Sábado 8 de diciembre 2001



Un fortín como escuela

Tratar de frenar los saqueos trae consigo un cambio radical en la apariencia de las escuelas. Y un alto gasto en seguridad.

Susana Joma
El Diario de Hoy

Muros altos, cercas de alambre "razor", techos reforzados, ventanas enrejadas con hierro de dos o más pulgadas. Es lo más parecido a un reclusorio.

Esa es la apariencia que tiene ahora la Escuela República de Alemania, en esta capital. El aspecto no es más que una consecuencia del gasto de la comunidad educativa en medidas de seguridad encaminadas a poner fin a la acción de los saqueadores.

Ayer, el director de la Región Central de Educación, Ubilfredo Panameño, llamó de nuevo a los directores y padres de familia que conforman los Consejos Directivos Escolares (CDE) de las escuelas, para que durante estas vacaciones hagan todo lo que sea necesario para proteger sus bienes pedagógicos.

Este año, el Ministerio de Educación (MINED) no llevó un registro sobre la incidencia de los saqueos en los centros escolares. Sin embargo, Panameño recalcó que estos son muy frecuentes durante los fines de semana y períodos de asueto.

"En muchos casos, los profesores y alumnos se encuentran con la desagradable sorpresa cuando retornan a clases", comenta.

Las escuelas más afectadas son aquellas que no pueden costear los servicios de vigilancia privada durante todo el año.

Otras alternativas

El funcionario sugirió a los miembros de los CDE que durante estas vacaciones visiten sus escuelas para revisar que todo esté normal, "porque su responsabilidad tiene vigencia todos los días del año".

Asimismo, les orientó para que se reúnan con las personas que viven en los alrededores de las escuelas para la búsqueda conjunta de estrategias que les permitan estar vigilantes ante cualquier movimiento de personas sospechosas que ronden las instalaciones.

Según el funcionario, hay escuelas que han sido saqueadas en forma reiterada, sobre todo aquellas que se encuentran en zonas de mucha incidencia delincuencial.

En algunas oportunidades, las comunidades reportan los hechos a la Policía.

Pero hay muchos casos, como es usual en la zona de Soyapango, en que callan por temor a represalias contra los docentes. El resultado de ese silencio es que las escuelas sacrifican otros proyectos para reponer lo que les robaron.


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