Miércoles 14 de marzo de 2001


Tema del momento
Caficultura, hacia el nuevo siglo
Alfredo Mena Lagos*

Por primera vez en muchas décadas, un nuevo programa anunciado por el gobierno para rescatar a la caficultura de la crisis coyuntural en que se encuentra, tiene elementos de visión de largo plazo que vale la pena analizar. Partiendo de la base que el bosque cafetero es nuestro pulmón y principal fuente local de recursos acuíferos, nos debe hacer meditar que el cultivo del café será por mucho tiempo un elemento importantísimo para nuestra sociedad, y por lo consecuente vale la pena conservarlo de una manera racional.

Si bien es cierto que la crisis actual que atraviesa la caficultura es de carácter coyuntural, es de responsabilidad establecer que también tiene raíces estructurales, producto de una sobreproducción a nivel mundial. Los motivos para sobreproducir son muchos, todos son artificiales, como la devaluación en Brasil que hace "rentable" la inversión en café; las donaciones de Francia a Vietnam que lo han convertido en pocos años en el segundo productor mundial; los fondos nacionales que han mantenido la "rentabilidad" de la producción colombiana; los esquemas de cuotas y retenciones que "ilusionan" a los productores con mejores precios, etc.

Es importante que los caficultores salvadoreños tomemos esta última medida gubernamental con responsabilidad y visión de largo plazo, aprovechándola para corregir nuestros propios problemas estructurales. De lo contrario, ésta se puede convertir en una dosis más para un adicto. Lo primero, es que aquellos caficultores que producen menos de 11qq. por manzana, y se menciona esta cifra pues es inferior al promedio nacional, mediten profundamente sobre su futuro, pues lo único que los va a sacar adelante es la productividad. Debe hacerse un análisis sobre las condiciones de suelo y micro ambiente; sobre la capacidad, vocación, y responsabilidad personal, y sobre las condiciones financieras en que se trabaja.

Un elemento de mucha importancia que se debe evaluar es la integración vertical de la industria, pues es necesario darle mayor valor agregado a nuestro producto, acercándonos más al consumidor final, y haciendo valer el factor calidad que distingue a nuestro café. En este sentido, se debieran considerar incentivos fiscales como la eliminación del pago a cuenta, agilización de la devolución del IVA, amortización de pérdidas de ejercicios anteriores, etc. También se pueden establecer líneas de crédito a largo plazo, para proyectos que le den mayor valor agregado al café, como torrefacción, cafés especiales, comercialización, etc.

El esquema financiero para la caficultura adolece de vicios que se hace necesario corregir, como es el concepto del crédito prendario, pues estimula la especulación al permitirle al productor retardar la venta de su cosecha, que en la mayoría de casos, significa mayores pérdidas al tener que vender más barato y con costos financieros más altos. La reestructuración de la deuda existente debiera ser un instrumento de alivio financiero, y no una vía para crear más capacidad de endeudamiento, pues la mayoría de caficultores debe más allá de lo prudente en las actuales circunstancias.

También importante es la necesidad de diversificación y reconversión de cafetales. Es una realidad que existen grandes cantidades de tierra que ya no son viables para la caficultura, y es necesario financiar la transición hacia nuevos usos, que mantengan los beneficios ecológicos para el país con una mayor productividad. En este sentido, necesitamos hacer estudios de factibilidad de diferentes productos, incluyendo la silvicultura. Guatemala tiene programas e incentivos fiscales muy exitosos para el desarrollo de bosques y la explotación racional de la madera.

Por último, pero no menos importante, es la deficiente labor gremial en el sector café. Con la excepción de la Asociación Café Izalco de El Salvador, las demás gremiales de café han fracasado miserablemente en desarrollar una visión de largo plazo, que permita encontrar soluciones estructurales a los problemas del sector, ilusionando a los productores con esquemas como la retención de café, que no sólo ha fracasado en levantar los precios, sino que además ha violentado los derechos de propiedad de los productores, sentando precedentes nefastos. Ahora inclusive se habla de quemar café, lo cual si es obligatorio, constituye una confiscación, y si es comprado por el Estado, abre las mismas puertas que costó tanto cerrar después de los años de locura.

Los que verdaderamente amamos la caficultura y queremos solucionar sus problemas estructuralmente, no nos sentimos representados, haciéndose necesario formar una asociación gremial que unifique el sector. No podemos seguir con la visión de que el beneficiador es un ladrón que se lleva toda la rentabilidad, como tampoco que el productor es un aprovechado e irresponsable. No se puede seguir engañando al caficultor con maniobras que no funcionan, sirviendo a otros intereses, y perpetuando vicios que tanto daño nos han hecho. La difícil realidad que atraviesa la caficultura demanda un liderazgo claro, visionario e independiente de intereses ajenos al gremio, pues es la única ruta hacia la sostenibilidad del sector y la viabilidad ecológica de nuestra sociedad.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com