Martes 20 de marzo de 2001


La Nota del Día
 

Suman atropello a la ocurrencia

Poner a colegiales a alfabetizar no sólo es una tarea absurda por lo ineficiente, sino que también representa un desperdicio del más valioso recurso de un pueblo, que es la educación y la capacidad

El señor presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, decidió obligar a los egresados de colegios y escuelas del país a "alfabetizar cinco analfabetos" cada uno, o de lo contrario, ser reclutados en el Ejército. Y para que la medida se cumpla, dispuso comenzar con las familias de la Zona 13, una de las áreas residenciales de la capital.

Se trata de viejos refritos. Campañas de alfabetización surgen cada cierto tiempo, aunque no lleguen a nada. Es también usual que a sus promotores se les ocurra forzar a los jóvenes escolares hacer la labor de campo. El señor presidente Portillo no ha tenido ninguna ocurrencia original, fuera de agregar atropello a la tontería.

Pero, ¿dónde puede un joven encontrar su cuota de cinco analfabetos para llevarles el pan del espíritu y así escapar a las sanciones que les amenazan?

Da la casualidad, como lo constata cualquiera, que no hay una colonia de analfabetos en medio de la ciudad de Guatemala, o existen pueblos enteros de analfabetos, o todos ellos visten de manera tal que sean identificables. En Guatemala una mayoría de analfabetos vive dispersa en el campo, por regla general no habla español sino imperfectamente, y además, se encuentra en lugares de muy difícil acceso.

También hay que considerar las enormes dificultades que tendrán los jóvenes para llegar a los analfabetos &emdash;por eso precisamente son jóvenes, están en su

período de formación y casi todos son "hijos de dominio"&emdash; y cómo harán para ir y venir en un mismo día, de sus sitios de residencia a los lugares donde les toca ejercer su labor humanitaria.

¿Quién cuida a los jóvenes en esas jornadas?

Adicionalmente, ¿quién cuidará de los jóvenes cuando anden alfabetizando, si se toma en cuenta la desbordada criminalidad que sufre Guatemala? ¿Quién se va a ocupar de que a esos muchachos y muchachas no les roben, los violen, los atropellen, los secuestren y malmaten?

¿Quién dará de comer a los jóvenes durante esas jornadas alfabetizadoras? ¿Dónde podrán albergarse, si las distancias son grandes? Inclusive, ¿acaso no se corre riesgo de que surja una industria de "analfabetos profesionales", que cobren para pasar como tales y así aligerar el problema a quien les pague? También cabe preguntarse, lo que es un factor principalísimo en estos temas, ¿cómo se va a mantener el interés de esos analfabetos alfabetizados, para seguir leyendo y no caer de nuevo en el analfabetismo? Si tanta gente encaja en la categoría de alfabetizados no funcionales, ¿por qué gastar recursos valiosos, como es el tiempo y la capacidad de jóvenes egresados, en un afán sin mayor esperanza?

Hay, empero, una consideración mucho más importante en este asunto: poner a colegiales a alfabetizar no sólo es una tarea absurda por lo ineficiente, sino que también representa un desperdicio del más valioso recurso de un pueblo, que es la educación y la capacidad. Los jóvenes a quienes se pretende forzar a tales labores no tienen ninguna preparación para enseñar a leer, pero podrían capacitarse en campos y temas de su interés intelectual.

Más valdría para los guatemaltecos que sus jóvenes siguieran cursos de extensión cultural, o que se les exija investigar y estudiar materias diversas, o se les enseñen oficios y manualidades, que ponerlos en algo que deja muy pobre provecho pero sí gran perjuicio.


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