Un
milagro de Dios
Placenta accreta,
precreta e increta
Evangelina
del Pilar de Sol*
Este diagnóstico de gran mortalidad
fue dado a nuestra hija Beatriz, en Houston,
Texas, adonde nacería su bebé y
donde se trataría por medio de
difícil cirugía, de salvar las
vidas de madre e hija, el pasado octubre.
La fragilidad de la vida y la vulnerabilidad
del hombre ante la muerte hace que todos, aun
los descreídos, vuelvan sus ojos al
Altísimo, nuestra única esperanza,
porque para El nada es imposible. Éste es
un fehaciente testimonio de ello, de cómo
Dios se hizo presente en todo momento, aun
iluminando la más difícil
decisión que jamás antes en su
vida, el ginecólogo de nuestra hija, Dr.
Stanley Conner, nos comentara, había
tenido que tomar, respecto a cuál
procedimiento ejecutar.
Cuando hace quince años su primer
bebé muriera a las pocas horas de nacido,
debido a error ginecológico en Guatemala,
ella decidió que sus próximos
hijos nacerían en Estados Unidos.
Así, conocería a su ahora
ginecólogo y a su esposa Jan,
habiéndole él traído al
mundo a sus posteriores hijas, existiendo ahora
una estrecha amistad.
Desde su inicio el embarazo se
presentó con problemas de placenta por lo
que tuvo que valientemente guardar reposo por
ocho meses, para lograr a su pequeña.
Por esta razón, ya en Houston, el Dr.
Conner ordenó ultrasonografías
internas, descubriéndose entonces que
había placenta accreta, presentando
invasión de otros de sus órganos,
como la vejiga, que indicaban los subsiguientes
grados de adhesión o invasión. Por
no notarse claramente hasta qué punto
había invasión o
penetración, o si también el
intestino estaba invadido, se ordenó una
resonancia magnética.
Dado el diagnóstico de Placenta
Accreta, Increta y Percreta, había dos
procedimientos a seguir, una, abrir, sacar al
infante, cerrar dejando adentro la placenta,
aplicarle quimoterapia para disecarla y
coagulantes en cada vena y arteria para evitar
hemorragias, hospitalizarla un mes y
después volver a intervenir. El Dr.
Conner descartó éste por el
peligro de una peritonitis, dado el foco
infeccioso que presenta la placenta
después de un parto. También
existía la posibilidad que en una
emergencia, se exponían a no poder reunir
a todos los integrantes del equipo médico
indispensable para la segunda
intervención. Él se decidió
por una sola intervención.
El caso de nuestra hija, por ser una
condición muy infrecuente despertó
profundo interés en los ámbitos
médicos de Houston.
El equipo de apoyo fue conformado por el Dr.
Conner con algunos de los mejores especialistas
de Houston en su rama: Anestesiólogos,
doctores Luis Orozco y Susan Carlisle y su
personal; cirujanos, ginecólogo obstetras
Stanley Conner y Ferd Plavidal; cirujana,
oncóloga-ginecóloga Geri Lynn
Fromm, experimentada en cirugías sin
visibilidad dado a profusas hemorragias, y al
tacto encontrando vasos sanguíneos para
pinzar, cortar y ligar; cirujano cardiovascular
Don Quast; cirujano urólogo Brian Powers,
y el médico patólogo del Banco de
Sangre de Emergencias, Dr. Brad Wertman. Todos
con sus respectivos asistentes, pero
además de estos, otros especialistas
interesados en presenciar una experiencia
médica pocas veces vista, abarrotaron la
sala.
Considerando por esto, que algunos
médicos salvadoreños
podrían sacar provecho y pericia de esta
difícil condición, le pedimos al
Dr. Conner nos expusiera por escrito lo
más importante de esta
intervención, que podría ayudar a
otras mujeres en dicha situación.
El reporte dice: "Ocasionalmente ocurre una
anormal adherencia de la placenta a las paredes
del útero, que se denomina placenta
accreta que puede tener varios grados de
aumento. Si invade internamente la pared del
útero se clasifica como "increta" y si
invade a todo lo largo, atravesando la pared
uterina y penetrando las adyacentes estructuras
y la cavidad peritoneal, se le llama placenta
"percreta".
"Placenta accreta en su forma más
simple es frecuentemente encontrada en la
obstetricia moderna, pero placenta percreta es
muy rara e infrecuente. Es extremadamente
peligrosa para la vida de la paciente, por la
hemorragia que ocurrirá en el momento del
parto. Esta condición se da generalmente,
cuando la placenta se adhiere sobre lugares del
útero con cicatrices provenientes de
cesáreas, o remoción de tumores.
Si la placenta se extiende sobre una cicatriz en
esta área, puede invadir atravesando
estructuras como la vejiga y los tejidos de
sostén a lo largo del útero. La
placenta localizada en estas adyacentes
estructuras, causa una notable dilatación
de los vasos sanguíneos en orden de
suplir sangre necesaria para y desde la
placenta, para alimentar al infante. Este
notable incremento del suplemento de sangre,
causa que la hemorragia aumente al momento de
remover el útero y la placenta de las
estructuras adyacentes.
"Si esta condición no es diagnosticada
antes del alumbramiento, frecuentemente el
resultado será la muerte. Si se
diagnostica o por lo menos se sospecha, los
preparativos deben hacerse para tratar de
disminuir y controlar el peligro de la
hemorragia.
"En esta instancia un equipo de apoyo es
absolutamente necesario, en el que debe haber un
Blood Bank Alert (banco de sangre de
emergencia), para tener disponibles unidades de
sangre y productos coagulantes; Cell Saver
Apparatus (aparato de reciclar las
células sanguíneas) ayuda para que
la propia sangre que perderá la paciente
sea retribuida y devuelta. Es indispensable un
excelentemente entrenado equipo de
anestesiólogos y su personal;
experimentados cirujano obstetras
ginecólogos; cirujanos urólogos y
cardiovasculares, y todos los asistentes al
equipo operativo. También debe estar un
neonatólogo pediatra para el cuidado del
bebé. No obstante, con todo este equipo
listo, el control de la hemorragia puede ser
peligroso.
"Si se sospecha esta condición, debe
diagnosticársele por medio del
ultrasonido y resonancia magnética,
previa a cirugía. Así, se
coordinará, planificará y
reunirá el equipo médico
necesario. Para decidir la fecha de intervenir,
debe dársele tiempo al infante para
alcanzar suficiente madurez para que sobreviva,
pero antes del comienzo del parto o de una
hemorragia.
"La cirugía ejecutada fue: cistoscopia
y colocación de límites (stints)
uterinos. Seccionamiento uterino por
cesárea clásica (arriba de la
placenta); ligación bilateral de las
arterias hipogástricas.
Histerectomía total. Resección de
la porción de vejiga invadida y placenta
fuera de los confines uterinos. Cuatro unidades
de células de sangre fueron aplicadas
durante la cirugía y dos, dos días
después; 1250 cc de sangre fueron
recuperados por el Cell Saver y 625 cc de
células de sangre empacadas le fueron
devueltas, además de dos unidades de
plasma expansora y varios litros de fluidos
intravenosos. El infante aunque naciera 4
semanas antes no actuó como prematuro".
¿Un milagro? ¡Definitivamente! En
una amistosa visita del Dr. Conner y su esposa a
mi hija y su esposo, días antes de la
intervención, él nos expuso la
situación y diplomáticamente nos
dio a entender el peligro de muerte que
existía por la hemorragia inevitable al
cortar vasos sanguíneos, para despegar la
placenta y su invasión, al mismo tiempo
asegurándonos que nuestras oraciones
servirían de mucho.
Esta eminencia médica que
reconocía sus limitaciones humanas y
aceptaba como indispensable la presencia del
Señor, es un ejemplo para los
médicos que creen ser dioses apoyando la
clonación humana o decidiendo
quién muere o vive, por el aborto.
Sabemos con certeza que Jesús fue
quien guiara las manos de los cirujanos,
asistiéndoles la Santísima Virgen,
los Ángeles, el beato José
María, el Dr. Cofiño, por las
plegarias y misas elevadas por sacerdotes de El
Salvador, Houston, Nicaragua y Guatemala; por su
propia familia y por sus padres, suegros,
hermanos y amistades. Dios la necesitaba
aquí para continuar su misión,
salvar vidas. Ella y su hermana Ale, son
fundadoras de "Sí a la Vida" en
Guatemala.