¿A qué
temerle?
El miedo nos vigila agazapado en las
esquinas hondas de la sangre,/espera con su vil
relampagueo la terca ingenuidad de nuestros
pasos./Tiene fauces de hielo y
malaquita,/corazón de metales
oxidados./Suele surgir de pronto, y nos
sorprende con la alevosa lluvia de su aliento,/y
nos cubre la piel de agudas sombras,/ y nos
convierte en pura desmemoria,/en
huérfanos inermes y aterrados". (Antonio
Porpetta).
Janet
Cienfuegos O.
¿Qué
cosas producen miedo?, la principal es,
quizás la ignorancia, el
desconocimiento... Nada mejor que la
última de nuestras "aterradoras
experiencias colectivas" para comprobarlo. Del
no saber se deriva el "dicen" y el "lo que
pasa"... Los que creen se agrupan, en mayor
número que los prudentes... por
desgracia.
No hay medicina más efectiva contra el
miedo que el enfrentarlo; ponernos cara a cara
con él, desafiarlo luego de que nos hemos
tomado la medicina que se llama
"información".
Ayer me pasó. Hasta la puerta de mi
casa llegaron dos buenas mujeres quienes, Biblia
en mano, me mostraron dos o tres
versículos en los que se habla de
temblores que anteceden al fin y otras cosas
como castigos... Desde pequeña y habiendo
estudiado siempre en colegio de monjas
aprendí que eso que se llama "temor de
Dios" se traduce en una palabra más
digerible: "respeto".
Respetar a Dios es, para mi, vivir de acuerdo
a sus mandatos, entender que el bienestar viene
del bien y no del mal que pudiera hacer a otras
personas, tanto bien hago, tanto bien
recibo.
Aquello de "Ojo por ojo, diente por diente"
se interpreta de acuerdo al conocimiento y los
sentimientos que cada quien maneja. Hay quienes
piensan que es sinónimo de odio por odio,
mal por mal, cuando en realidad no es sino el
resumen de la "Ley de la compensación" de
la cual les hablaba unas líneas
atrás.
A estas alturas, pudiera dar la
impresión de haberme dispersado en mis
propias palabras, sin embargo, no es
así... ¿A qué el tema del
miedo?... Tengo comprobado -y eso implica
experiencia personal- que en la medida en que se
vaya limpiando el interior, el cuerpo y las
acciones reflejan un estado más
transparente y fuerte.
El miedo está con nosotros siempre,
siempre acechante, siempre en busca de sus
víctimas... Y no es obligación,
más que por ignorancia, caer en sus
afiladas fauces. Ya lo dijo el que todo lo sabe,
"La verdad nos hará libres", nada peor
que las mentiras para dar cabida a los
más aterradores miedos, nada más
efectivo que la limpieza del alma para estar en
paz con el ser supremo y con nosotros
mismos...
janet@elsalvador.com