Yo le robé a
Julia Roberts
Yo era un ladronzuelo de diecisiete
años en la ciudad de Los Angeles,
operando a bajo nivel, robaba carteras,
caseteras, cadenas, anillos, nada del otro
mundo
Por Daniel
Rucks Del Bo.
Aquel
día estaba en un centro comercial de
Beverly Hills, rondando, cuando vi un Ferrari
rojo con el vidrio trasero abierto "esta es la
mía!".
Me hice de un walkman, un celular, una
cartera, unos papeles y salí corriendo a
mi casa
Nadie me vio, fue fácil,
llegué a mi cuarto y me puse a revisar mi
botín
Fue instantáneo, encendí la
tele (robada) y aparecía en un noticiero
Julia Roberts, en vivo, vía microondas,
diciendo que estaba muy triste, porque alguien
le había robado sus pertenencias, y lo
peor es que se habían llevado el
guión de una película que iba a
filmar a partir del lunes y ella necesitaba
memorizar
Dios mío
me dije, le robé
a Julia Roberts y ustedes sabrán a
qué me refiero, yo la admiro, tengo sus
fotos en mi cuarto, hasta he tenido
fantasías "sucias" pensando en ella
¿qué podía hacer? Le
devolvía todo? Y la Policía? Y
cómo localizarla? Fueron horas de
incertidumbre pero me decidí,
tenía el celular, así que
busqué si tenía su teléfono
registrado, lo tenía, el de su casa, me
armé de valor, marqué y aunque no
lo crean, me contestó ella
misma
Para abreviar, quedamos que no había
problemas, que ella no iba a avisar a la
policía, y que ella misma me
recibiría en su casa a las siete de la
noche
Llegué y era una mansión
impresionante, todo blanco, las alfombras,
cortinas, muebles, yo me sentía cohibido
y con una pena enorme de que mis zapatos no
estuviesen limpios y ensuciaran la alfombra o
algo, me quedé esperando
Ella apareció enseguida, con un
vestido rojo como el que usaba en "Notting
Hill", se acercó, me dio un beso, le di
sus cosas
Ella revisó, vio que todo estaba bien,
me sonrió, yo no pude decir nada porque
me faltaban palabras
- Thank you &endash; me dijo Julia sonriendo
&endash; y a continuación dijo
Elliot &endash; llamando a alguien &endash; take
care of him
Se retiró y apareció un negro
grandote, de saco negro, con anteojos negros a
pesar de que era de noche, saco una 45 de su
saco, se tomó el tiempo de ponerle el
silenciador, mientras yo lo miraba petrificado,
y me disparó, certero, en medio de las
cejas, caí de inmediato al suelo...
Mis últimos pensamientos antes de
morir fueron de vergüenza, al ver que el
hilo de mi sangre postrera iba a manchar la
alfombra
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