La
Nota del Día
Regulaciones que encarecen
El país necesita ponerse en pie lo
antes posible: no hay grandes recursos, nos
hemos visto forzados a mendigar y cada centavo
cuesta
La Municipalidad de San Salvador
anunció que revisará las
regulaciones pertinentes a la
construcción y desarrollos
urbanísticos, ya que las actuales datan
de hace mucho tiempo. La oficina encargada de
vigilar lo que se diseña y construye es
la OPAMSS, con participación de
CONCULTURA.
La mala noticia es que, según voceros
de la Alcaldía, se volverán
más estrictas las normas, se
ejercerán inspecciones más
frecuentes y se prohibirá edificar en
zonas de alto riesgo, lo que equivale, esto
último, a jugar a Dios. La renovada
actividad regulatoria tendrá sus costos,
los que paga siempre el público, no
sólo a través de más altos
precios por la vivienda o instalaciones
comerciales, sino también por la
presión que ello ejerce en los precios de
todo.
Hay reglas que tienen su lógica, como
son especificaciones sobre construcción y
diseño, las referentes a la resistencia
que debe tener una estructura, o tamaños
mínimos de habitaciones y ventanas.
Estamos de acuerdo con que no hay que construir
sobre una determinada cota de elevación
en el volcán de San Salvador, o respecto
al ancho de un pasaje o calle.
Pero en otras hay mucho por discutir, sobre
todo en estos momentos en que se requiere
vitalmente reactivar la industria de la
construcción, y el país no puede
darse el lujo de implantar exigencias propias de
naciones ricas. En meses pasados
señalamos la serie de tonterías
que se impone sobre los constructores, alegando
criterios "históricos" o
estéticos. Una de tales es limitar la
altura de los edificios a diez metros; otra,
querer conservar estilos que de
"históricos" no tienen nada, como en el
caso de la Flor Blanca; una tercera, pretender
que los arquitectos se ciñan a formas y
colores que dicta OPAMSS o CONCULTURA. Si estos
burócratas pudieran regular lo que se
edifica en París, ni la Pirámide
del Louvre ni el Centro Pompidou
existirían.
En tiempo de crisis, "que usen
corbata"
Bien se dice que "la regla mata". Un
arquitecto de a "deveras" que conocemos no puede
remodelar un antiguo edificio del centro
(más o menos ochenta años, lo que
no es mucho) porque le exigen dos cosas
contradictorias: una, que "respete" la fachada
del edificio; la otra, que construya
estacionamientos subterráneos o
aéreos. Si conserva la fachada, no hay
modo de acceder a los estacionamientos, y si
construye los estacionamientos, será
imposible conservar la fachada. En otras partes,
muchos edificios se construyen sin
estacionamientos y son las alcaldías y
empresas privadas, las que se encargan de dotar
de ellos a la ciudad.
Hay otra consideración adicional: que
en la clase de crisis que sufrimos a
consecuencia de los terremotos, lo procedente no
es regular y estorbar, sino liberar y facilitar.
El país necesita ponerse en pie lo antes
posible: no hay grandes recursos, nos hemos
visto forzados a mendigar y cada centavo cuesta.
Incrementar los costos a través de
regulaciones equivale a pedir a los damnificados
que usen corbata y chaqueta al remover los
escombros de sus terrenos.
Recordando en previas notas la experiencia
alemana de la posguerra, dijimos que las
autoridades permitieron a la gente usar
cualquier material y construir como les viniera
en gana, con tal de salir de las ruinas. En
Colonia, en Dusseldorf, en Maguncia y en otro
centenar de ciudades, los centros urbanos fueron
de "plywood" por más de un lustro.