Lunes 31 de diciembre 2001


La Nota del Día
 

¡Qué aguante el de este pueblo!

Como a los santos, las tribulaciones y sufrimientos de estos meses son pruebas que Dios envía para templar nuestras almas

Gracias al espíritu de muchos, a la solidaridad de tantos y al carácter emprendedor de la buena gente en esta tierra, nos hemos sobrepuesto, como nación, a dos terremotos, cientos de graves réplicas, conmociones mundiales, colapso de los mercados de materias primas y a una agitación política que nunca cesa. Montañas enteras se vinieron abajo el 13 de enero, pero eso no impidió que un gran número de personas y familias pusieran empeño y esfuerzo en reponer lo destruido y seguir adelante.

¡Qué aguante de pueblo! Sobran grupos y personas que se consideran derrotados, o que en efecto los acontecimientos han golpeado con suma dureza. Pero la mayoría está superando las adversidades y luchando para normalizar sus vidas y, eventualmente, prosperar. En las presentes circunstancias es casi un milagro haber conseguido un dos y medio por ciento de crecimiento; es admirable que cada día sean menos visibles los efectos de los sismos, que contemos con un comercio tan activo que, muy temprano por la mañana, las calles y las carreteras están llenas de vehículos y de personas que van limpias a sus trabajos, razonablemente bien vestidas, con paso ágil y actitud positiva.

Como a los santos, las tribulaciones y sufrimientos de estos meses son pruebas que Dios envía para templar nuestras almas. ¡De trances, tragedias y amarguras, pero también de logros y perseverancia es que se ha ido forjando la historia patria! Nunca dejamos de asombrarnos de que El Salvador siga de pie y avanzando, pese a la agresión enloquecida de los ochenta, a las agitaciones de las décadas previas, a las ruinosas reformas sociales, sequías, terremotos, huracanes y, por encima de todo, torrentes de estupideces.

Eliminemos los estorbos al desarrollo

En este año, y por vez primera en nuestra historia, se han presentado muy esperanzadoras perspectivas para el futuro. El presidente de Estados Unidos y los países que integran la zona de libre comercio del Hemisferio Norte (Estados Unidos, Canadá y México) han dado firmes pasos para incorporar al tratado a los países centroamericanos y, a corto plazo, al resto de Iberoamérica, multiplicando lo que ya es el mayor mercado del mundo. A medida que esto vaya siendo una realidad, se incrementarán la generación de empleo, la productividad del trabajo y el nivel de vida de las diversas poblaciones. No sabemos de ningún caso en que liberar mercados y ampliar las zonas de intercambio no traiga, como una ineludible consecuencia, visibles mejorías en el bienestar.

Hay que poner mucho de nuestra parte para acelerar el proceso y eliminar lo que retarde, estorbe o coarte el crecimiento. Es claro que se debe combatir la delincuencia, afianzar la seguridad jurídica y física, bajar el volumen a la disidencia política y capacitar a la población. Reconozcamos, además, que es necesario y urgente mejorar la calidad de los servicios que se prestan a los habitantes, lo que, por de pronto, se puede conseguir a través de un empleo más eficiente de los recursos disponibles. Un magnífico ejemplo es la decisión de cortar el subsidio al diesel y modernizar el sistema de transportes; uno decepcionante es la situación en el Seguro Social, el excesivo burocratismo, el aislamiento del Ejecutivo, el retardo en continuar con la modernización del Estado. Y encima, como una espada de Damocles, está el anacronismo de la izquierda.


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