- La
columna nacional
- Necesario "Decreto de
la vivienda"
- Por
Roberto
López-Geissmann.
Se
ha insistido -con razón- en que los dos
terremotos del presente año no
sólo han removido la corteza terrestre,
sino también las conciencias,
evidenciando, poniendo a la luz una serie de
carencias, debilidades y deficiencias que
poseemos como sociedad organizada. A la cabeza
se encuentra el problema de la vivienda en El
Salvador; entendidos afirman que, después
de los dos aciagos días trece, tenemos
una cifra deficitaria habitacional que
fácilmente llega a UN MILLÓN DE
CASAS.
Calidad de la vivienda.
A la citada carencia de unidades
habitacionales se suma otro agobio de naturaleza
endémica: la calidad de las mismas no
tiene control alguno, y digo esto porque si lo
tuviere, sería vergonzoso el aceptar tal
situación. Aclaremos: si las casi
perreras que algunas compañías han
construido y están construyendo en "orden
con la ley" eso significa que: 1) alguien ha
resultado beneficiado por permitir lo indebido,
o bien 2) peor aún, esas condiciones
exiguas están contempladas y permitidas
por la ley y, en tal caso, la misma no vale nada
-por decirlo suavemente-.
Sin que el lector sea "masferreriano"
necesariamente, creo que fácilmente
podemos concluir todos en que la vivienda
necesita un "mínimum vital", o más
bien el ser humano necesita del mismo aplicado,
en este caso, a la vivienda. ¿De qué
estamos hablando? Veamos: Espacios
mínimos de esperanza. ¿A qué
llamo así? A los que necesariamente deben
existir en toda residencia para que se puedan
tener muebles, adornos y elementos que brinden
no sólo la posibilidad física de
vivir (también en una cueva o bajo los
árboles estrictamente se puede), sino la
de habitar con dignidad, estética y
esperanza, adicionando poco a poco aquellos
elementos del hogar que brinden comodidad y
belleza; todo ello promueve un consumismo sano y
elemental que les parece negado a los
propietarios de casas en las que no caben ni
siquiera los seres humanos; mayor espacio
combate la promiscuidad y proporciona más
gusto de permanecer en la residencia,
colaborando a la unidad familiar, a la seguridad
y al estudio. Si además se les dan
servicios completos (y no baños sin
lavamanos ni ducha, lavaderos en la esquina del
patio, o carencia de puertas interiores) y
espacios verdes (tanto en el interior como en la
urbanización como un todo), tendremos una
verdadera residencia para humanos y no
vergonzosas concentraciones que parecen colmenas
y que son, en el fondo, tugurios disfrazado.
El "Housing Act" de los años
treinta
Uno de los programas más efectivos que
nuestros hermanos del norte utilizaron para
superar la gran depresión de los
años treinta fue el establecimiento del
Decreto de la Vivienda (Housing Act), por el
que, además de establecer los requisitos
de las viviendas, haciéndolas dignas para
los seres humanos, se indicaba el mecanismo para
que los ciudadanos que carecían de ellas
pudiesen adquirirlas, los principales son: 1. Se
creó un formato "standard" para las
hipotecas (válido sólo para las
nuevas a adquirir), lo que facilitó y
abarató grandemente los trámites.
2. Se alargaron los plazos para pagarlas hasta
casi en 30 años. 3. Se puso a
disposición dinero que no excedió
el 4%. 4. Se monetizaron las hipotecas,
convirtiéndolas en verdaderos
títulos valores a través de un
mercado de segundo piso al que únicamente
habría que involucrar a la banca,
cuidando que su cometido conservara el objetivo
de promover las inversiones. Todo ello produjo
gran movilidad de activos y de población
(geográfica y socialmente), y
promovió una fuerte sensación de
seguridad, relanzando a sus habitantes hacia la
esperanza.
LOS EXPOLIADORES, los vivianes de ayer y de
siempre, los que han medrado aprovechado de un
Estado que a estos efectos ha estado "pintado",
se remolerán de furor y brincarán
diciendo que las anteriores líneas son
"idealistas" -cuando no que "socialistas" - y
que el desventurado "debía agradecer que
se lo saque de la champa", agregando de que las
ganancias de sus empresas son escasas.
¡Mentirosos! Todos lo sabemos. Creo en las
excelentes intenciones del Presidente. Creo en
que existe una mayoría de constructores
honrados que podrían abordar estos planes
con capacidad y conciencia. Creo que los
salvadoreños todos hemos llegado a estar
seguros de que sólo hay un camino:
desarrollo.