Viernes 16 de marzo de 2001


Meditando

Ya no respetan ni a Cristo Jesús

"Al tiempo que señalaré, Yo juzgaré rectamente. ... No hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con cerviz erguida" (Salmo 75: 2-5).

El discutido drama de Heilbronn, titulado "Corpus Cristo", sale de gira. Habría planes de actuaciones en cinco escenarios alemanes, comunicó el teatro. Todas las actuaciones son respaldadas económicamente por la intendencia de la correspondiente provincia. En el drama, Terrence McNally, ganador del premio norteamericano Pulitzer, presenta a Jesús y a sus Apóstoles, entre otras cosas, como homosexuales dados a la bebida. Desde el estreno del discutido drama, grupos cristianos y musulmanes están protestando contra la "difamación blasfema del cristianismo" y de la figura de Jesús. Hubo numerosas manifestaciones, así como amenazas de muerte anónimas contra el intendente de Heilbronn, Klaus Wagner, y el superintendente Helmut Himmelsbach.

El odio de diablo hacia todas las disposiciones de Dios tiene muchos métodos. Entre otros, quiere hacer que la homosexualidad sea socialmente aceptable. En ese esfuerzo llega al extremo de querer conciliarlo con Jesús y sus Apóstoles. Vivimos en una época en la cual el pecado, con su rebeldía contra los mandamientos de Dios, sobrepasa todo límite moral. Se trata de rebajar a Jesús, en forma blasfema, como un "ingenuo homosexual, dado a la bebida". Dichos comentarios, dramatizaciones y carteles blasfemos, que unos años atrás aun habrían sido impensables, muestran su verdadera cara en forma cada vez más drástica e irrespetuosa, y ayudan a embotar la conciencia del ser humano frente a Dios, haciendo, al mismo tiempo, que el mismo esté cada vez más abierto a todo tipo de impiedad.

Ya existió una vez una época en la cual la gente ya no se dejaba corregir por el Espíritu de Dios, haciendo así que la medida del pecado se desbordara. En Gén. 6:5 leemos lo siguiente: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designios de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". En la Biblia de Scofield encontramos para este versículo la siguiente anotación: "Todo el designio de los pensamientos, es decir, incluyendo las intenciones y los deseos". El ser humano ya no le daba lugar alguno en su corazón a su Creador, se cerraba hacia Él en sus pensamientos; sus intenciones y deseos ya iban solamente en la dirección de lo que era contrario a Dios, es decir, el mal. La consecuencia de los pensamientos, las intenciones y los deseos humanos, desprendidos de Dios, fue el diluvio.

Aquí se nos impone la pregunta de si en la actualidad no habremos llegado a un punto similar, o estaremos dirigiéndonos al mismo con paso rápidos y directos. El Señor no volverá a enviar un diluvio, pero sí los juicios de la gran tribulación profetizados en el Apocalipsis. Este Señor, quien hoy en día burlonamente es minimizado, es el Salvador, quien cargó sobre Sí mismo los pecados de toda la humanidad y los llevó a la cruz, para forjar el perdón. Todo ser humano que llega a Él con el pecado que sea, pero con honestidad, consigue una amnistía total. Aun al ladrón que estaba en la cruz a Su lado y quien, anteriormente, todavía se había burlado de Él, para luego reconocer en Jesús el Mesías y dirigirse a Él con una plegaria, inmediatamente recibió la promesa del paraíso (Lc. 23:43). A este Salvador, sin embargo, también le ha sido encargado por el Padre el juicio, de modo que todo ser humano algún día tendrá que rendir cuentas delante de Aquél que cargó con los pecados del mundo. Será el mismo hombre, delante del cual durante el último juicio huirán despavoridos el cielo y la tierra y delante del cual todo ser humano, que durante su vida no se haya entregado a Él, tenga que responder.

Ahí toda burla hallará su fin y todo pecado tendrá que callar, ya que el Señor, a todos los seres humanos que han amado más al pecado que a Él, los pondrá en el lugar que les corresponde por la eternidad. Como este día ya está fijado, y nadie puede escapar de él, queremos tomar en serio la Palabra de Dios. Si claro en el huerto del Edén nos dio el libre albedrío, o sea poder decidir entre el bien y el mal, pero eso no significa que si escoges el mal simplemente lo escogiste, no, de ninguna manera, tendrás que pagar tu mala decisión, aunque Dios te ofrece una mejor opción recibiéndolo y aceptándolo como tu Salvador y Señor, lo cual tiene varias recompensas, una mejor vida mientras te lleva a su presencia y la vida eterna a su lado por los siglos de los siglos. ¿Qué se sacan estos anticristos denigrando al Señor y sus apóstoles?; encender más la ira de Dios sobre estos hijos de perdición.

* Pastor.


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