Miércoles 14 de marzo de 2001


¿A qué temerle?

El miedo nos vigila agazapado en las esquinas hondas de la sangre,/espera con su vil relampagueo la terca ingenuidad de nuestros pasos./Tiene fauces de hielo y malaquita,/corazón de metales oxidados./Suele surgir de pronto, y nos sorprende con la alevosa lluvia de su aliento,/y nos cubre la piel de agudas sombras,/ y nos convierte en pura desmemoria,/en huérfanos inermes y aterrados". (Antonio Porpetta).

Janet Cienfuegos O.

¿Qué cosas producen miedo?, la principal es, quizás la ignorancia, el desconocimiento... Nada mejor que la última de nuestras "aterradoras experiencias colectivas" para comprobarlo. Del no saber se deriva el "dicen" y el "lo que pasa"... Los que creen se agrupan, en mayor número que los prudentes... por desgracia.

No hay medicina más efectiva contra el miedo que el enfrentarlo; ponernos cara a cara con él, desafiarlo luego de que nos hemos tomado la medicina que se llama "información".

Ayer me pasó. Hasta la puerta de mi casa llegaron dos buenas mujeres quienes, Biblia en mano, me mostraron dos o tres versículos en los que se habla de temblores que anteceden al fin y otras cosas como castigos... Desde pequeña y habiendo estudiado siempre en colegio de monjas aprendí que eso que se llama "temor de Dios" se traduce en una palabra más digerible: "respeto".

Respetar a Dios es, para mi, vivir de acuerdo a sus mandatos, entender que el bienestar viene del bien y no del mal que pudiera hacer a otras personas, tanto bien hago, tanto bien recibo.

Aquello de "Ojo por ojo, diente por diente" se interpreta de acuerdo al conocimiento y los sentimientos que cada quien maneja. Hay quienes piensan que es sinónimo de odio por odio, mal por mal, cuando en realidad no es sino el resumen de la "Ley de la compensación" de la cual les hablaba unas líneas atrás.

A estas alturas, pudiera dar la impresión de haberme dispersado en mis propias palabras, sin embargo, no es así... ¿A qué el tema del miedo?... Tengo comprobado -y eso implica experiencia personal- que en la medida en que se vaya limpiando el interior, el cuerpo y las acciones reflejan un estado más transparente y fuerte.

El miedo está con nosotros siempre, siempre acechante, siempre en busca de sus víctimas... Y no es obligación, más que por ignorancia, caer en sus afiladas fauces. Ya lo dijo el que todo lo sabe, "La verdad nos hará libres", nada peor que las mentiras para dar cabida a los más aterradores miedos, nada más efectivo que la limpieza del alma para estar en paz con el ser supremo y con nosotros mismos...

janet@elsalvador.com


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