Comentando
El ciclo de vida de
los escándalos
Rodolfo
Chang Peña*
En
El Salvador, la mayoría de los
escándalos -delitos diversos cometidos en
ciertos niveles sociales y políticos que
se vuelven sonados por el tipo de ciudadanos que
involucran, como por ejemplo el secuestro,
violación y asesinato de la niña
Katya Miranda, caso FINSEPRO/INSEPRO, faltantes
en FEDEFUT, títulos fraudulentos (uso de
documentos falsos y ejercicio ilegal de una
profesión), robo de fertilizantes en una
bodega del Banco de Fomento Agropecuario, caso
del Ingenio El Carmen y el paro
acompañado de violencia y
desórdenes causado por los
transportistas- sigue invariablemente una serie
de pasos, que casi pueden predecirse con
anticipación. Evidentemente, la
ocurrencia de estos hechos insólitos son
la causa de la falta de credibilidad del sistema
encargado de la administración de la
justicia, el descrédito de la clase
política y la indiferencia casi
olímpica de los habitantes a los comicios
que se dan de tarde en tarde.
La primera etapa se caracteriza por una
polvareda sin precedentes, vuelan las plumas por
todos lados, los medios de difusión del
pensamiento hablan con profusión del
asunto e inundan el ambiente con noticias,
algunas truculentas. Las entrevistas por la TV,
a su vez, se encargan de escarbar todavía
más y se construyen verdaderos cerros de
expectativas. Después de cierto tiempo,
continúa la etapa de la
investigación, que algunas veces se
acompaña de algunas capturas
(curiosamente casi siempre de peces flacos, ya
que los gordos por alguna razón se
esfuman como por encanto). Participan sin
excepción la Fiscalía General de
la República, algunas veces la Corte de
Cuentas y de acuerdo con la magnitud del
problema, hasta comisiones ad hoc nombradas por
la Asamblea Legislativa. Se practican inefables
inspecciones y reconstrucciones, aparecen y
desaparecen testigos claves, de la noche a la
mañana cobran notoriedad algunos
elementos y gradualmente se prosigue con la
etapa siguiente, la del silencio. Por lo
común empiezan a surgir parientes y
familiares de los imputados, defensores, amigos
y hasta políticos. Para variar, casi
todos la emprenden contra el dedo acusador en
vez de demostrar la inocencia. Por supuesto que
no faltan los argumentos que fulano es gente de
bien, que se trata de una campaña de
calumnias, envidias personales, malentendidos y
confusiones. La última etapa del
escándalo la dirime un juez o jueza, que
contrariamente a todos los pronósticos,
ordena la libertad de los reos por falta de
pruebas, hecho que contrasta con la abrumadora
cantidad de elementos en contra que se mencionan
al principio. Y si el problema llega a la vista
pública, salvo raras excepciones, el
jurado de conciencia absuelve a los indiciados
(en ocasiones han sido liberados delincuentes
confesos, lo que también no causa
extrañeza).
Es natural que el ciclo de vida de los
escándalos produzca grandes dudas e
interrogantes en la población. La gente
se pregunta por ejemplo: ¿Será que
es mentira lo que divulgan la radio, la TV y la
prensa escrita? ¿La investigación
del delito sigue siendo ineficaz como en el
pasado? ¿Será que El Salvador posee
los mejores abogados defensores del mundo,
capaces de probar que los terroristas suicidas
actúan en legítima defensa?
¿Existe excesiva politización de los
casos penales?
* Dr. en
Medicina