Viernes 16 de marzo de 2001


En defensa de la mujer
La violencia familiar
Julia Regina de Cardenal*

Hace unas semanas vimos escenas espeluznantes de niños aterrorizados siendo empujados por familiares en contra de los antimotines -que para ellos deben haber sido monstruos-. Es preocupante que, encima de los traumas que ya tienen los niños salvadoreños, haya personas capaces de utilizarlos para conseguir propósitos egoístas. Así tratan de manipular las noticias en nuestro país confundiendo la opinión pública. Esto es parte de una tendencia en la cual el fin justifica los medios, usando un objetivo deseable a través de premisas falsas.

Tal es el caso de la nueva terminología que suena muy bonita como "salud reproductiva", que en realidad no tiene nada ni de salud ni de reproducción puesto que se trata de repartir anticonceptivos dañinos para la salud de la mujer y distribuir preservativos a niños, representando un atentado para la familia y la sociedad. Lo mismo sucede con el nuevo enfoque de "género", que se ha puesto de moda últimamente, que supone defender los derechos de la mujer, erradicar la violencia familiar y promover la paternidad responsable. ¿Qué persona correcta se opondría a estas cosas? Lo que no es lógico y bastante ingenuo es pensar que cambiando el significado de palabras o diciendo ellos y ellas, todos y todas, nosotros y nosotras o utilizando una letra nueva en el alfabeto "@", vamos a lograr todo esto. Desde el principio de la historia de la humanidad el género ha sido femenino y masculino, ahora se pretende crear un género neutro.

La nueva definición de género es que este no tiene su origen en lo biológico sino que es aprendido, o sea, las mujeres no nacemos femeninas ni los hombres nacen masculinos sino que nos hacemos. Esto quiere decir que a los hombres no necesariamente les tiene que gustar las mujeres y a las mujeres tampoco los hombres porque estos son "papeles, roles o actitudes estereotipados", que se les ha enseñado por medio de "patrones culturales o religiosos". Esta transformación del lenguaje, utilizando términos como "orientaciones o preferencias sexuales", pretende que todo comportamiento, ya sea homosexual, bisexual, pederastia, entre otros deben promoverse como normales, naturales y aceptables. Al escuchar estas nuevas teorías, muchas veces aunque no nos hacen sentido, puede haber cierto temor de preguntar o criticar quizá por no parecer anticuados o por no ofender a personas que se encuentran entre los grupos antes mencionados. No se trata de ser homo fóbicos, porque debemos respetar a todas las personas, pero no se puede promover un comportamiento homosexual como normal cuando no lo es, así como tampoco se puede aceptar la promiscuidad de un hombre o una mujer como algo natural.

En nuestro país se presiona al gobierno para que acepte tratados internacionales como el Comité de Seguimiento de la Convención de Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW), que forma parte del llamado sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas y que ha visto potenciado su poder de coacción sobre las naciones por medio del Protocolo Opcional (facultativo) de la Convención. El Comité, acaba de recomendar a Burundi legalizar el aborto; a Chile legalizar el aborto terapéutico; a Kigistán, legalizar el lesbianismo; a China, legalizar la prostitución; a Libia reinterpretar el Corán, para permitir el aborto; criticó a Bielorrusia, por establecer el Día de la Madre, ya el Comité considera que el ser madre es un estereotipo negativo para las mujeres. El 25 de mayo de 2000, Women for Faith and Family (WFF), una organización norteamericana de 50.000 mujeres católicas, se opuso a la ratificación de CEDAW por los Estados Unidos, porque en un análisis social radical mina la dignidad de las mujeres, devaluando su papel dentro de la familia y en la sociedad como madres. Discrimina a la familia tradicional y a la legítima diversidad de culturas y creencias religiosas, demandando "un cambio en el papel tradicional de los hombres y de las mujeres en la sociedad y en la familia". Usurpa el derecho de naciones soberanas para mantener políticas y leyes en orden a proteger los derechos de sus ciudadanos.

No se logrará eliminar la violencia familiar promoviendo el libertinaje, la promiscuidad y el sexo desenfrenado por medio de "derechos sexuales y reproductivos". No se fomentará la paternidad responsable promoviendo preservativos y anticonceptivos, que por el contrario incitan a la infidelidad. Para lograr erradicar la violencia en general debe fomentarse el autodominio, que levanta la autoestima en lugar de la autocomplacencia y el egoísmo; deben ser protegidos los derechos legítimos de las naciones soberanas a sus creencias culturales y religiosas -no modificadas-. Debe respetarse el papel de la mujer como persona dentro de la familia y de la sociedad. En particular, se debe defender la dignidad de la maternidad y el valor irremplazable de las madres en el desarrollo de un orden social justo y la importancia de la protección legal de la familia tradicional en la sociedad. Los salvadoreños hemos sido un ejemplo en lograr la paz, en la defensa de la vida y ahora en la solidaridad y el optimismo.

Podemos sentirnos más orgullosos dando un paso mayor, levantando de los escombros un país renovado, justo y libre para las futuras generaciones.


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