El hombre de los
milagros
Saúl Molina ha hecho suya la
costumbre de hacer milagros. El último
fue tomar al San Luis y llevarlo del
sótano al quinto lugar. ¡Y en apenas
cinco partidos!
Roberto
Aguila
Cuando
Saúl Molina llegó al San Luis, el
equipo talpeño había acumulado dos
derrotas y un empate, no había sido capaz
de marcar un gol en tres salidas al campo, y era
el candidato más firme para descender de
categoría. El extinto Santa Clara le
había cedido su espacio en la primera
división, pero también le
había heredado una posición
ingrata, la de superar los cinco puntos de
ventaja que le sacó Marte al
término del Apertura para no
descender.
Para colmo, con un solo punto acumulado en
las tres fechas iniciales del Clausura, frente a
dos triunfos y un empate de Marte, la diferencia
a superar se había extendido a doce
puntos.
Ese era el reto que asumió Saúl
Molina tras su llegada al San Luis en reemplazo
de Raúl Cocherari. ¿Una
misión imposible? Para los que conocemos
a Saúl Molina y sabemos de su capacidad e
inteligencia para manejar situaciones de riesgo,
diríamos que no.
Ya antes y en muchas ocasiones, Saúl
había hecho cosas imposibles con equipos
en igual situación, y en todas
había entregado el saldo de su trabajo
envuelto en un sobre de misión cumplida.
Incluso, en algunos casos, no solamente
salvó al equipo que dirigía, sino
que lo subió a posiciones de
protagonismo.
De manera que para seguir en esa costumbre
muy suya de hacedor de milagros, la
transformación talpeña se
inició desde el mismo instante en que se
sentó en el banquillo del San Luis. Una
derrota ante Balboa y tres victorias sucesivas
que le sumaron diez puntos y lo pusieron de
inmediato en el quinto lugar, fueron la muestra
de capacidad que Saúl Molina le
entregó al San Luis sin jactancia.
¿De dónde sale el
milagro?
Saúl Molina, dentro de la humildad que
lo ha acompañado siempre, refuta los
conceptos de que lo suyo es algo fuera de lo
normal. "En el fútbol no hay nada
milagroso. Simplemente es que trabajés a
conciencia, que sepás meter a los
jugadores en tu idea táctica, y que les
despiertes la conciencia de que son capaces de
hacer lo que se propongan", explicó
Saúl Molina.
Dijo que él no ha inventado nada, que
manda a jugar bajo el sistema del 3-5-2 que para
nadie es una novedad, y que su estrategia no es
otra que establecer marcas dependiendo de
dónde se mueva el balón. "Yo no
tengo misterios para nadie, ni tácticos
ni estratégicos. Hago lo que hace
cualquier entrenador, que mis hombres hagan
relevos, coberturas, apoyos, y que estén
concentrados siempre. Es decir, hago lo normal",
dice, como queriendo esconder todo lo que tiene
dentro de su cabeza.
Si, pero...¿de dónde viene la
transformación?, le preguntamos. Y Molina
responde que radica en motivar al jugador,
crearle la confianza de que tiene la misma
capacidad del rival. Lo otro ha sido realizar
algunos cambios en la alineación y
despertar en sus hombres una lucha interna por
ganarse el puesto.
"En el primer partido en que dirigí al
San Luis, no hice ningún cambio porque
quería ver cómo funcionaba el
equipo. Me ganó Balboa porque muchos
jugaron parados. Entonces trabajé en
despertar la voluntad y aplicación para
realizar las funciones, y en la reacción
y potencia para pelear balones. Asimismo hice
algunos cambios en la alineación haciendo
notar que las oportunidades que daba para jugar
no las desperdiciaran. Le ganamos a ADET y las
cosas comenzaron a cambiar", recalcó
Molina.
Admite que lo que se viene será
más difícil, pero tiene la
confianza de que sus hombres se están
metiendo mucho en su idea táctica, y que
el San Luis puede lograr el objetivo de no
descender. "Ya nos pusimos a tres puntos de
Marte, y si mantenemos la lucha propuesta creo
que podemos lograrlo", finalizó.