Martes 20 de marzo de 2001


Yo le robé a Julia Roberts

Yo era un ladronzuelo de diecisiete años en la ciudad de Los Angeles, operando a bajo nivel, robaba carteras, caseteras, cadenas, anillos, nada del otro mundo…

Por Daniel Rucks Del Bo.

Aquel día estaba en un centro comercial de Beverly Hills, rondando, cuando vi un Ferrari rojo con el vidrio trasero abierto "esta es la mía!".

Me hice de un walkman, un celular, una cartera, unos papeles y salí corriendo a mi casa… Nadie me vio, fue fácil, llegué a mi cuarto y me puse a revisar mi botín…

Fue instantáneo, encendí la tele (robada) y aparecía en un noticiero Julia Roberts, en vivo, vía microondas, diciendo que estaba muy triste, porque alguien le había robado sus pertenencias, y lo peor es que se habían llevado el guión de una película que iba a filmar a partir del lunes y ella necesitaba memorizar…

Dios mío… me dije, le robé a Julia Roberts y ustedes sabrán a qué me refiero, yo la admiro, tengo sus fotos en mi cuarto, hasta he tenido fantasías "sucias" pensando en ella… ¿qué podía hacer? Le devolvía todo? Y la Policía? Y cómo localizarla? Fueron horas de incertidumbre pero me decidí, tenía el celular, así que busqué si tenía su teléfono registrado, lo tenía, el de su casa, me armé de valor, marqué y aunque no lo crean, me contestó ella misma…

Para abreviar, quedamos que no había problemas, que ella no iba a avisar a la policía, y que ella misma me recibiría en su casa a las siete de la noche…

Llegué y era una mansión impresionante, todo blanco, las alfombras, cortinas, muebles, yo me sentía cohibido y con una pena enorme de que mis zapatos no estuviesen limpios y ensuciaran la alfombra o algo, me quedé esperando…

Ella apareció enseguida, con un vestido rojo como el que usaba en "Notting Hill", se acercó, me dio un beso, le di sus cosas…

Ella revisó, vio que todo estaba bien, me sonrió, yo no pude decir nada porque me faltaban palabras…

- Thank you &endash; me dijo Julia sonriendo &endash; y a continuación dijo … Elliot &endash; llamando a alguien &endash; take care of him…

Se retiró y apareció un negro grandote, de saco negro, con anteojos negros a pesar de que era de noche, saco una 45 de su saco, se tomó el tiempo de ponerle el silenciador, mientras yo lo miraba petrificado, y me disparó, certero, en medio de las cejas, caí de inmediato al suelo...

Mis últimos pensamientos antes de morir fueron de vergüenza, al ver que el hilo de mi sangre postrera iba a manchar la alfombra…

Comentarios drucks@elsalvador.com


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