Para
ver llover
Carta a
Marcos
Sospecho, por eso del pasamontañas,
que es usted, o muy feo, o un admirador del
Santo. Dice una amiga que feo no puede ser, y
que tiene los ojos de Alain Delon.
Por Cristian
Villalta
Dice
un colega que, tras la muerte de Blue Demon hace
unos meses, México necesitaba un
sustituto para el Enmascarado de Plata. Acaso la
clandestinidad le haya obligado a taparse el
rostro, pero no me niegue que hay en eso algo de
truco publicitario y mucho de explotación
del morbo.
Oiga, no es nada personal pero hasta hace
unos días me caía bastante gordo.
No simpatizo con los militares (sin importar el
signo, o si son de ejército oficial o
subversivo) por principios. Como usted mismo
bien lo reconoce, si alguien necesita de las
armas como argumento para defender las ideas,
ese alguien es muy pobre de ideas.
Es ahí donde entra la
excepción. Usted tiene ideas
interesantes. Lo vi antenoche, en la
retransmisión de una entrevista que le
hizo Televisa. Mencionó que su causa no
es revolucionaria, porque no busca hacerse del
poder ni transformarse en instancia
política. Aseguró, con la boca
taconeada por esa pipa que seguro sabe a
diablos, la rebeldía social como su
principal propósito, y la búsqueda
de cambios desde abajo, no desde arriba, como un
ideario.
Dice que su lucha no es ideológica,
toda vez que reinvindica a un grupo
étnico; que su enemigo no es de izquierda
ni de derecha, sino estatal, aunque, no nos
hágamos tarugos, se le desliza por
ahí un tufillo a romántico
trasnochado perdonable al fin de cuentas; que
con la globalización, las fronteras
nacionales desaparecen, pero las individuales se
multiplican; augura que, con ese fenómeno
económico, las pequeñas
burguesías latinoamericanas
podrían menguar, ante el empuje del gran
capital internacional.
Si en El Salvador hubiésemos tenido
guerrilleros así, seguro
viviríamos en un país diferente,
no sé si mejor o peor, pero a como vamos,
las diferencia no pueden restar, sólo
sumar. El punto, don Marcos, es que
después de verlo por el cable me ha
despertado algunas cosquillientas
inquietudes.
¿La utopía todavía existe?
¿Cuántos pasamontañas tiene
en el ropero? ¿El nuevo siglo será
el de la anulación del individuo?
¿Los marginados pueden ser objeto viable de
gestión empresarial? ¿Sabe usted de
Luis Baltazar Ramírez "el Pelé"
Zapata? Y, finalmente, ¿no se siente como
cuando los Beatles llegando a Nueva York?