Para
ver llover
Lo que falta es
voluntad
Por
Cristian Villalta
El
tema de los buses no es si Paco Flores
demostró ser machito, o si Genaro
Ramírez tiene 126 buses. Tampoco lo es la
conveniencia o no de mandar a todos los
conductores de la Ruta 101 a cursos de urbanidad
y de ortografía (suponiendo que esos
aristócratas del volante sepan leer y
escribir).
Todo eso es puro queso raspado,
alegría coyuntural, apreciaciones con
mucho de politiquería y bilis (en esto
último denme crédito, luego de una
bien pegada hepatitis) y muy poco de
análisis. Cualquier ciudadano bien nacido
no dejó de alegrarse con el socón
que le pegaron a los transportistas, un gremio
demasiado impune, muy poco amigo de la cultura
del servicio social y demasiado apegada a la
demanda pasada de tono.
Sin embargo, luego de las calenturas (en esto
también denme crédito, que las
tuve, y de 39 grados), hay que enfriarse la
cabeza para reparar en la lección de este
episodio de nuestra historia reciente.
Quien resolvió este problema del
subsidio y de un sistema de transporte
anquilosado no fue el gobierno, sino el poder,
ese triángulo que conforman la banca (los
dueños de la plata), el Estado (los
dueños de la ley) y la opinión
pública (los dueños del
micrófono, del periódico, de la
televisora).
El Estado decidió intervenir, pero no
sin antes consultar a los dueños del
poder económico de este país sobre
la viabilidad de otorgar líneas de
crédito especiales para renovar la flota,
y luego la especie se difundió a
través de los grandes medios de
comunicación, que así le ahorraron
al gobierno (el azaroso apellido del Estado)
cualquier esfuerzo de consenso.
Toda la dinámica demuestra que muchos
de los problemas de El Salvador pueden
resolverse siempre y cuando exista voluntad, no
sólo de la institucionalidad en todas sus
formas, sino sobre todo del poder
económico. En la falta de ganas de
hacerlo (el transporte no es, para el caso, el
único servicio público
deficitario) se esconde la reproducción
de otros esquemas igual de arcaicos en la salud,
la educación, el deporte, la luz,
Etc.
Está bien que Flores reciba los
aplausos (una vez cada cinco años no
está mal), pero ojalá estos
actores demuestren igual convicción en el
futuro. Los problemas están
ahí.