Lunes 31 de diciembre 2001


Lección de Economía
Analizando la crisis argentina
Jacinto Colocho-Bosque*

Lo que realmente ha sorprendido de la crisis Argentina no es la crisis en si misma, sino que se dé en un país con inmensos recursos naturales, con yacimientos de petróleo, gas natural, aluminio, hierro, bauxita y hasta uranio. En el reino vegetal cuenta con extensos bosques de coníferas para la fabricación de papel, maderas duras y semi duras para la industria del mueble y de la construcción, las que bajan por ríos navegables hasta las grandes ciudades.

Su agricultura es tan desarrollada que los 60 millones de toneladas de granos que produce cada año representan casi 2 toneladas por habitante, cifra que no llegan a producir los Estados Unidos ni los países europeos más eficientes. Su hato ganadero de 60 millones de cabezas, todo de raza Holstein, Shortorn y Aberdeen Angus, lo convierten en uno de los productores de carne mayores del mundo. Con un per cápita cercano a los 10,000 dólares, cero analfabetismo y una red vial de ferrocarriles y carreteras que cruzan el extenso país (3,761,274 k2) en todas direcciones… la pregunta es: ¿cómo puede tal país caer en una crisis económica que derriba ministros y hasta presidentes?

La deuda pública también es gigantesca, llegando a 132,000 millones de dólares, y salta otra pregunta: ¿cómo pudo Argentina llegar a tal endeudamiento cuando en la década de los 50 era la sexta economía más rica del mundo?

El desorden fiscal, la corrupción y la mala administración de los dineros públicos podrían dar respuesta a esas preguntas, pero no son suficientes por sí solas. En estos momentos, inmerso como está ese país en la crisis económica más grande de su historia, muchos dedos apuntan al FMI, al Banco Mundial y al Club de París, como responsables, al menos en parte, de semejante debacle. ¿Puede responsabilizarse a estos organismos, que se ocupan precisamente de prestar dinero a países que, careciendo de recursos, toman préstamos para mejorar su estructura socio/económica? No se ve muy clara la respuesta.

Vamos a ver: si un país X solicita un préstamo para mejorar su red vial, desarrollar sus puertos, construir escuelas, apoyar la agricultura o mejorar la seguridad nacional, el organismo prestamista, llámese FMI o cualquiera otro, lo primero que hace es estudiar la viabilidad del proyecto y la capacidad de pago del prestatario (gobierno central del país X). Si las premisas son correctas, el préstamo se otorga.

Pongamos las cosas de esta manera: el gobierno central del país X necesita dinero para impulsar un proyecto y las presiones políticas internas lo llevan a tomar un préstamo de alto costo mediante la colocación de bonos que rendirán altos dividendos, 14% para ejemplificar. Estos bonos no serán fácilmente colocados en Nueva York o en las bolsas europeas a menos que los compradores (inversores extranjeros), tengan la seguridad de que los réditos serán pagados puntualmente y que a su vencimiento el capital invertido les será devuelto. Nadie compraría sin estas garantías.

Vamos a suponer que el inversor tiene dudas sobre la capacidad de pago del país X, pero si el FMI otorga el crédito, esto es garantía suficiente para la inversión; él siempre cobrará y con altos intereses. Si a posteriori el país X tiene problemas de liquidez, el inversor ya hizo su negocio y el FMI se lava las manos, pues el riesgo lo corrió, soberanamente, el librador de los bonos.

Esto es lo que se llama "responsabilidad moral", que para el inversor no tiene cuantía alguna, pero sí para el FMI o cualquiera otro organismo que así otorgó el préstamo. Y es allí que apuntan hoy los dedos acusadores en Argentina.

Hay voces y ejemplos negativos que resultan útiles, pues nos dicen 'lo que no hay que hacer'. Lo ideal sería, igual que hace una familia, vivir con austeridad y no tomar préstamos que desborden nuestra capacidad de ingresos. Los dineros públicos deben ser cuidados como propios y dejar de lado el 'costo político' en aras de la salud de la nación. Me imagino cuán seductor resulta pensar: "Nos" endeudamos, ganamos puntos políticos y 'jodemos' a la oposición; total, nosotros ya nos vamos. ¿Muy inteligente, no?

Mejor sería pensar: "cuando veas las barbas de tu vecino quemar, pon las tuyas a remojar".

*Dr. en Medicina.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com