Viernes 16 de marzo de 2001


La Nota del Día
 

Entra en vigencia el TLC con México

En muchos sentidos el país se ha venido adaptando a la comunidad global, aunque proceda por pasos y sectores

El Tratado de Libre Comercio entre el Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) y México entró en vigencia ayer, abriendo positivos horizontes a la economía regional. Con el acuerdo, productos de ambas partes pagarán aranceles sucesivamente menores, hasta llegar al pleno intercambio sin impedimentos de ninguna clase.

La apertura de mercados siempre despierta temores, como los hubo en México antes de incorporarse al bloque Estados Unidos-Canadá. Se cree que las naciones de menor desarrollo no dispondrán ni de la capacidad tecnológica ni de los cuadros técnicos ni de los capitales, para enfrentar con éxito la competencia de empresas muchísimo mayores y con vieja trayectoria. Y efectivamente habrá quienes no logren sobrevivir, pero eso ocurrirá a ambos lados de las fronteras.

La norma, sin embargo, es que las empresas se fortalecen con la competencia, que surgen alianzas entre ellas, y que rápidamente se adaptan a las nuevas condiciones sociales, mercadológicas y competitivas. No sabemos de casos, aunque es imaginable que existan, en que reducir aranceles y abrir mercados no haya traído muchísimos más beneficios que inconvenientes. Y los que más ganan con la apertura son los consumidores, al disponer de productos y servicios de mejor calidad con relación a los precios.

Así viene sucediendo con el Mercado Común Europeo, que de seis socios originales ha pasado a casi una veintena. Países que estaban a la zaga, como Portugal y Grecia, han modernizado sus economías y sabido enfrentar la creciente competencia de productores de rango mundial. La fórmula del éxito está en la gradualidad y en el hecho de que al productor de un país, que hasta entonces estaba muy cerrado, de pronto se le abren mercados más fuertes.

La globalización es oportunidad y esperanza

Los mercados más grandes, enormemente más grandes, significan mayor empleo, mejores oportunidades de superación personal, más profesionalismo en la gente y el surgimiento de empresas y actividades de apoyo, como cuando al establecerse una maquila brotan toda clase de negocios en su entorno.

Se tiene que tomar en cuenta, empero, que la integración al mundo, como de hecho se contempla como meta final del proceso, requiere del concurso no sólo de empresas y gobiernos, sino también de una amplia gama de sectores. No puede haber una modernización de fábricas e industrias, si las leyes y las instituciones no se ponen a la altura de las nuevas exigencias. No subsiste una economía fuerte al lado de instituciones débiles.

Tampoco convive la modernidad económica y empresarial, con fórmulas arcaicas en lo ideológico, lo político y lo cultural, ni menos con niveles de delincuencia aberrantes, o con un sistemático ataque contra el orden legal y la convivencia pacífica. Lo que se ha venido dando, un intento mantenido por derrumbar el sistema y subvertir el orden social, reduce oportunidades, afecta la competitividad, disminuye los niveles de empleo y posterga el estado de pobreza de innumerables sectores. Por parecidos motivos, los sindicatos norteamericanos fomentan la discordia en nuestros centros de trabajo, para impedir la incorporación de los salvadoreños al mundo globalizado.

En muchos sentidos el país se ha venido adaptando a la comunidad global, aunque proceda por pasos y sectores. Lo que tenemos es una coexistencia dentro de un mismo territorio, de "primeros mundos", "segundos mundos" y "cuartos mundos"; con el TLC y la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, podemos todos aspirar a ser "primeros mundos".


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