La
Nota del Día
Suman atropello a la
ocurrencia
Poner a colegiales a alfabetizar no
sólo es una tarea absurda por lo
ineficiente, sino que también representa
un desperdicio del más valioso recurso de
un pueblo, que es la educación y la
capacidad
El señor presidente de Guatemala,
Alfonso Portillo, decidió obligar a los
egresados de colegios y escuelas del país
a "alfabetizar cinco analfabetos" cada uno, o de
lo contrario, ser reclutados en el
Ejército. Y para que la medida se cumpla,
dispuso comenzar con las familias de la Zona 13,
una de las áreas residenciales de la
capital.
Se trata de viejos refritos. Campañas
de alfabetización surgen cada cierto
tiempo, aunque no lleguen a nada. Es
también usual que a sus promotores se les
ocurra forzar a los jóvenes escolares
hacer la labor de campo. El señor
presidente Portillo no ha tenido ninguna
ocurrencia original, fuera de agregar atropello
a la tontería.
Pero, ¿dónde puede un joven
encontrar su cuota de cinco analfabetos para
llevarles el pan del espíritu y
así escapar a las sanciones que les
amenazan?
Da la casualidad, como lo constata
cualquiera, que no hay una colonia de
analfabetos en medio de la ciudad de Guatemala,
o existen pueblos enteros de analfabetos, o
todos ellos visten de manera tal que sean
identificables. En Guatemala una mayoría
de analfabetos vive dispersa en el campo, por
regla general no habla español sino
imperfectamente, y además, se encuentra
en lugares de muy difícil acceso.
También hay que considerar las
enormes dificultades que tendrán los
jóvenes para llegar a los analfabetos
&emdash;por eso precisamente son jóvenes,
están en su
período de formación y casi
todos son "hijos de dominio"&emdash; y
cómo harán para ir y venir en un
mismo día, de sus sitios de residencia a
los lugares donde les toca ejercer su labor
humanitaria.
¿Quién cuida a los
jóvenes en esas jornadas?
Adicionalmente, ¿quién
cuidará de los jóvenes cuando
anden alfabetizando, si se toma en cuenta la
desbordada criminalidad que sufre Guatemala?
¿Quién se va a ocupar de que a esos
muchachos y muchachas no les roben, los violen,
los atropellen, los secuestren y malmaten?
¿Quién dará de comer a los
jóvenes durante esas jornadas
alfabetizadoras? ¿Dónde
podrán albergarse, si las distancias son
grandes? Inclusive, ¿acaso no se corre
riesgo de que surja una industria de
"analfabetos profesionales", que cobren para
pasar como tales y así aligerar el
problema a quien les pague? También cabe
preguntarse, lo que es un factor
principalísimo en estos temas,
¿cómo se va a mantener el
interés de esos analfabetos
alfabetizados, para seguir leyendo y no caer de
nuevo en el analfabetismo? Si tanta gente encaja
en la categoría de alfabetizados no
funcionales, ¿por qué gastar
recursos valiosos, como es el tiempo y la
capacidad de jóvenes egresados, en un
afán sin mayor esperanza?
Hay, empero, una consideración mucho
más importante en este asunto: poner a
colegiales a alfabetizar no sólo es una
tarea absurda por lo ineficiente, sino que
también representa un desperdicio del
más valioso recurso de un pueblo, que es
la educación y la capacidad. Los
jóvenes a quienes se pretende forzar a
tales labores no tienen ninguna
preparación para enseñar a leer,
pero podrían capacitarse en campos y
temas de su interés intelectual.
Más valdría para los
guatemaltecos que sus jóvenes siguieran
cursos de extensión cultural, o que se
les exija investigar y estudiar materias
diversas, o se les enseñen oficios y
manualidades, que ponerlos en algo que deja muy
pobre provecho pero sí gran
perjuicio.