Miércoles 14 de marzo de 2001


La Nota del Día
 

Regulaciones que encarecen

El país necesita ponerse en pie lo antes posible: no hay grandes recursos, nos hemos visto forzados a mendigar y cada centavo cuesta

La Municipalidad de San Salvador anunció que revisará las regulaciones pertinentes a la construcción y desarrollos urbanísticos, ya que las actuales datan de hace mucho tiempo. La oficina encargada de vigilar lo que se diseña y construye es la OPAMSS, con participación de CONCULTURA.

La mala noticia es que, según voceros de la Alcaldía, se volverán más estrictas las normas, se ejercerán inspecciones más frecuentes y se prohibirá edificar en zonas de alto riesgo, lo que equivale, esto último, a jugar a Dios. La renovada actividad regulatoria tendrá sus costos, los que paga siempre el público, no sólo a través de más altos precios por la vivienda o instalaciones comerciales, sino también por la presión que ello ejerce en los precios de todo.

Hay reglas que tienen su lógica, como son especificaciones sobre construcción y diseño, las referentes a la resistencia que debe tener una estructura, o tamaños mínimos de habitaciones y ventanas. Estamos de acuerdo con que no hay que construir sobre una determinada cota de elevación en el volcán de San Salvador, o respecto al ancho de un pasaje o calle.

Pero en otras hay mucho por discutir, sobre todo en estos momentos en que se requiere vitalmente reactivar la industria de la construcción, y el país no puede darse el lujo de implantar exigencias propias de naciones ricas. En meses pasados señalamos la serie de tonterías que se impone sobre los constructores, alegando criterios "históricos" o estéticos. Una de tales es limitar la altura de los edificios a diez metros; otra, querer conservar estilos que de "históricos" no tienen nada, como en el caso de la Flor Blanca; una tercera, pretender que los arquitectos se ciñan a formas y colores que dicta OPAMSS o CONCULTURA. Si estos burócratas pudieran regular lo que se edifica en París, ni la Pirámide del Louvre ni el Centro Pompidou existirían.

En tiempo de crisis, "que usen corbata"

Bien se dice que "la regla mata". Un arquitecto de a "deveras" que conocemos no puede remodelar un antiguo edificio del centro (más o menos ochenta años, lo que no es mucho) porque le exigen dos cosas contradictorias: una, que "respete" la fachada del edificio; la otra, que construya estacionamientos subterráneos o aéreos. Si conserva la fachada, no hay modo de acceder a los estacionamientos, y si construye los estacionamientos, será imposible conservar la fachada. En otras partes, muchos edificios se construyen sin estacionamientos y son las alcaldías y empresas privadas, las que se encargan de dotar de ellos a la ciudad.

Hay otra consideración adicional: que en la clase de crisis que sufrimos a consecuencia de los terremotos, lo procedente no es regular y estorbar, sino liberar y facilitar. El país necesita ponerse en pie lo antes posible: no hay grandes recursos, nos hemos visto forzados a mendigar y cada centavo cuesta. Incrementar los costos a través de regulaciones equivale a pedir a los damnificados que usen corbata y chaqueta al remover los escombros de sus terrenos.

Recordando en previas notas la experiencia alemana de la posguerra, dijimos que las autoridades permitieron a la gente usar cualquier material y construir como les viniera en gana, con tal de salir de las ruinas. En Colonia, en Dusseldorf, en Maguncia y en otro centenar de ciudades, los centros urbanos fueron de "plywood" por más de un lustro.


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