Educación e
inversión, el antídoto de la
pobreza
Una investigación de Fusades cita
que si bien la pobreza se ha reducido un poco,
los sectores pobres tienen
características propias. La pobreza es
homogénea. Se sugiere diseñar un
plan de ataque con diferentes medidas,
según el grupo.
- Lourdes
Méndez
- El Diario
de Hoy
Indicadores
nacionales indican que desde 1992 hasta la
fecha, la brecha de la pobreza en El Salvador
está cediendo terreno. Sin embargo, la
volatilidad de los ingresos es la principal
amenaza de las familias que viven en las zonas
urbana y rural.
Frente a la inestabilidad de los ingresos,
muchas de las familias salvadoreñas que
se emplean en el sector agropecuario, no
agropecuario, o que perciben ingresos por el
rubro de transferencias (remesas, ayudas
familiares o subsidios), viven en un
balancín que de repente les coloca en la
brecha de nuevos pobres o les saca de ella.
Pero independientemente de las coyunturas que
hacen fluctuar las condiciones económicas
y sociales de la población, especialmente
del segmento que emplea mayores esfuerzos para
cubrir la canasta básica, el reto en la
agenda de los gobiernos sigue siendo la
reducción de la pobreza.
¿Cómo encararla? Un estudio
realizado por la Fundación
Salvadoreña para el Desarrollo
Económico y Social (Fusades) y que fue
presentado ayer en el 'Segundo Seminario
Nacional Basis: Pobreza Rural, Vulnerabilidad y
Crédito', coincide en que la clave
común para enfrentar la pobreza
está en la mejora de los niveles de
educación e invertir en la
construcción de caminos rurales
sostenibles.
Este último punto arrastra la ventaja
de que sólo así se reducirá
el actual aislamiento geográfico de las
familias rurales, lo que a su vez les posibilita
el acceso a los mercados laboral y de venta de
productos agropecuarios.
Los estudios
Margarita Beneke de Sanfeliú, jefe del
Centro de Investigación e
Información de Fusades, explicó
ayer en la ponencia 'Dinámica del Ingreso
de las Familias Rurales', que respecto de la
pobreza de El Salvador, "se debe reconocer que
hay diferentes tipos de pobres, y por tanto, no
se puede hacer un programa generalizado para
resolverle el estado de pobreza a todos".
En esa dinámica, se sugiere analizar
el segmento que no ha sido capaz de generar
ingresos en ningún año. Esas
familias tienen características
especificas, como el ser más dependientes
de la agricultura y con menor nivel de
educación.
"Las familias más pobres dependen
más de los ingresos agrícolas; eso
está comprobado por la irrentabilidad de
la actividad", enfatizó.
Dentro de los estados de pobreza
también existen otras personas que han
tenido la capacidad de generar ingresos en
algunos años, pese a que en otros
años no lo han hecho.
"Ellos tienen un poco más de ingresos,
pero carecen de mecanismos para suavizar los
riesgos (de la vulnerabilidad y volatilidad)",
apuntó Beneke, a la vez que
sugirió trabajar en el diseño de
mecanismos que le permitan gozar de un constante
y seguro flujo de ingresos.
En ese contexto, la eliminación o
reducción del aislamiento
geográfico, ayudaría a las
personas a emplearse y disponer de dinero.