La
Nota del Día
Educar es necesario mas no
suficiente
Los súbditos en los estados
comunistas saben mucho, mas no tienen
cómo aplicar ese saber ni se benefician,
por lo que terminan olvidándolo
La educación es un elemento vital para
alcanzar el desarrollo económico, pero
aunque necesaria, no es suficiente. Muchos
pueblos tienen un alto nivel educativo, pero son
todo menos prósperos, como sucedía
a las naciones miembros del desplomado bloque
socialista.
El caso de Alemania comunista es muy
aleccionador. Antes del derrumbe del Muro de
Berlín, los déspotas de Alemania
Oriental se jactaban de que su nivel de vida y
el bienestar de sus habitantes, era comparable
al de Alemania Occidental, la capitalista. En
apoyo de su tesis, se divulgaban datos
estadísticos casi deslumbrantes: en
agricultura, industria, en servicios y
tecnología, la producción media
era, de acuerdo con sus datos, un poco menos que
la de Alemania Occidental. En teoría la
gente era feliz, las comunidades solidarias, no
había insatisfacciones y el Muro les
protegía de depredadores y
capitalistas.
El Muro se vino abajo cuando los alemanes
orientales estaban al punto de la
sublevación. Y al desplomarse, se puso en
evidencia el retraso, las penurias y la pobreza
en que vivían los alemanes orientales,
pese a su alto nivel educativo. Cuatro
años después de la caída
del Muro, visitamos varias ciudades
emblemáticas del antiguo territorio
comunista, como Halle, Brandenburgo y Potsdam.
Medio siglo después de finalizada la
Segunda Guerra Mundial, esas tres ciudades,
así como los pueblos y aldeas
circundantes, aún exhibían los
escombros de los bombardeos de aquel entonces.
Potsdam fue residencia de Federico II, rey de
Prusia, quien edificó un palacio
inspirado en Versalles, de gran hermosura, pero
que estaba decayendo por el descuido general del
país. En Brandenburgo, el único
lugar luminoso y alegre era la gasolinera en las
afueras, donde se congregaban los
jóvenes.
Saber no se traduce siempre
en más eficiencia
Los alemanes eran -y en parte siguen siendo-
famosos en Europa por su laboriosidad y su
orden. Pero eso no valía para los
habitantes del territorio comunista. La actitud
general era de irresponsabilidad,
desinterés y haraganería. En las
ciudades, la gente paseaba en silencio por las
calles, mediocremente ataviados y con la mirada
perdida. La educación no les era
útil ni para vivir ni, evidentemente,
tampoco para trabajar y ganar dinero.
El sistema de gobierno y el orden social
establecen las diferencias entre el nivel de
bienestar de las naciones, aunque es obvio que
aprender sobre los modos de vida de una
comunidad, sobre sus reglas y tradiciones, es
asunto de la educación, tanto la formal
como la informal y la familiar. Los alemanes
comunistas sin duda estaban mejor educados que
los italianos o los estadounidenses, pero su
productividad y su inventiva eran escasas, como
lo comprueba el bajísimo número de
patentes que obtenían con relación
a los otros pueblos de Europa Occidental. Uno de
los obvios motivos es que al no ser nada de
nadie, pues es de todos, se carece del incentivo
primordial &emdash;el mejoramiento
personal&emdash; que mueve a los ciudadanos en
las sociedades libres.
Es lógico que la educación
imparte no sólo conocimientos que son
imprescindibles para desempeñarse en la
vida, sino también saberes que valen en
si mismos, que es importante tener, pero que no
necesariamente se traducen en más
eficiencia o capacidad para hacer cosas. Los
súbditos en los estados comunistas saben
mucho, mas no tienen cómo aplicar ese
saber ni se benefician, por lo que terminan
olvidándolo.