de justicia. Ella ha buscado que la justicia llegue a su pequeña hija, pero parece que "alguien" ha decidido que la niña no es merecedora de ese "privilegio".

Voy a explicar el significado de la introducción anterior. En la entrada del edificio de la CSJ se encuentra una de esas pomposas placas de bronce, en la que aparecen los créditos por trabajos de remodelación hechos con nuestros dineros, méritos que siempre se adjudican a funcionarios que solamente estarían cumpliendo con su deber. Además de los elogios grabados en "dorado" y de los nombres de los "iluminados", aparece una frase en letras destacadas que dice: "QUIEN NECESITE JUSTICIA Y LA MEREZCA AQUI LA ENCONTRARA".

A simple vista la frase encierra un bonito pensamiento, que lo pone a uno a reflexionar sobre lo lindo que sería nuestro país si la frase dejara de ser una ostentación más de quienes llegan a esos puestos a entretenerse con sueños de grandeza. Sin embargo, en una segunda reflexión, uno se da cuenta de que la frase de marras encierra una tenebrosa trampa.

Si usted necesita justicia, pero alguien decide que no la merece, no pierda su tiempo yendo a la Corte Suprema, porque allí no la encontrará. O sea que para los grandilocuentes magistrados, cuyos dorados nombres aparecen en la placa, hay personas de segunda categoría en nuestro país que, por una decisión de algún divinizado juez o magistrado o poderoso amigo del sistema, queda privado de un derecho natural y ratificado por la Constitución. Hay personas que NO MERECEN justicia y por lo tanto no deben buscarla.

Entonces se nos despiertan varias interrogantes: ¿Quién decide si yo merezco justicia? ¿Basado en qué profética inspiración o presunción? ¿Tengo que decidir yo mismo, antes de llegar a la Corte, entre si soy o no merecedor de justicia, porque si no soy mejor no voy? ¿Basado en qué "preestablecidos códigos o reglas" debo llegar a esa conclusión? ¿Sigo estando a merced de los caprichos de presuntuosos letrados para poder vivir en paz en mi querido país o debo decidir emigrar al norte en busca de más justo trato y convertirme en un hermano más de los que mantenemos la economía de El Salvador?

Ese parece ser el caso de una amiga que lleva más de cinco años "ganando el pleito" en todas las instancias habidas del sistema para que su hija reciba de su progenitor una contribución para poder tener comida, casa, educación y salud dignas, pero que algunos jueces de familia han decidido que ella no merece y por lo tanto se desobedecen resoluciones de Cámara y de Corte, negándosele su natural y constitucional derecho. ¿Esos jueces no serían sujetos a ser despojados de su investidura por retardación premeditada de justicia, pero se sienten protegidos por un sistema que se niega a seguir un proceso de depuración que permita eliminar del sistema a los malos jueces y magistrados?

Eso sería mucho esperar. "Chucho no come chucho", reza el dicho popular, "y si come no come mucho".

Pobrecita Jessica. Hace más de cuatro años el tribunal sentenció en su favor. Desde entonces su madre se ha recorrido más de mil kilómetros de pasillos, calles, oficinas, malgastado más de 1760 horas del tiempo que debiera dedicar a estar con su hija, sentada frente a jueces, abogados, fiscales y secretarios y secretarias de diversas oficinas, intentando sin éxito, que los jueces de marras cumplan el mandato de cámaras y cortes. Pero estos desobedecen flagrantemente, porque saben que el sistema los protege. Existen evidencias contundentes de que ha habido fraude procesal, pero los jueces deciden esconderlas o ignorarlas. La oficina registral actual ha reconocido esto y de manera valiente y fuera de lo común en nuestro país, ha pedido disculpas por la falta de la anterior administración.

Y el cuento sigue. ¿Es esto lo que algunos magistrados pregonan como "pronta y cumplida justicia? Seguiremos la historia en próxima entrega.


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