Jueves 22 de marzo de 2001


La Nota del Día
 

Educar es necesario mas no suficiente

Los súbditos en los estados comunistas saben mucho, mas no tienen cómo aplicar ese saber ni se benefician, por lo que terminan olvidándolo

La educación es un elemento vital para alcanzar el desarrollo económico, pero aunque necesaria, no es suficiente. Muchos pueblos tienen un alto nivel educativo, pero son todo menos prósperos, como sucedía a las naciones miembros del desplomado bloque socialista.

El caso de Alemania comunista es muy aleccionador. Antes del derrumbe del Muro de Berlín, los déspotas de Alemania Oriental se jactaban de que su nivel de vida y el bienestar de sus habitantes, era comparable al de Alemania Occidental, la capitalista. En apoyo de su tesis, se divulgaban datos estadísticos casi deslumbrantes: en agricultura, industria, en servicios y tecnología, la producción media era, de acuerdo con sus datos, un poco menos que la de Alemania Occidental. En teoría la gente era feliz, las comunidades solidarias, no había insatisfacciones y el Muro les protegía de depredadores y capitalistas.

El Muro se vino abajo cuando los alemanes orientales estaban al punto de la sublevación. Y al desplomarse, se puso en evidencia el retraso, las penurias y la pobreza en que vivían los alemanes orientales, pese a su alto nivel educativo. Cuatro años después de la caída del Muro, visitamos varias ciudades emblemáticas del antiguo territorio comunista, como Halle, Brandenburgo y Potsdam. Medio siglo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, esas tres ciudades, así como los pueblos y aldeas circundantes, aún exhibían los escombros de los bombardeos de aquel entonces. Potsdam fue residencia de Federico II, rey de Prusia, quien edificó un palacio inspirado en Versalles, de gran hermosura, pero que estaba decayendo por el descuido general del país. En Brandenburgo, el único lugar luminoso y alegre era la gasolinera en las afueras, donde se congregaban los jóvenes.

Saber no se traduce siempre en más eficiencia

Los alemanes eran -y en parte siguen siendo- famosos en Europa por su laboriosidad y su orden. Pero eso no valía para los habitantes del territorio comunista. La actitud general era de irresponsabilidad, desinterés y haraganería. En las ciudades, la gente paseaba en silencio por las calles, mediocremente ataviados y con la mirada perdida. La educación no les era útil ni para vivir ni, evidentemente, tampoco para trabajar y ganar dinero.

El sistema de gobierno y el orden social establecen las diferencias entre el nivel de bienestar de las naciones, aunque es obvio que aprender sobre los modos de vida de una comunidad, sobre sus reglas y tradiciones, es asunto de la educación, tanto la formal como la informal y la familiar. Los alemanes comunistas sin duda estaban mejor educados que los italianos o los estadounidenses, pero su productividad y su inventiva eran escasas, como lo comprueba el bajísimo número de patentes que obtenían con relación a los otros pueblos de Europa Occidental. Uno de los obvios motivos es que al no ser nada de nadie, pues es de todos, se carece del incentivo primordial &emdash;el mejoramiento personal&emdash; que mueve a los ciudadanos en las sociedades libres.

Es lógico que la educación imparte no sólo conocimientos que son imprescindibles para desempeñarse en la vida, sino también saberes que valen en si mismos, que es importante tener, pero que no necesariamente se traducen en más eficiencia o capacidad para hacer cosas. Los súbditos en los estados comunistas saben mucho, mas no tienen cómo aplicar ese saber ni se benefician, por lo que terminan olvidándolo.


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