- Tema del
momento
- Caficultura, hacia el
nuevo siglo
- Alfredo
Mena Lagos*
Por
primera vez en muchas décadas, un nuevo
programa anunciado por el gobierno para rescatar
a la caficultura de la crisis coyuntural en que
se encuentra, tiene elementos de visión
de largo plazo que vale la pena analizar.
Partiendo de la base que el bosque cafetero es
nuestro pulmón y principal fuente local
de recursos acuíferos, nos debe hacer
meditar que el cultivo del café
será por mucho tiempo un elemento
importantísimo para nuestra sociedad, y
por lo consecuente vale la pena conservarlo de
una manera racional.
Si bien es cierto que la crisis actual que
atraviesa la caficultura es de carácter
coyuntural, es de responsabilidad establecer que
también tiene raíces
estructurales, producto de una
sobreproducción a nivel mundial. Los
motivos para sobreproducir son muchos, todos son
artificiales, como la devaluación en
Brasil que hace "rentable" la inversión
en café; las donaciones de Francia a
Vietnam que lo han convertido en pocos
años en el segundo productor mundial; los
fondos nacionales que han mantenido la
"rentabilidad" de la producción
colombiana; los esquemas de cuotas y retenciones
que "ilusionan" a los productores con mejores
precios, etc.
Es importante que los caficultores
salvadoreños tomemos esta última
medida gubernamental con responsabilidad y
visión de largo plazo,
aprovechándola para corregir nuestros
propios problemas estructurales. De lo
contrario, ésta se puede convertir en una
dosis más para un adicto. Lo primero, es
que aquellos caficultores que producen menos de
11qq. por manzana, y se menciona esta cifra pues
es inferior al promedio nacional, mediten
profundamente sobre su futuro, pues lo
único que los va a sacar adelante es la
productividad. Debe hacerse un análisis
sobre las condiciones de suelo y micro ambiente;
sobre la capacidad, vocación, y
responsabilidad personal, y sobre las
condiciones financieras en que se trabaja.
Un elemento de mucha importancia que se debe
evaluar es la integración vertical de la
industria, pues es necesario darle mayor valor
agregado a nuestro producto, acercándonos
más al consumidor final, y haciendo valer
el factor calidad que distingue a nuestro
café. En este sentido, se debieran
considerar incentivos fiscales como la
eliminación del pago a cuenta,
agilización de la devolución del
IVA, amortización de pérdidas de
ejercicios anteriores, etc. También se
pueden establecer líneas de
crédito a largo plazo, para proyectos que
le den mayor valor agregado al café, como
torrefacción, cafés especiales,
comercialización, etc.
El esquema financiero para la caficultura
adolece de vicios que se hace necesario
corregir, como es el concepto del crédito
prendario, pues estimula la especulación
al permitirle al productor retardar la venta de
su cosecha, que en la mayoría de casos,
significa mayores pérdidas al tener que
vender más barato y con costos
financieros más altos. La
reestructuración de la deuda existente
debiera ser un instrumento de alivio financiero,
y no una vía para crear más
capacidad de endeudamiento, pues la
mayoría de caficultores debe más
allá de lo prudente en las actuales
circunstancias.
También importante es la necesidad de
diversificación y reconversión de
cafetales. Es una realidad que existen grandes
cantidades de tierra que ya no son viables para
la caficultura, y es necesario financiar la
transición hacia nuevos usos, que
mantengan los beneficios ecológicos para
el país con una mayor productividad. En
este sentido, necesitamos hacer estudios de
factibilidad de diferentes productos, incluyendo
la silvicultura. Guatemala tiene programas e
incentivos fiscales muy exitosos para el
desarrollo de bosques y la explotación
racional de la madera.
Por último, pero no menos importante,
es la deficiente labor gremial en el sector
café. Con la excepción de la
Asociación Café Izalco de El
Salvador, las demás gremiales de
café han fracasado miserablemente en
desarrollar una visión de largo plazo,
que permita encontrar soluciones estructurales a
los problemas del sector, ilusionando a los
productores con esquemas como la
retención de café, que no
sólo ha fracasado en levantar los
precios, sino que además ha violentado
los derechos de propiedad de los productores,
sentando precedentes nefastos. Ahora inclusive
se habla de quemar café, lo cual si es
obligatorio, constituye una confiscación,
y si es comprado por el Estado, abre las mismas
puertas que costó tanto cerrar
después de los años de locura.
Los que verdaderamente amamos la caficultura
y queremos solucionar sus problemas
estructuralmente, no nos sentimos representados,
haciéndose necesario formar una
asociación gremial que unifique el
sector. No podemos seguir con la visión
de que el beneficiador es un ladrón que
se lleva toda la rentabilidad, como tampoco que
el productor es un aprovechado e irresponsable.
No se puede seguir engañando al
caficultor con maniobras que no funcionan,
sirviendo a otros intereses, y perpetuando
vicios que tanto daño nos han hecho. La
difícil realidad que atraviesa la
caficultura demanda un liderazgo claro,
visionario e independiente de intereses ajenos
al gremio, pues es la única ruta hacia la
sostenibilidad del sector y la viabilidad
ecológica de nuestra sociedad.