Domingo 9 de diciembre 2001


Ministerio Espiga
Sigamos el plan de Dios
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

La actitud de paciencia y obediencia de San José frente al plan de Dios, en sueños y a través del ángel, para salvar a la humanidad es el punto clave, fundamental, para cambiar la historia de nuestras familias.

¿Vamos a continuar haciendo nuestros propios planes?

¿Estamos dispuestos a conocer y obedecer el plan de Dios?

No estoy diciendo que todos los planes que el ser humano haga sobre la familia sean malos. Sólo digo que Dios tiene un plan mejor.

En condiciones normales deberíamos buscar el bien mayor, pero muchas veces la ignorancia, la inmadurez, las malas experiencias nos llevan a cerrarnos en nuestras ideas y por estar aferrados a nuestros propios criterios, no abrazamos con alegría el plan de Dios.

San José dijo con su actitud lo que la Virgen María había dicho también con palabras:

"He aquí la esclava de El Señor. Hágase en mí según tu palabra" (Lc. 1, 38)

No sé en qué momento te encuentres; no sé cuáles son los planes que con respecto a tu familia guardas en el silencio de tu corazón. Quizá estás pensando que no vale la pena continuar y has decidido abandonar tu casa o a lo mejor por muchas razones prefieres quedarte pero con una indiferencia tal que te hace estar ausente.

Propósitos

Quisiera que Dios te mandara un ángel como lo hizo con San José, para revelarte claramente su plan, y que tú lo acogieras con un corazón manso y humilde. O tal vez, si lees con atención estos mensajes, descubras que Dios habla de muchas maneras" (Hebreos 1, 1) y esta sea una forma de comunicarte el proyecto que tiene para salvarte a ti y a toda tu familia. (cf. Hch. 16, 31)

-¿Tienes la disponibilidad de recibir el plan de Dios aún sin ver ángeles?

-¿O tu decisión es: hacer lo que tienes pensado y no cambiarías de opinión aunque un ángel te hablara?

-Desconozco tu respuesta, si fuera: "No voy a obedecer, nadie va a cambiar mi manera de pensar".

Entonces, mi consejo es que trates de actuar lo más sensatamente posible. No hagas más grandes las heridas; no lastimes a más inocentes; no tomes decisiones bajo el efecto del alcohol o las drogas; no hables ni actúes por venganza o para hacer sufrir a alguien. Recuerda a San José y reflexiona.

Yo estaré orando por ti, para que la próxima vez que El Señor toque a tu puerta puedas abrir y dejarlo entrar (Ap. 3, 20).


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