Un fortín
como escuela
Tratar de frenar los saqueos trae consigo
un cambio radical en la apariencia de las
escuelas. Y un alto gasto en seguridad.
- Susana
Joma
- El Diario
de Hoy
Muros
altos, cercas de alambre "razor", techos
reforzados, ventanas enrejadas con hierro de dos
o más pulgadas. Es lo más parecido
a un reclusorio.
Esa es la apariencia que tiene ahora la
Escuela República de Alemania, en esta
capital. El aspecto no es más que una
consecuencia del gasto de la comunidad educativa
en medidas de seguridad encaminadas a poner fin
a la acción de los saqueadores.
Ayer, el director de la Región Central
de Educación, Ubilfredo Panameño,
llamó de nuevo a los directores y padres
de familia que conforman los Consejos Directivos
Escolares (CDE) de las escuelas, para que
durante estas vacaciones hagan todo lo que sea
necesario para proteger sus bienes
pedagógicos.
Este año, el Ministerio de
Educación (MINED) no llevó un
registro sobre la incidencia de los saqueos en
los centros escolares. Sin embargo,
Panameño recalcó que estos son muy
frecuentes durante los fines de semana y
períodos de asueto.
"En muchos casos, los profesores y alumnos se
encuentran con la desagradable sorpresa cuando
retornan a clases", comenta.
Las escuelas más afectadas son
aquellas que no pueden costear los servicios de
vigilancia privada durante todo el
año.
Otras alternativas
El funcionario sugirió a los miembros
de los CDE que durante estas vacaciones visiten
sus escuelas para revisar que todo esté
normal, "porque su responsabilidad tiene
vigencia todos los días del
año".
Asimismo, les orientó para que se
reúnan con las personas que viven en los
alrededores de las escuelas para la
búsqueda conjunta de estrategias que les
permitan estar vigilantes ante cualquier
movimiento de personas sospechosas que ronden
las instalaciones.
Según el funcionario, hay escuelas que
han sido saqueadas en forma reiterada, sobre
todo aquellas que se encuentran en zonas de
mucha incidencia delincuencial.
En algunas oportunidades, las comunidades
reportan los hechos a la Policía.
Pero hay muchos casos, como es usual en la
zona de Soyapango, en que callan por temor a
represalias contra los docentes. El resultado de
ese silencio es que las escuelas sacrifican
otros proyectos para reponer lo que les
robaron.