Jueves 6 de diciembre de 2001


Educación e inversión, el antídoto de la pobreza

Una investigación de Fusades cita que si bien la pobreza se ha reducido un poco, los sectores pobres tienen características propias. La pobreza es homogénea. Se sugiere diseñar un plan de ataque con diferentes medidas, según el grupo.

Lourdes Méndez
El Diario de Hoy

Indicadores nacionales indican que desde 1992 hasta la fecha, la brecha de la pobreza en El Salvador está cediendo terreno. Sin embargo, la volatilidad de los ingresos es la principal amenaza de las familias que viven en las zonas urbana y rural.

Frente a la inestabilidad de los ingresos, muchas de las familias salvadoreñas que se emplean en el sector agropecuario, no agropecuario, o que perciben ingresos por el rubro de transferencias (remesas, ayudas familiares o subsidios), viven en un balancín que de repente les coloca en la brecha de nuevos pobres o les saca de ella.

Pero independientemente de las coyunturas que hacen fluctuar las condiciones económicas y sociales de la población, especialmente del segmento que emplea mayores esfuerzos para cubrir la canasta básica, el reto en la agenda de los gobiernos sigue siendo la reducción de la pobreza.

¿Cómo encararla? Un estudio realizado por la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades) y que fue presentado ayer en el 'Segundo Seminario Nacional Basis: Pobreza Rural, Vulnerabilidad y Crédito', coincide en que la clave común para enfrentar la pobreza está en la mejora de los niveles de educación e invertir en la construcción de caminos rurales sostenibles.

Este último punto arrastra la ventaja de que sólo así se reducirá el actual aislamiento geográfico de las familias rurales, lo que a su vez les posibilita el acceso a los mercados laboral y de venta de productos agropecuarios.

Los estudios

Margarita Beneke de Sanfeliú, jefe del Centro de Investigación e Información de Fusades, explicó ayer en la ponencia 'Dinámica del Ingreso de las Familias Rurales', que respecto de la pobreza de El Salvador, "se debe reconocer que hay diferentes tipos de pobres, y por tanto, no se puede hacer un programa generalizado para resolverle el estado de pobreza a todos".

En esa dinámica, se sugiere analizar el segmento que no ha sido capaz de generar ingresos en ningún año. Esas familias tienen características especificas, como el ser más dependientes de la agricultura y con menor nivel de educación.

"Las familias más pobres dependen más de los ingresos agrícolas; eso está comprobado por la irrentabilidad de la actividad", enfatizó.

Dentro de los estados de pobreza también existen otras personas que han tenido la capacidad de generar ingresos en algunos años, pese a que en otros años no lo han hecho.

"Ellos tienen un poco más de ingresos, pero carecen de mecanismos para suavizar los riesgos (de la vulnerabilidad y volatilidad)", apuntó Beneke, a la vez que sugirió trabajar en el diseño de mecanismos que le permitan gozar de un constante y seguro flujo de ingresos.

En ese contexto, la eliminación o reducción del aislamiento geográfico, ayudaría a las personas a emplearse y disponer de dinero.


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