Viernes 7 de diciembre 2001


Un milagro de Dios
Placenta accreta, precreta e increta
Evangelina del Pilar de Sol*

Este diagnóstico de gran mortalidad fue dado a nuestra hija Beatriz, en Houston, Texas, adonde nacería su bebé y donde se trataría por medio de difícil cirugía, de salvar las vidas de madre e hija, el pasado octubre.

La fragilidad de la vida y la vulnerabilidad del hombre ante la muerte hace que todos, aun los descreídos, vuelvan sus ojos al Altísimo, nuestra única esperanza, porque para El nada es imposible. Éste es un fehaciente testimonio de ello, de cómo Dios se hizo presente en todo momento, aun iluminando la más difícil decisión que jamás antes en su vida, el ginecólogo de nuestra hija, Dr. Stanley Conner, nos comentara, había tenido que tomar, respecto a cuál procedimiento ejecutar.

Cuando hace quince años su primer bebé muriera a las pocas horas de nacido, debido a error ginecológico en Guatemala, ella decidió que sus próximos hijos nacerían en Estados Unidos. Así, conocería a su ahora ginecólogo y a su esposa Jan, habiéndole él traído al mundo a sus posteriores hijas, existiendo ahora una estrecha amistad.

Desde su inicio el embarazo se presentó con problemas de placenta por lo que tuvo que valientemente guardar reposo por ocho meses, para lograr a su pequeña.

Por esta razón, ya en Houston, el Dr. Conner ordenó ultrasonografías internas, descubriéndose entonces que había placenta accreta, presentando invasión de otros de sus órganos, como la vejiga, que indicaban los subsiguientes grados de adhesión o invasión. Por no notarse claramente hasta qué punto había invasión o penetración, o si también el intestino estaba invadido, se ordenó una resonancia magnética.

Dado el diagnóstico de Placenta Accreta, Increta y Percreta, había dos procedimientos a seguir, una, abrir, sacar al infante, cerrar dejando adentro la placenta, aplicarle quimoterapia para disecarla y coagulantes en cada vena y arteria para evitar hemorragias, hospitalizarla un mes y después volver a intervenir. El Dr. Conner descartó éste por el peligro de una peritonitis, dado el foco infeccioso que presenta la placenta después de un parto. También existía la posibilidad que en una emergencia, se exponían a no poder reunir a todos los integrantes del equipo médico indispensable para la segunda intervención. Él se decidió por una sola intervención.

El caso de nuestra hija, por ser una condición muy infrecuente despertó profundo interés en los ámbitos médicos de Houston.

El equipo de apoyo fue conformado por el Dr. Conner con algunos de los mejores especialistas de Houston en su rama: Anestesiólogos, doctores Luis Orozco y Susan Carlisle y su personal; cirujanos, ginecólogo obstetras Stanley Conner y Ferd Plavidal; cirujana, oncóloga-ginecóloga Geri Lynn Fromm, experimentada en cirugías sin visibilidad dado a profusas hemorragias, y al tacto encontrando vasos sanguíneos para pinzar, cortar y ligar; cirujano cardiovascular Don Quast; cirujano urólogo Brian Powers, y el médico patólogo del Banco de Sangre de Emergencias, Dr. Brad Wertman. Todos con sus respectivos asistentes, pero además de estos, otros especialistas interesados en presenciar una experiencia médica pocas veces vista, abarrotaron la sala.

Considerando por esto, que algunos médicos salvadoreños podrían sacar provecho y pericia de esta difícil condición, le pedimos al Dr. Conner nos expusiera por escrito lo más importante de esta intervención, que podría ayudar a otras mujeres en dicha situación.

El reporte dice: "Ocasionalmente ocurre una anormal adherencia de la placenta a las paredes del útero, que se denomina placenta accreta que puede tener varios grados de aumento. Si invade internamente la pared del útero se clasifica como "increta" y si invade a todo lo largo, atravesando la pared uterina y penetrando las adyacentes estructuras y la cavidad peritoneal, se le llama placenta "percreta".

"Placenta accreta en su forma más simple es frecuentemente encontrada en la obstetricia moderna, pero placenta percreta es muy rara e infrecuente. Es extremadamente peligrosa para la vida de la paciente, por la hemorragia que ocurrirá en el momento del parto. Esta condición se da generalmente, cuando la placenta se adhiere sobre lugares del útero con cicatrices provenientes de cesáreas, o remoción de tumores. Si la placenta se extiende sobre una cicatriz en esta área, puede invadir atravesando estructuras como la vejiga y los tejidos de sostén a lo largo del útero. La placenta localizada en estas adyacentes estructuras, causa una notable dilatación de los vasos sanguíneos en orden de suplir sangre necesaria para y desde la placenta, para alimentar al infante. Este notable incremento del suplemento de sangre, causa que la hemorragia aumente al momento de remover el útero y la placenta de las estructuras adyacentes.

"Si esta condición no es diagnosticada antes del alumbramiento, frecuentemente el resultado será la muerte. Si se diagnostica o por lo menos se sospecha, los preparativos deben hacerse para tratar de disminuir y controlar el peligro de la hemorragia.

"En esta instancia un equipo de apoyo es absolutamente necesario, en el que debe haber un Blood Bank Alert (banco de sangre de emergencia), para tener disponibles unidades de sangre y productos coagulantes; Cell Saver Apparatus (aparato de reciclar las células sanguíneas) ayuda para que la propia sangre que perderá la paciente sea retribuida y devuelta. Es indispensable un excelentemente entrenado equipo de anestesiólogos y su personal; experimentados cirujano obstetras ginecólogos; cirujanos urólogos y cardiovasculares, y todos los asistentes al equipo operativo. También debe estar un neonatólogo pediatra para el cuidado del bebé. No obstante, con todo este equipo listo, el control de la hemorragia puede ser peligroso.

"Si se sospecha esta condición, debe diagnosticársele por medio del ultrasonido y resonancia magnética, previa a cirugía. Así, se coordinará, planificará y reunirá el equipo médico necesario. Para decidir la fecha de intervenir, debe dársele tiempo al infante para alcanzar suficiente madurez para que sobreviva, pero antes del comienzo del parto o de una hemorragia.

"La cirugía ejecutada fue: cistoscopia y colocación de límites (stints) uterinos. Seccionamiento uterino por cesárea clásica (arriba de la placenta); ligación bilateral de las arterias hipogástricas. Histerectomía total. Resección de la porción de vejiga invadida y placenta fuera de los confines uterinos. Cuatro unidades de células de sangre fueron aplicadas durante la cirugía y dos, dos días después; 1250 cc de sangre fueron recuperados por el Cell Saver y 625 cc de células de sangre empacadas le fueron devueltas, además de dos unidades de plasma expansora y varios litros de fluidos intravenosos. El infante aunque naciera 4 semanas antes no actuó como prematuro".

¿Un milagro? ¡Definitivamente! En una amistosa visita del Dr. Conner y su esposa a mi hija y su esposo, días antes de la intervención, él nos expuso la situación y diplomáticamente nos dio a entender el peligro de muerte que existía por la hemorragia inevitable al cortar vasos sanguíneos, para despegar la placenta y su invasión, al mismo tiempo asegurándonos que nuestras oraciones servirían de mucho.

Esta eminencia médica que reconocía sus limitaciones humanas y aceptaba como indispensable la presencia del Señor, es un ejemplo para los médicos que creen ser dioses apoyando la clonación humana o decidiendo quién muere o vive, por el aborto.

Sabemos con certeza que Jesús fue quien guiara las manos de los cirujanos, asistiéndoles la Santísima Virgen, los Ángeles, el beato José María, el Dr. Cofiño, por las plegarias y misas elevadas por sacerdotes de El Salvador, Houston, Nicaragua y Guatemala; por su propia familia y por sus padres, suegros, hermanos y amistades. Dios la necesitaba aquí para continuar su misión, salvar vidas. Ella y su hermana Ale, son fundadoras de "Sí a la Vida" en Guatemala.


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